jueves, 11 de noviembre de 2010

escenas de cama: vacaciones




Hay luna llena y la noche es silenciosa, el viento se ha suspendido y todo parece inmóvil, como en una postal navideña en blanco y negro, urbana y nocturna.


Las luces en los edificios oscuros se encienden y se apagan por turnos, como siguiendo una coreografía estudiada para un gran espectáculo. A cámara rápida, los faros de los coches dibujan espirales de colores, decoradas por los vaivenes de los semáforos y los focos permanentes de las farolas. Alejándose del centro, la oscuridad se vuelve más densa, y el silencio más ensordecedor.


En los barrios residenciales reina la falsa calma, como en las salas de espera de los dentistas, a las puertas de la ciudad verdadera, sabiendo que en un momento o en otro tendrán que volver. Son una fiesta de disfraces, en los que se enmascara el estrés y se le pinta una gran sonrisa a la hostilidad, solo hace falta un poco de dinero. Los bancos recién pintados relucen sin polvo y en los cristales nunca hay manchas de dedos. Las casas adosadas se distribuyen por las calles con un equilibrio escrupulosamente planificado, como piezas de Tente de idénticos colores que encajan juntas. Las papeleras de adorno, vacías y confusas, combinan con la forja de los balcones.


Los parques y jardines abundan, pero son grises, y no hay tiendas cerca que les sonrían. Fuera, los neones intermitentes iluminan con sus vómitos policromáticos, el aburrido asfalto salpicando los adoquines de las aceras con todos los tonos de un sueño.


Sobre el verde parpadeante de la cruz de una farmacia, una ventana recibe los destellos que tiñen los rayos de luna que por ella se cuelan.


En la habitación, cargada de rutina, las paredes solo acogen una foto en blanco y negro de una nube apresada en una jaula y suspendida en el cielo. Un armario empotrado lacado en blanco refleja la inmensa cama prácticamente en el suelo, que bajo inmaculadas sábanas de lino, acoge a dos amantes sudorosos.


Con jadeos despiden los placeres de la fusión que los acaba de unir. Una explosión de fluidos empalaga el aire, que parece consumirse por instantes. La escasez de oxígeno es intermitente para respetar la armonía de las luces que barnizan sus cuerpos desnudos. En una convulsión se separan para buscar el aliento que han perdido mientras estaban enlazados.


JULIA: Joder. Hoy te has salido.

ALBERTO: Llevaba una semana muy tenso, ya lo sabes. En el trabajo no paso por buenos momentos.

J: Tendré que alegrarme entonces, o agradecérselo a tu jefe. ¡Oh, Gracias! Gran Jefe Indio. Gracias por habernos devuelto una vida sexual agitada.

A: Tampoco es para tanto.

J: Gracias, Toro Sentado, por hacer que me sienta de nuevo en un matrimonio consumado.

A: No estamos casados, y deja de exagerar, que tampoco hacía tanto tiempo que no follábamos.

J: Bueno, si no fuese una reina del drama, no me harías ni puto caso.

A: Te prefiero como reina del porno, la verdad...

J: Mmmmmh... ¿Para tratarme como a una puta?

A: ¿Piensas que te he tratado como a una puta?

J: Por supuesto.

A: Joder. […] ¿Y al menos, te ha gustado?

J: ¿Por qué se lo iba a estar agradeciendo todavía a tu jefe si no? ¿Por qué iba a venerar tanto a tu jodida empresa? Claro que me encanta que me trates como a una zorra.

A: Ya. Porque en el fondo sabes que yo también soy la tuya.

J: Qué perspicaz! […] En diciembre ya hacemos tres años.

A: Y está el puente de la constitución, las navidades, también es el cumpleaños de tu madre...

J: Claro. El cumpleaños de mi madre marca tus meses de diciembre, no te jode...

A: Pues desde hace tres años, sí, mira por dónde...

J: Gilipollas. Tendrías que presentarte al club de la comedia con algún monólogo cutre sobre tu suegra.

A: Y sobre nuestras aventuras vividas en vacaciones...

J: Qué sepas que ya me las han dado. Bueno. Más bien, me han preguntado sobre la semana que quiero cogerme.

A: ¿Y qué opciones hay este año?

J: Una semana entera y los festivos de la otra, como siempre. Ya he pedido la primera.

