Fui mercader del tiempo, libre cambista, especulador en la lonja, inversionista de segundos. Hubo una época en que canjeaba minutos por una sonrisa, y los buenos momentos los dejaba de propina. El trueque gobernaba mi vida y el dinero nunca fue la contrapartida.
Cuando subía en bolsa disponía de más ratos de ocio y si caía su valor me quedaban los estrictamente necesarios para ser libre. Todo era posible. Como la mayoría de negocios me los pagaban con Tiempo, me llegó a sobrar tanto que la única manera de aprovecharlo fue la revente, lo que no hacía otra cosa que aumentar el stock acumulado.
Poseía una de las mayores riquezas mundiales, a pesar de lo que nunca logré constar en los primeros números de los rankings de las publicaciones de finanzas. Tampoco eso llegó a quitarme nunca el sueño, puesto que podía dormir todo lo que quería. El día llegó a tener tantas horas que todo lo que había a mi alrededor acabó por pararse. Al principio sólo parecía ir como a cámara lenta. Poco después tenía la impresión de que mi entorno se repetía. Más tarde ya era capaz de hacer de todo mientras el resto prácticamente no se movía. Fue entonces cuando empecé a viajar sin que nadie se diese cuenta. Cuando al fin se paró por completo, empecé a leer de forma compulsiva.
Pero la lectura acabó por agotarse. Sólo entonces se me ocurrió empezar a leer libros que aún no se habían escrito en lugares que todavía no existían. El pasado y el futuro empezaron a confundirse y mi presente era tan amplio que no tenía límites. Regalaba días, años y décadas a los cuerpos inanimados que se cruzaban en mi camino, y como agradecidos me recompensaban con segundos, mi Tiempo nunca llegaba a agotarse.
Visité mundos paralelos en los que la vida circulaba casi a mi ritmo y en los que no aceptaban mi agradecimiento por tener mi misma “fortuna”. Hablé con los muertos que aún no habían nacido y ayudé a dar a luz a parturientas que llevaban milenios bajo tierra. Me paseé por planetas que no habían sido creados y me remonté al origen de los tiempos. Nunca fui capaz de encontrar a nadie con mi misma peculiaridad, o por lo menos, que tuviese el mismo alcance.Y al final acabé cediendo.
Compartí un rato inolvidable contigo. No pudiste ofrecerme nada humano, siempre fuiste un ser gris. Insististe en comprar mi tiempo, y yo acabé dándote un instante a cambio de unas cuantas monedas.Tú no ganaste mi tiempo y yo finalmente perdí todo el que había tenido. Las monedas pesan en mi bolsillo, pero ya no dispongo ni de un segundo para poderles echar un vistazo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario