Y pensar que de joven fue hippie... ¿Quién iba a decirlo ahora? Aunque conociéndola seguro que era hippie, pero eso sí, limpia. Fijo que se duchaba a diario. Te puedes vestir como un adefesio pero ir aseada. La higiene es fundamental. Menos mal que acabó reformándose, eso sí, porqué si no, no sabría que habría sido de mi vida. Ella que me ha enseñado todo lo que sé sobre moda, aunque en cuestiones de gusto haya superado a mi maestra, por supuesto... Ella que me llevó por primera vez a un SPA, aún recuerdo la mascarilla de caviar, uno de esos grandes momentos que hay en la vida... La Ali, sin la que no habría podido inyectarme botox en los noventa. Mi primer lifting también fue todo un éxito gracias a sus contactos quirúrgicos, y pensar que creía que era una leyenda urbana lo de los hilos de oro de la Deneuve... ¡Ingenua de mí! No. Me niego a pensar que pueda estar equivocada en algo tan básico y crucial como la teoría de los pañuelos Hermès. Claro, es que si los tejen en los Campos Eliseos, han de tener magia propia. ¿No los hacían en la India? ¿O es la tela lo que viene de allí? En fin, poco importa, ya sólo el venderse en un sitio con tanto glamour ya aporta magia. Como las velas del Marché de Noël de Bruselas. Sin ese espíritu navideño con el que fueron concebidas, nunca me hubiesen sacado de la depresión del 95. Seguí todas las instrucciones de la Ali, encender las velas con luna llena, una barrita de incienso al día de las de Sándalo, hechas en Casablanca, habiéndome asegurado que no habían sido tocadas por manos sucias, y eso sí, mis dos prozacs diarios. ¡Qué mala época aquella! ¡Gracias a las velas, que si no! Aunque también pudo influir en algo el Prozac, sé que no fue mano de santo, porque al tomarlo a diario desde que Luismi me ofreció el primero a los 17 cuando engordé aquellos dos kilos horribles, tampoco sentí una gran diferencia al aumentar la dosis.
La Ali, mi gran amiga, mi hermana. Ella que ha estado en todos los grandes momentos de mi vida. ¿Cómo puedo dudar, ni que sea un momento, de ella? Si dice que no hay que sentarse nunca sin haber extendido antes un pañuelo sobre el asiento, será por algo... La Ali no es de las que hablan por hablar... Aún recuerdo que el año pasado en el viaje a New York que hicimos por semana santa, compartió conmigo su bufanda D&G para sentarnos en el avión. ¿También la habrían tejido las indias de Paris con sus saris de Hare Krishna? Supongo que sí, la verdad, porqué si no, no creo que hubiese corrido el riesgo, y tampoco nos pasó nada entonces. Por cierto, hace tiempo que no veo a ninguna de esas indias, ¿He visto alguna vez un Hare Krishna en directo? Bueno, la verdad es que ya no me acuerdo, pero que más da haberlo visto de verdad o en un documental, al fin y al cabo es lo mismo, ¿no?
Tengo que llamarla esta noche para preguntarle lo que piensa. Aunque ¡Qué vergüenza! ¡Qué poco glamour por mi parte! ¿La decepcionaré por no haber hecho caso de sus sabios consejos? Mejor me lo callo, porque hasta una amistad tan profunda como la nuestra, puede llegar a tener sus límites, y mucho me temo que lo mío los superen.
A Toti también paso de contárselo, porqué conociéndolo, me hará pasar por el primer grado. ¿O es el tercero? Tengo que volver a ver Ally McBeal para no cagarla en aspectos legales. Imagínate que suelto alguna incongruencia en un Cocktail... ¡Me da algo! Ya me imagino a Toti. Interrogatorio infernal, cachondeo infinito y conclusión sexual, muy en su línea... Todo lo limita al sexo, pero también es normal, claro, tratándose de un hombre... La Ali me dijo una vez que el lóbulo frontal izquierdo de los hombres se encoge cada vez que tienen una erección, por lo que parte de sus neuronas se desplaza al miembro a través de la médula espinal. Y aunque no haya ido a la facultad, me lo creo. Le dedica mucho tiempo a la lectura de revistas científicas, como Cosmopolitan o Saber Vivir. Además su primer novio estaba en tercero de medicina, digo yo que algo habría aprendido. Y de todas formas, sabiendo que me dirá que lo “he cogido follando”. Y eso que YO nunca follo, únicamente hago el amor. Aunque los acabe de conocer necesito estar profundamente enamorada, o les amo o me es imposible tocarles, es que soy muy sentimental, ya me lo dice la Ali... El caso, es que si me pongo a pensar en los argumentos de Toti, tampoco creo que fuese posible, ya que en el último mes sólo he estado con un chico, con Diego. Y un chico que usa de forma integral perfume de Issey Miyake (me alegra saber que no soy la única que se perfuma los genitales), crema hidratante Shisheido, se depila y sólo lleva slips Calvin Klein, por no hablar de que debería cobrar por derechos de imagen al no vestir más que de Adolfo Domínguez, no puede contagiar nada malo. Además es de Barcelona. No. Sería imposible. Queda absolutamente descartado como responsable del problema actual. Así que no merece la pena discutir con Toti, ya que nunca lo entendería. Aunque si se lo pudiese contar a la Ali... No. Deja. Sería una lástima perder a una hermana por un tema tan banal.
De todas formas seguiré su consejo, o al menos trataré de adaptarlo. Sí. Me pondré Chanel nº5. Como lo hacen en los Campos Elíseos, igual que los pañuelos de Hermès y los cinturones de D&G, seguro que eso las mata. Aunque ahora que lo pienso, un perfume no se teje, pero seguro que al ser francés lleva el dichoso componente antibacteriano... Si sólo recordase como se llaman... Sé que Joaquín las atrapó en la mili, por sentarse dónde no debía, seguro. Pero tenían un nombre tan complicado... Si me acordase del jodido nombre podría buscarlo en la Wikipedia, aunque claro, de todas formas tendría que preguntarle a la Ali cómo se enciende el ordenador, dónde se encuentra el botón de la Wikipedia... ¡Buf! ¡Qué pereza! Seguro que me pregunta para qué lo quiero y podría llegar a sospechar algo. No. Mejor no me arriesgo. ¿Pero como se llamaban esos dichosos bichitos?