A: Ah, muchas gracias por consultarme.

J: Pero si a ti te da lo mismo, Alberto. No seas tocapelotas.

A: ¿Y a dónde vamos? ¿O también has reservado a tu bola?

J: [...]

A: Genial. De puta madre. ¿Y a dónde me llevas?

J: No seas negativo. ¿A dónde me llevas? Dice...

A: Ni negativo, ni ostias, Julia. Joder, sabes lo que me revienta y cada año me haces lo mismo.

J: Cariño, escucha. Va, no te cabrees... Este año es diferente. Nada de ciudades europeas.

A: ¿Cruzamos el charco?

J: Esa es la actitud. Pero no te pases, mi vida. Tampoco vamos sobrados, y menos para una sola semana. No. Este año nos vamos al campo.

A: De verdad que eres imposible. ¿Al campo? ¿Para qué? […] Mira, paso de discutir contigo. No me gustan nada las putas fiestas, paso de la familia y odio la tranquilidad... Y encima lo sabes. ¿Dónde has puesto el tabaco?

J: ¿No te vas a poner a fumar ahora, Alberto?

A: No me jodas. ¿Lo tienes en el bolso?

J: Sí, pero no tengo fuego.

A: Yo tengo mechero. ¿Y ya has planeado los menús? Podría ir dándote ideas.

J: Coge un cenicero, por favor. Como tú veas, cariño, así contribuyes en algo a la organización.

A: Manda huevos. Un poco de lengua o riñones al jerez podría estar bien. Así a voz de pronto, no se me ocurre nada que me guste menos y combine mejor con el resto del entorno.

J: No seas cerdo. Te he dicho un cenicero. ¿Qué ganas de joder un buen momento?

A: Encima. Has sido tú la que ha decidido hacerlo con tus maravillosas propuestas. Navidades familiares con tu madre, tus hermanos y en el campo. Dónde no pueda escaparme de tus horribles sobrinos.

J: Alberto, no te pases. Los niños son adorables. Eres tú el agrio. Y vigila la ceniza, joder. Mira como lo estás poniendo todo.

A: Nada, nada. La segunda semana ya me buscaré algún plan para descansar del tuyo.

J: Por mí como si vuelves a ir a Londres con alguno de tus aburridos contables.

A: No son contables.

J: Pues lo que sean, que más da... Ah, por cierto. Mañana por la noche no hagas planes que viene Mario con su última adquisición.

A: Mañana tengo Junta. Saldré tarde.

J: Pues nada, vienes en cuanto salgas. Eso sí, intenta no entretenerte demasiado ¿eh?. Ya te serviré igualmente algo de cena cuando llegues, por eso no te preocupes.

A: Le echas un morro, Julia...

J: Ay, no me llames tanto Julia, que suena muy serio, tonto. Y arrímate un poquito más, que estoy congelada. Así, así...

A: Joder, cariño, que pies más fríos.

J: Venga, gruñón, abrázame y dime que me quieres. Que lo único que sabes hacer es follar y quejarte...

A: Te quiero.

J: Perdona, no te he oído.

A: Que te quiero...

J: Eres adorable, y yo a ti mi amor, ya lo sabes.

A: Buenas noches.

J: ¿Has puesto el despertador?

A: Claro. Como siempre.

J: ¿A las siete?

A: Por supuesto que a las siete.

J: Si es que eres un sol.


Y no te merezco” resuena en la mente de Alberto como prolongación de las palabras de Julia.


Bajo las sábanas, los dos cuerpos se acoplan en posición fetal combatiendo el frío de los rayos de luna. Tras las ventanas de la habitación las hojas empiezan a agitarse. El viento sur rompe el silencio. Los coches hacen sonar sus bocinas lejos de los barrios residenciales, dónde alguno de los neones con secciones fundidas chirría en sus parpadeos como emulando a un grillo afónico.


* * * * *


En las afueras de la ciudad, saliendo por su parte menos elegante, las señales, vallas y semáforos están oxidados. Las aceras son de los diferentes colores usados en el centro con adoquines de varios tamaños, ya que sólo les han llegado las sobras. No se han acabado de pintar ni las separaciones de carriles, ni los pasos de cebra, que finalizan en el centro de las carreteras. En las afueras ya no quedan tiendas ni se encuentran anuncios publicitarios.


