sábado, 17 de octubre de 2009

SINFONÍA VOCÁLICA

21.08.2009

Una persona únicamente alcanzará la felicidad si es capaz de tener en su haber las cinco vocales que dan plenitud y sentido a una vida que sólo ofrece consonantes a través de los años. Según esta teoría estúpida, aunque no lo es más que cualquier otra que pretenda dar explicación a algo que en realidad no lo merece, todos somos seres incompletos hasta el momento en que completemos esas cinco letras mágicas que nunca vienen de serie, nunca excepto en casos como el del murciélago y otros seres vivos demonizados por el estilo, que poseyendo esas cinco claves del éxito viven tranquilos, plenos y felices al margen de la mayoría de animales.

Quién no tiene la suerte de haber nacido murciélago, y lo ha hecho bajo la forma de persona, no hallará descanso ni paz alguna hasta encontrar (en ese caso) las dos vocales que le faltan, que pueden encontrarse en la ingenuidad, en la huída, o la subida, en el ictus, la humillación, o el fin último, que no es otro que la añorada muerte. Bajo diferentes formas, puesto que en la original falta esa “i” duplicada en la felicidad inalcanzable, y sobra una “e”, anglosajona que encabeza End, un final no necesariamente dulce, y castiza de ideas últimas como la extremaunción, la exhalación, la esperanza de Pandora, la eternidad ya cansina, o el éxito, no como sinónimo de triunfo. De lo que se deduce que una persona en la muerte es completa, pero ¿Qué le ocurre en vida? ¿Es imposible que una persona alcance la felicidad? No. Tampoco es necesario excederse en cinismo. Pero para darle explicación hay que pasar de lo general a lo específico.

Sigamos el método científico. Lo que permitiría a una persona completarse sería el amor. (Silencio, risas al final de la sala.) Tópico, romántico, ridículo y peligroso, pero cierto, siendo la conclusión de este estudio. Si bien es verdad que persona y amor comparten vocales sin permitir que se cierre el círculo de las cinco, tendremos que ser más concretos y definir lo que marca la esencia de toda persona, y mediante el método de ensayo y error me aventuro en marcar la premisa de que lo que distingue a una persona de otra es el nombre, no el que se le da en el bautismo, si no el que adquiere en la vida, por el que es conocido y que nadie discute. Para no perderse en esta teoría, sin sentido y absurda como cualquier otra, puntualizaré que una persona con un determinado nombre y un número concreto de vocales en el mismo, no hallará su plenitud hasta conseguir conocer a otra que complemente el puzzle vocálico sin que quede ninguna vocal fuera. Difícil tarea la de completarse, excediendo en peligrosidad a la individual de morirse, más radical pero generalmente menos dolorosa.

Qué mejor forma de entenderlo que con una serie de ejemplos que apoyen y enriquezcan esta teoría científica mediante la experimentación de un conjunto de sujetos, escogidos al azar, en plena capacidad de sus facultades y con su pleno consentimiento para la participación en el presente estudio.

Julián nació infeliz, a las afueras de Madrid. Estuvo tres años con María. La versión oficial de la ruptura fue que ella se lió con otro, curiosamente con Humberto (quien finalmente pudo darle sus tres vocales), la real era que siempre fueron dos personas afines, incluso compartían dos vocales, pero como se ha podido ver, eso tampoco es significativo. Creció infeliz entre relaciones menos duraderas que la que tuvo con María pero igualmente incompletas. Salió con Laura, Alba, Nuria, y una larga lista de chicas inadecuadas. Incluso llegó a pensar que no buscaba en el sexo correcto, probando suerte con Mario y Arturo. Seguían faltando vocales, pero en el caso de estos dos últimos, además sobraban centímetros de entrepierna. Julián habría sido un sujeto de estudio perfecto para Freíd por su terrible narcisismo. En todas sus relaciones abundó la primera de las vocales de su nombre, buscando más un reflejo de si mismo que a alguien que realmente le conviniese. Julián tuvo una larga vida, fructífera en relaciones y vacía en intensidad. No halló felicidad absoluta más que en la muerte, y lo alcanzó de Viejo.

