sábado, 17 de octubre de 2009

SIN MANUAL DE INSTRUCCIONES

24/08/2009

Estoy tan roto por dentro que mi libro de instrucciones hay que leerlo del revés. Buscaría un intérprete, pero todos los filólogos del lenguaje imposible que conozco, o han muerto o trabajan en talleres de coches. Uno de ellos, que se hizo informático, me aconsejó resetear el sistema, pero siempre queda una imagen del pasado en el disco duro, un virus indestructible que se esconde en los deshechos, por lo que al volver a encenderte, vuelve a reorganizar el caos para el que ha sido programado. Mi hermano que es mecánico, optó por engrasarme para que dejase de hacer ese ruido tan molesto que se produce cuando pienso. Ahora no sólo se ha hecho más agudo, si no que las hormigas se deslizan por mi garganta como por un tobogán, al ya no poder agarrarse como antes. Las termitas desistieron hace tiempo y prefirieron quedarse anidando en mi estómago carcomiendo mis intestinos.


Camino descalzo sobre mis heces, compuestas de insectos y cristales rotos. La sangre de mis dedos sube sin hacer caso de la Ley de la Gravedad, y se coagula sellándome ojos, boca, nariz y oídos. Ya sólo puede salir de vez en cuando alguna de las hormigas más espabiladas, que sea capaz de escarbar un túnel entre el cemento carmesí.


Vivo acompañado. También me plagan vagabundos que no han encontrado mejor cobijo que mis entrañas cuarteadas. Se tapan con mis órganos más inútiles. Tengo varios en el bazo, y una colonia entera en apéndice. Pensaron que podía ser un buen refugio. Ahora han quedado aislados por la tormenta que se eterniza, uno de los rayos ha agujereado mi vejiga y la mayoría perece cubierta por una infecta capa de orín congelado.


En el vertedero de mi cabeza ya no prende la basura. No queda espacio suficiente dentro del cráneo para que el oxígeno se consuma. Mi única esperanza es que sigan llegando camiones de reciclaje hasta que el contenido desborde y por fin me estalle el cerebro.


Me castigo, obligo a los indigentes a ser sucios, a los insectos a seguir produciendo desperfectos, a los virus a continuar con su labor desorganizativa.


Vivo en las cloacas, me alimento de carroña, aplaco mi sed en charcas de agua podrida. Con suerte en poco tiempo mi libro de instrucciones se acabará descomponiendo, y esa pequeña parte de mí que aún desea entenderme, no tendrá más remedio que aceptar su derrota. Y lo mejor de todo es que espero ese momento impaciente.

1 comentario:

TUT dijo...

No he pogut deixar de llegir el teu primer post, es una lliço de expresió i facil.litat per trobar les paraules per dir el que sentes.

Respecte el text y el seu sentit, crec que el principal es estar viu, els homes tenim la sort ( o la desgraçia ) de reneixa una i unaltre cop, des.de el pou mes anfonsat y la mes absoluta sequera, de nou tornem a neixa ancara que en formes distintes , l'ìmportat es no evitara les transformacións que la nostra natura ens demana suvin, com la papellone no es revela contra la metamorfosis, es aixi i ja está.

Un patonas.