Lo único cuidado son las vías del tren y el acceso a la autovía. Todo parece haberse invertido en los únicos lugares que permiten escapar de allí.


Los apartamentos minúsculos alzados como nichos rascacielos, dan paso a descampados desolados y a parques llenos de jeringuillas. Las papeleras desaparecieron hace años, cuando se quemaron los cajeros automáticos.


Frente a uno de los puentes que suspenden los trenes como exponiéndolos en un museo repleto de gente dispersa, interesada por el aire acondicionado, las luces de una pensión ya no se encienden. Las paredes de obra vista que una vez estuvieron cubiertas de yeso, ahora ya solo ofrecen pegotes aislados entre sus ladrillos.


Siguiendo el cable de luz que sale del letrero, puede subirse hasta su cuarta planta. Tan solo una de las ventanas está cerrada con persiana, y en ella se refleja, como si fuese la pantalla de un cine callejero, el naranja del crepúsculo que tiñe el edificio y las calles. Cada vez que un tren pasa, las paredes retumban y el suelo ronronea.


El ruido de los trenes se confunde con el del somier destrozado de la habitación 407. La Pensión Vista Alegre, que alquila camas por horas, hace años que preside su barrio vacío, acogiendo a turistas despistados y a discretos amantes. Las llaves se recogen y devuelven con la misma frecuencia con que los interruptores cambian de posición.


En la 407, cerrada y a oscuras, el sexo condensado puede cortarse chasqueando los dedos. Basta con aspirar un poco para llenarse los pulmones de esperma. El cartel de no molestar cuelga en la puerta por la parte de fuera, haciendo juego con el resto de perchas rojas de papel que pueblan lo largo del pasillo.


ALBERTO: Soy único escogiendo habitación. Eso no puedes negármelo.

FRAN: Por lo menos en esta no hay cucarachas.

A: No enciendas la luz por si acaso. [...] ¿Cómo estás?

F: Gracias. Ya me lo suelen decir a oscuras...

A: Era una pregunta...

F: Muy bien. Gracias.

A: En serio, Fran. ¿Cómo te encuentras?

F: ¿Y cómo quieres que esté, Alberto? Pues sudado, cachondo, relajado, sucio, desahogado...

A: Sigue, por favor

F: ...extasiado, satisfecho, todavía cachondo... Ya te lo he dicho dos veces y aún no has hecho nada para remediarlo...

A: ¿Y no podemos hablar un poco para variar?

F: ¿Hablar de qué? Joder, me he dejado el tabaco de liar en tu coche.

A: Pilla de los míos si quieres. Están en el bolsillo de la americana. No sé. Hablar de nosotros, por ejemplo.

F: ¿Ahora fumas negro? ¡Qué asco! Bueno, da igual. [...] Joder, qué ganas tenía de un cigarro, y que bien me sabe. [...] Pues no sé que quieres que te diga, Alberto, la verdad. Ahora estamos juntos, acabamos de echar un buen polvo, y en cero coma vas a vestirte rápido y corriendo para volver a casa con tu mujer y tus hijos. ¿Qué quieres, que hablemos de ellos?

A: No seas borde. Y ya sabes que no tengo niños...

F: Pues eso, ya estamos hablando de nosotros. Yo tampoco tengo niños, por cierto. ¿De qué más quieres que hablemos? Me gustan la cocina asiática y el cine europeo, ¿y a ti?

A: Fran...

F: Es cierto, qué bobo... Había olvidado que no podemos salir al cine ni al restaurante. No me jodas Alberto. Nos vemos una o dos veces por semana, disfrutamos el uno del otro. Sin exigencias ni exclusividades. Sin ataduras ni compromisos. ¿De que más quieres que hablemos?

A: No sé. De lo que sentimos. De si me quieres...

F: Eres un auténtico cretino. No me importa que estés casado, y lo sabes. Sinceramente, me la pela, de verdad. Pero no me salgas con tópicos románticos. Asumo ser tu puta y realmente lo disfruto, en serio. Pero ¿De qué me iba a servir quererte? ¿Y de qué nos iba a servir hablar de ello?

A: Eres un cínico.

F: Sí, claro. El cínico soy yo. Hablemos de amor entonces. Has ganado.

A: ¿Tú me quieres?

F: Por supuesto que no. ¿Y tú a mí?

