jueves, 13 de noviembre de 2008

MILLENIUM de STIEG LARSSON

No soy nada aficionado ni a los Best Sellers, excepto en temporadas veraniegas en las que el sol nubla el intelecto o como lecturas de metro que no exigen demasiada concentración. Ni tampoco me considero un amante del género policíaco. Sin embargo, con esta trilogía he roto dos de mis premisas. Devorándolas en a penas 15 días en pleno otoño, y en la ciudad en la que vivo actualmente que afortunadamente no posee (aún) metro ni nada que se le parezca.

Lejos de hablar de las estrategias de Márketing utilizadas para su promoción, sobre la muerte del autor antes de ver publicada su obra, puesto que puede encontrarse detallada hasta la saciedad en cualquier web en la que se venda el libro. Quería centrarme en las peculiaridades de la trilogía que en su conjunto me parece no demasiado alejada de lo que solemos llamar obra maestra. Tampoco voy a desvelar ninguno de los secretos de las novelas, por lo que si tenías pensado leerlas, no te preocupes, puedes seguir con estas líneas.

En primer lugar me gustaría destacar el caracter localista de las novelas, que aunque salpicadas del género negro en el que están escritas, con guiños a autoras británicas e incluso al más puro cine americano policíaco. Es algo mucho más interesante. A lo largo de los tres tomos pueden encontrarse referencias de todo tipo tanto literarias como culturales suecas (nacionalidad del autor), lo que le da un toque de originalidad. Algo curioso es la construcción de su personaje principal (Lisbeth Sallander) en torno a Pipi Calzaslargas, que desde las primeras líneas se revela una evidencia, y que sin duda alguna ha servido para basar las pautas de su heroína. Las minuciosas descripciones de paisajes y estilos de vida, son otro de los puntos que hacen que merezca la pena leer las novelas. Podemos empaparnos del sentimiento patrio, tan diferente al nuestro, así como de las inclemencias climáticas que ayudan a justificar determinados rasgos de caracter. He de reconocer que hasta la llegada de Larsson, mi conocimiento de la literatura sueca si limitaba a la belleza de la escritura de su compatriota Siri Hustvedt (compañera sentimental de Auster), que sin embargo, basa todas sus creaciones en el caos de la vida en Nueva York, por lo que poco nos revela en sus novelas sobre sus orígenes.

Otro punto por el que me atrevería a recomendar la lectura, es el hecho de que cada uno de los libros está cerrado, lo que no impide que cada uno de valor añadido al resto, convirtiéndose los tres juntos en una única y sorprendente trama, independientemente de la historia que se detalla en cada uno de ellos por separado. Por lo que considero justificada la existencia de la trilogía, e incluso de las 2000 páginas que suponen los tres juntos. Si en algún momento el exceso de detalles hacen sentir al lector que pueden llegar a ser prescindibles, al acabar los tres tomos nos damos cuenta de que no es así, puesto que ayudan a comprender mejor la construcción de la trama y de sus personajes.

Algo que también me ha sorprendido, y esto es tremendamente subjetivo, es la continua sensación de estar leyendo literatura femenina, en el mejor de los sentidos de la palabra. Por la sensibilidad de las líneas y el toque tremendamente "libertario" y reivindicativo respecto al papel de la mujer y su liberación mucho más allá del plano sexual.

Bella escritura, intensa trama, personajes inolvidables, toques de cultura escandinava... Podría seguir haciendo apología, pero prefiero que cada uno lo descubra por sí mismo.

He leído la versión francesa, cuyas carátulas forman el inicio de esta reflexión. Y he de decir que me han encantado las ilustraciones de las portadas, sobre todo las de las dos últimas, de la pluma de John John Jesse, aunque en esto no soy tampoco objetivo, puesto que soy uno de sus fervientes fans. Para quien quiera descubrirlo, dejo un enlace:

http://www.johnjohnjesse.net/



EL MERCADER DEL TIEMPO

Fui mercader del tiempo, libre cambista, especulador en la lonja, inversionista de segundos. Hubo una época en que canjeaba minutos por una sonrisa, y los buenos momentos los dejaba de propina. El trueque gobernaba mi vida y el dinero nunca fue la contrapartida.

Cuando subía en bolsa disponía de más ratos de ocio y si caía su valor me quedaban los estrictamente necesarios para ser libre. Todo era posible. Como la mayoría de negocios me los pagaban con Tiempo, me llegó a sobrar tanto que la única manera de aprovecharlo fue la revente, lo que no hacía otra cosa que aumentar el stock acumulado.

Poseía una de las mayores riquezas mundiales, a pesar de lo que nunca logré constar en los primeros números de los rankings de las publicaciones de finanzas. Tampoco eso llegó a quitarme nunca el sueño, puesto que podía dormir todo lo que quería. El día llegó a tener tantas horas que todo lo que había a mi alrededor acabó por pararse. Al principio sólo parecía ir como a cámara lenta. Poco después tenía la impresión de que mi entorno se repetía. Más tarde ya era capaz de hacer de todo mientras el resto prácticamente no se movía. Fue entonces cuando empecé a viajar sin que nadie se diese cuenta. Cuando al fin se paró por completo, empecé a leer de forma compulsiva.

Pero la lectura acabó por agotarse. Sólo entonces se me ocurrió empezar a leer libros que aún no se habían escrito en lugares que todavía no existían. El pasado y el futuro empezaron a confundirse y mi presente era tan amplio que no tenía límites. Regalaba días, años y décadas a los cuerpos inanimados que se cruzaban en mi camino, y como agradecidos me recompensaban con segundos, mi Tiempo nunca llegaba a agotarse.

Visité mundos paralelos en los que la vida circulaba casi a mi ritmo y en los que no aceptaban mi agradecimiento por tener mi misma “fortuna”. Hablé con los muertos que aún no habían nacido y ayudé a dar a luz a parturientas que llevaban milenios bajo tierra. Me paseé por planetas que no habían sido creados y me remonté al origen de los tiempos. Nunca fui capaz de encontrar a nadie con mi misma peculiaridad, o por lo menos, que tuviese el mismo alcance.Y al final acabé cediendo.

Compartí un rato inolvidable contigo. No pudiste ofrecerme nada humano, siempre fuiste un ser gris. Insististe en comprar mi tiempo, y yo acabé dándote un instante a cambio de unas cuantas monedas.Tú no ganaste mi tiempo y yo finalmente perdí todo el que había tenido. Las monedas pesan en mi bolsillo, pero ya no dispongo ni de un segundo para poderles echar un vistazo.