Mar es uno de los casos más complicados con los que me he encontrado a lo largo de esta tesis. Nació en un pequeño pueblo de Granada en el que no abundaban los hombres decentes, así que en busca de lo que andamos todos, su vida se convirtió en una sucesión de amores incompletos. Con Inés vivió un par de años, con Merche uno y medio, varios meses con Isabel, otros tantos con Fina, además de haber tenido diversas aventuras fallidas y poco satisfactorias con Rafael, Paco, Maribel, y amores efímeros de una noche, como mucho, con Pancracio, Amparo, Pilar y otros tantos nombres sin rostro. A pesar de no tener estudios, siempre fue una gran defensora del método de Ensayo y Error, aunque la colección de errores fuese siendo cada día mayor. Cuando nos encontramos para la primera entrevista, me conmovieron su espíritu de lucha y su gran optimismo, a pesar de su grave limitación de poseer una única vocal. En su caso lo tenía más difícil que la media, y es que hay que ser justos en la emisión de juicios de valor, y basarse ante todo en los principios de la Probabilidad y la Estadística. Una persona con una sola vocal posee más dificultades para encontrar las cuatro restantes que cualquier otra que disponga de un camino más corto. Aún así, su perseverancia y nuestro encuentro dieron su fruto. Semanas antes de conocer a Mar, me habían presentado a un malagueño de nombre Prudencio, con una trayectoria similar a la suya, con más posibilidades que ella pero con igual suerte. Así que decidí organizar un encuentro, el encuentro debería decir, y por primera vez rozaron la felicidad. Aunque a decir verdad, duró más bien poco. Tras la boda, en una luna de miel en coche a través de la geografía española, fueron arroyados por un camión falleciendo al instante. Vida común corta pero intensa. Desde mi punto de vista falló el matrimonio, que no hace otra cosa que degradar las relaciones, pero puesto que no he realizado aún estudio alguno al respecto, prefiero reservarme esta opinión que no deja de ser personal y subjetiva, y carece todavía de base científica para ser nombrada con conocimiento de causa. El caso es que según la teoría que nos ocupa, Mar y Prudencio murieron felices, no solo como personan que hallan la muerte, si no como seres individuales que se encuentran el uno al otro.

Todo científico realiza un estudio por algún motivo, y me aventuro de nuevo a generalizar, en que este es siempre personal. En mi caso como ser incompleto y amargado que soy y con una trayectoria similar a las de Julián y Mar; al menos en sus inicios, puesto que mal que me pese, yo aún estoy vivo y soy infeliz; me impulsó mi propia experiencia y en particular la última ruptura que me convenció a desistir en el empeño de encontrar mi plenitud en otro camino diferente al natural de la muerte, que al fin y al cabo nos espera a todos detrás de una inescrutable esquina.

Como Julián el narcisismo me llevó a flirtear con Ramón, Román, Tomás, Covadonga, Paco o Carol, así como la curiosidad me empujó a intentarlo con Marta, Ignasi, Damián o María, el primer sujeto de estudio, gracias a quien conocí a Julián. Sin embargo, la inercia de la rutina me obligó a intentarlo en serio con un nombre que casi complementaba el mío.

Perdón, no me he presentado, me llamo Omar. Maleducado, egocéntrico, mediocre, curioso y tan vulgar y poco extraordinario como cualquiera de las personas que te cruzas a diario por la calle y a las que ni siquiera miras directamente. Lo más preciado que poseo es el nombre y me faltan más de la mitad de las vocales. Así que como estaba diciendo, y espero que no haya más interrupciones por mi parte, el borreguismo social y la creencia castrada de que en la otra persona se halla nuestro complemento, me llevaron a buscarla y decidirme finalmente por Érik.

Lo único que compartimos fue una consonante, y como he descrito al principio, esas las da la vida sin necesidad de encontrarlas en nadie. Así que compartimos diez años, ocho meses y quince días en “R”. Resignación, Rutina, Rabia, Reconocimiento, Reservas, Respuestas equívocas, Razones inoportunas, Risas forzadas, Rencores… Todo un tiempo compartido en una clave inadecuada pero reconfortante, cómoda para ambos, puesto que ya estaba en nuestros nombres y en la armonía que concede el poseer casi la perfección de las cinco vocales pero vacía por faltarnos la última de todas.

Convivimos una década en la certeza de que conseguiríamos construir por nosotros mismos una vocal de la nada, pero a pesar de ser la de trazado más fácil y no necesitar ni ser cerrada, no nos fue posible.

Ahora Érik seguramente descanse del esfuerzo de construir castillos en el aire hasta que una señal le guíe hacia las tres vocales que le faltan. Yo, por mi parte, he encontrado el reposo en la investigación, que no me dará explicaciones a preguntas no formuladas, pero me mantiene distraído con el método de ensayo y error. Como Mar, de naturaleza tan similar a la mía, acumulo ensayos coleccionando errores, después de todo podría decirse que su nombre está dentro del mío. Tal vez encuentre a un Prudencio, o a un literario Mercurio, y aunque nos sobre una vocal, seguro que es mejor que intentar escribir una sin tinta. Si es así, prometo no casarme, y de hacerlo, prescindir del viaje de novios.

Mientras tanto, si tienes una historia similar a alguna de las que torpemente he escrito, y piensas que podrías aportar algo a mi inacabada Hipótesis, o colaborar de algún modo a alguno de mis ensayos, o formar parte de mis múltiples errores, te invito a que me busques, si bien es cierto que no poseo ningún rasgo característico que me identifique, puedes cruzarme en la calle, encontrarme en cualquier bar o percibirme en alguna ermita del norte escribiendo por ejemplo en una mesa de piedra, y si no me reconoces, cuenta tu experiencia a con quien me confundas, seguro que lo agradece, y sólo tal vez, te complemente. No olvides preguntarle el nombre.

1 comentario:

Anónimo dijo...

maravillosa teoría
por cierto me llamo OskAr
tiene 5 letras y comparto dos con el autor