A: Tampoco.

F: Entonces genial. Podemos seguir follando juntos. Ese era el contrato después de todo...

A: Dentro de poco ya hará un año que nos conocemos.

F: Pues habría que ir pensando en renovarlo, siempre y cuando los dos estemos de acuerdo, claro.

A: Mira que eres frío.

F: No decías eso hace un rato mientras me follabas. Pero escucha, en serio. Si te interesa, también podemos cambiar los términos del contrato, basta con modificar alguna que otra cláusula...

A: Vete a la mierda, Fran.

F: ¿Y dónde te piensas que estoy la mayor parte del tiempo?

A: También dirás que es mi culpa...

F: No me hagas caso. Estoy rabioso.

A: Pensaba que te habías quedado bien.

F: Eso es porque ya has olvidado que te he dicho que seguía estando cachondo.

A: En una hora tengo que estar en una reunión.

F: Y teniendo en cuenta que estamos en el culo del mundo, tendríamos que irnos moviendo ya. ¿es eso?

A: No me gustan las prisas, ya lo sabes.

F: Ni a mí. Alberto. Ni a mí...

A: Estaba pensando que podríamos hacer algo juntos en fiestas.

F: Joder. Si queda más de un mes.

A: Ya. Pero si queremos coordinarnos, habría que irse decidiendo.

F: Así que me vas a llevar de viaje... Bien... ¿Y para cuando lo de ponerme un piso en el centro?

A: Venga, relájate... Que sólo intento que sea lo más fácil posible para todos.

F: Al lío. ¿Y qué me propones?

A: Nada en concreto, la verdad. Yo puedo liberarme la segunda semana de vacaciones.

F: Empezamos mal.

A: ¿Por?

F: He pedido a mi empresa la primera semana.

A: ¿Y no hay ninguna posibilidad de pillarte la segunda?

F: Podría intentarlo. Pero te advierto que necesito un plan tranquilo. Así que olvídate de sorprenderme con ciudades exóticas y pateos interminables.

A: ¿y qué es lo que te apetece hacer, entonces?

F: No sé. La verdad es que un colega del curro me ha ofrecido su casa de Andorra y había pensado que para descansar, y tal vez esquiar un poco, podría estar bien. No tenía ni idea de que querías que hiciésemos algo juntos.

A: Si aquello está muerto, Fran. Es muy pequeño.

F: Se nota que no has estado en vacaciones. Hay muchísima gente, y si nos apetece salir de marcha, en temporada está todo abierto.

A: Pero no deja de ser un pueblo.

F: Lejos de todo, lo que te conviene a la perfección. Y encima gratis. ¿Qué más quieres?

A: ¿Y no preferirías, no sé, algo más...?

F: Pues la verdad es que no, así que no te molestes. Decidido. Si te vienes cojo la segunda semana.

A: ¿Y no hay ninguna posibilidad de que te convenza de cambiar de sitio?

F: Pero que más te da, Alberto. Si de sobras sabes que no vamos a salir del cuarto. Así que que más te da si es en una ciudad o en un pueblo. Míranos ahora. ¿Acaso estás en el barrio de tus sueños?

A: No es lo mismo. Detesto los pueblos.

F: Y yo el puto extrarradio. Pensaba que de lo que se trataba era de estar juntos. Pero propón algo si quieres, venga. Cederemos una vez más. Si el plan es tranquilo, por mí no habrá ningún problema.

A: Ya tenías decidido lo de Andorra. Y de todas formas tienes razón. No salimos nunca de la habitación.

F: Que esta vez seguro que no tiene cucarachas. El tío que me lo deja parece bastante limpio.

A: Bueno, eso nunca se sabe. Y para cambiar un poco de tema. ¿Me quieres?

F: Claro que no. ¡Qué pesado! Y espero que tú a mí tampoco. Si no, mal iríamos.


Claro que no” se oye en los pensamientos de Alberto. Hasta la entonación es falsa, y es que siempre ha adorado engañarse en silencio.


Las piernas de los dos amantes están entrelazadas. Un brazo de Alberto sostiene la cabeza de Fran, el otro se posa en su cadera acariciándola mientras se miran a los ojos. Sobre las mesillas de noche tiemblan los móviles, ceniceros y monedas. La lámpara del techo se balancea. El tren que lo provoca parece no terminar nunca.


* * * * *


Los primeros rayos de sol de la mañana iluminan las aceras del centro como si fuese una alfombra roja, sobre la que desfilan con sus mejores galas oscuras, las caras sin sonrisa que se dirigen al trabajo.


Con la mirada ausente y el piloto automático conectado en los tacones, maletines y corbatas, los Actores circulan por los mismos trayectos del día anterior, y de todos los que le precedieron perdiéndose en el olvido. Solapan las huellas de sus zapatos en las que aún siguen calientes por haber albergado millones de veces los pasos de ese camino que ya todos conocen de memoria.


Como procesionarias urbanas, las filas interminables de gente que se mueve a toda velocidad, se esquivan para no entorpecer sus respectivos caminos, sin apenas rozarse. Si se presta la suficiente atención, los pensamientos se escuchan con una pasmosa claridad. Horarios de entrada, reuniones, disputas con los compañeros, exceso de trabajo, acumulación de tareas, informes, actas, entrevistas, visualización mental de zonas wi-fi, redacción de correos electrónicos, clientes, fechas de pago, nóminas, máquinas de café a las que acaban de incorporar sopas...


Edificios de cristal y colosos de todas las formas y colores se levantan del asfalto intentando conquistar también el cielo. En uno de ellos, como otro cualquiera, con espejos negros sobre los que ya no se reflejan ni las ojeras, el portero acaba de habilitar el torno de la entrada, aunque falte más de una hora para que empiece a llegar la mayoría de empleados.


Las fotocopiadoras comienzan a mentalizarse para otro duro día de trabajo. Los ascensores también se preparan. Los ordenadores de despachos colectivos aún duermen. Las luces de emergencia iluminan las plantas en las que aún no se han encendido los fluorescentes con sensores en el suelo. En uno de los despachos de la quinta planta, sin nombre ni letrero de “pasen sin llamar”, las cortinas están corridas, y el pestillo echado. La única luz procede de los dos portátiles que están encendidos.


En el sofá de escay se pegan las húmedas pieles de dos amantes semidesnudos. La intensidad del ambientador no permite que se perciba el olor a sexo desestresante, que destaque el de la velocidad ni que se note el del riesgo.


JULIA: ¡Buf! Ya son las siete y media. ¿A qué hora es la reunión?

FRAN: En media hora.

J: Mierda. ¿Ya has probado el cañón? Que no pase lo de la última vez...

F: Sí, claro. Y ya he dejado el portátil conectado.

J: Joder. No te he pasado la presentación.

F: La he cogido de tu Pen drive, no te preocupes.

J: No eres tan inútil, después de todo...

F: Gracias. Yo también te quiero.

J: ¡Genial! ¿Ya se te ha pasado el cabreo, entonces?

F: ¿Cabreo?

J: Venga, no te hagas el digno, que no te pega nada ser políticamente correcto.

F: De verdad, Julia, que no sé de qué me hablas...

J: ¿De qué coño va a ser? Pues de las vacaciones, de verdad que...

F: ¿Ah, eso? Sí, claro. Me había olvidado, te lo juro...

J: Sí, ya. Por supuesto.

F: Te lo digo en serio. Lo que no impide que seas una zorra, trepa y calculadora.

J: Me encanta que me lo llamen.

F: Sí, claro, supongo que de tanto escucharlo, te has acabado acostumbrando... ¿Y se puede saber por qué narices sacas ahora el tema? ¿Se trata de una disculpa? ¿o es simple recochineo?

J: Curiosidad. Eso es todo. ¿disculparme yo? ¿y por qué iba a tener que disculparme?

F: Yo me pedí antes la primera semana y lo sabes...

J: Supongo que no insististe lo suficiente.

F: Bueno, de todas formas da igual. Ya me he organizado.

J: Me ha dicho Fermín que le has pedido la casa para la segunda semana.

F: Ya decía yo que me pitaban los oídos...

J: No te hagas ilusiones, niñato. Que no hablábamos de ti...

F: Ya. Solo del sitio en el que voy a pasar mi semana de vacaciones.

J: Y especulábamos sobre con quién ibas a ir...

F: Eso no os importa a ninguno de los dos...

J: Veo que aparcas lo políticamente correcto. Vas a volver a ponerme cachonda... Hombre, lo que es a él... Al fin y al cabo es su casa...

F: Te recuerdo que ofreció sus llaves sin condiciones...

J: Para dejar su casa la primera semana de vacaciones.

F: Ya. Pero como la puta de mi compañera se acabó agenciando mis fechas, pues Fermín, supongo que decidió ampliar el plazo. Es un buen tío.

J: Se va tres semanas a Tenerife.

F: ¿Y a mí qué me importa? De todas formas no tenía ninguna obligación de dejarnos su casa.

J: Ahí te equivocas, Cisco.

F: No me gusta que me llamen así, ya lo sabes, Otero.

J: Gilipollas. Qué poca imaginación... ¿Es la única Julia que se te ocurre?

F: No. Pero sé que es con la que más te jode que te comparen. Al lío. ¿Por qué crees que me equivoco?

J: No lo creo. Estoy convencida de ello.

F: Alimentando el misterio, veo... ¿Quieres unos redobles de polla o vas a soltarlo ya?

J: Vulgar. Se rumorea que pretenden hacerle socio...

F: ¿Se rumorea? ¿Y a qué socio te has follado esta vez para tener acceso al bulo?

J: A tu padre. Al parecer lo nombraron la semana pasada.

F: ¿Nombramiento post-mortem? ¡Bien por la Junta!, parece una medida progresista, pero veo que lo de la sangre joven y las nuevas generaciones se vuelve a quedar en la utopía...

J: Mierda. Lo siento. Fran. Perdona, no sabía que estaba muerto...

F: No pasa nada. Tranquila. Tienes mi permiso para follarte sus cenizas cuando te plazca.

J: Eres un cabronazo... Apuesto a que ni siquiera es cierto...

F: Nunca lo sabremos. Aunque sí que podría serlo... ¡Qué desconcierto!

J: ¡Qué hijo de puta!

F: Por eso me quieres, por supuesto.

J: Hasta la saciedad, ¡cómo no! ¿Recuerdas dónde has tirado mis bragas, niñato embustero?

F: Te las has quitado tú misma después de cerrar la puerta.

J: Mierda. Pues ni idea de dónde pueden estar...

F: Si te subes las medias y te bajas un poco la falda, nadie tiene por qué darse cuenta...

J: No tengo medias de repuesto.

F: Ahí sí que reconozco que la culpa es mía... Por cierto, creo que siguen en la fotocopiadora...

J: No. Están en mi bolso. Yo de ti me cambiaría la camisa, ese manchón de semen se ve a kilómetros de distancia.

F: No si la someto bien. Está justo en la parte de abajo. ¿Te vas vistiendo y tiramos para la sala de reuniones a ir preparando un poco la presentación?

J: Joder. Qué rabia. Pues tendrá que ser sin bragas.

F: Podemos subir la calefacción si tienes frío.

J: Pásame el bolso, por favor. Que me retoque un poco el maquillaje. ¿Y no tendrás demasiado calor tú en los huevos si subes el aire? Gracias, Cisco.

F: De nada, Otero.

J: ¿En serio que no me vas a decir con quién piensas pasar la noche vieja?

F: Pues eso mismo. Tampoco te lo he preguntado yo a ti, ¿no?

J: No tengo ningún problema en decírtelo.

F: Pero yo sí que lo tengo en escucharlo. No me interesa en absoluto saberlo.

J: Supongo que es el precio del sexo casual.

F: No seas manipuladora. Curramos juntos, eso es todo. El sexo no tiene nada que ver.

J: Compartimos horas de trabajo suficientes como para poder conocernos un poco... ¿No?

F: Todo lo que necesitas saber está en mi ficha de personal.

J: Eres un rancio. ¿Están bien los labios?

F: Estás perfecta.

J: Cuando quieres eres un encanto. Tu novia estará contenta.

F: ¡Juliaaa! ¿Ya estás lista?

J: Preparada para arrasar.

F: Pues venga, arriba el telón.

J: Eso se lo dirás a todas...


Elemental, querida Julia.” Se cuela entre los pensamientos de Fran, sin saber ni él mismo a qué se refiere.


Una mente planificada al exterior, está vacía de vida. La concentración; dedicada a la postura del cuerpo, a la modulación de la voz o a su volumen, a la intensidad exacta de las miradas con la cercanía idónea, a la estructura de las palabras o a la emoción deseada; se focaliza en tan arduas tareas con tal desenfreno, que no queda espacio para los sentimientos.


En la planta quinta empiezan a entrar el resto de autómatas sin alma, con sus sonrisas ensayadas en los retrovisores, mientras sorteaban los embotellamientos de acceso al centro. Todos se saludan. Nadie se dice ni una palabra.

6 comentarios:

Xim dijo...

Pues sí, muy largo el relato, dividido en tres partes y con tres personajes principales: un gay y una hetero compartiendo un bisexual...

Lo podrías haber titulado igual que la maravillosa canción de New Order = Bizarre Love Triangle, pero claro, como no hay un atisbo de amor posible mejor llamarlo Bizarre Sex Triangle...

Me quedo, eso sí, con la frase aquella de: "El silencio ensordecedor", muy buena...

Y lo de la habitación temblorosa tan cerca de los trenes ya lo habían creado en la peli 7even...

beXotes trianGulares abraZos pentaGónikos...

X

TUT dijo...

Solo una nota para decirte que siguiendo mi constumbre, imprimo tu post para leerlo con calma.

Un patonás, nen-

Argax dijo...

Otro tríptico magnífico.
Bien enlazado, lo que más me ha gustado es la descripción de los ambientes diferenciados en los que ocurren las tres escenas.

Muy bueno vaya!

TUT dijo...

Magistralmente describes esos instantes: la noche, la luna, la lus de los coches....som como si tus ojos fueran una cámara que van recogiendo en tu mente todo lo que te rodea, y no solo eso, además se empapa de sensaciones, de esa asfixiante atmósfera falta de oxigeno y preñada del olor de los fluidos humanos, y hasta las sutilezas de la rutina aposentada en el cuarto.
Quien te lea ¿ como no va a sentirse metido en ese misma habitación como quien asiste invisible a la acción que pasa frente a él ?.
No menos interesante es la descripción de ese trio sexual, tan real, que me recordado algunas conversaciones parecidas en momentos parecidos, cargadas de mentiras, reproches y vacío.
Estoy coleccionando tus post, será interesante leer en el futuro, toda esa evolución de eso que emana de ti y lo que quieres transmitir con ello, que es mucho.

Un besako

عمَر dijo...

quizá el post más experimental hasta el momento... ante todo muchas gracias a todos por leerlo...

lo q más me interesaba era el tono frío, como dice xim ese espacio en el q "no hay un atisbo de amor posible", no lo habría podido describir mejor... un tanto gris y artificial, como los tres escenarios urbanos...

sin absolutamente ninguna pretensión literaria, más q las típicas correcciones de estilo al pasar a limpio de la libreta al ordenador, me interesaba un círculo anti-romántico, anti-erótico, tres formas de decir te quiero y ninguna completa ni sincera... la forma tenía q ser hablada pero me pedía una introducción en ocasiones forzada como muchos momentos de las tres escenas...

escrita en bilbo y donosti en dos findes distintos... con el humo urbano como fondo y con ganas de "castigar" a ese alberto obligándole a refugiarse quince días seguidos en la misma casa, con sus dos mentiras, cuando lo que en el fondo se le hace es un gran regalo...

me encanta new order, xim... :) y tb soy fan de fincher, de hecho no te negaré q el escenario es suyo... utilizo siempre muchísimas referencias literarias y cinematográficas... te devuelvo besos y abrazos, soleados por momentos, así q aprovecharé el instante, q por aquí no abunda...

buenas, argax... muchas gracias... quería q tuviesen en común el toque urbano, pero con la diferencia que también existe entre las tres relaciones... me alegra q lo hayas apreciado... besos desde el norte...

moltes gràcies tut... jejeje, me sonrojas con lo de las impresiones, pero me alegro mucho de q te gusten mis escritos, de verdad... justamente intento ser muy visual en las descripciones (rollo situación de guión cinematográfico pero redactado) para tener algún elemento más para los personajes, ya que el diálogo los pincela tan solo a ellos, pero me imaginaba eso q dices, una cámara avanzando a la escena, para acabarse quedando fija encuadrando la cama... besos con gigantismo, abrazos de elefante

Leon dijo...

Ni elogios ni analisis.
Un humilde admirador que siente orgullo de saber como saben tus labios y como suena tu rasposa voz...
See you soon... ��