ACTO I
- Entonces bastaría con estar cansado...
- Por supuesto. ¿Para qué buscar motivos más elevados?
- Es que eso querría decir que si se tiene un mal día o uno simplemente se levanta cansado, ya sería suficiente, y la verdad es que me parece un tanto frívolo...
- Frívolo, si basas una decisión tan importante, o mejor dicho tan amplia, únicamente en la serie de hechos concretos de un sólo día. Si se es mínimamente inteligente, se supone que se posee algo más de perspectiva.
- Genial. Ahora pasas de frivolizar a convertirte en un pedante elitista. ¿Cuál sería tu idea para poder asegurar la capacidad de decisión? ¿Un examen de aptitudes? ¿La regularás por niveles del coeficiente de inteligencia?
- No habría que ser tan radicales...
- No sé... Después de todo, se trata de tu idea. Mira, de tanto pensar me ha entrado la sed, ¿Te apetece que te traiga algo?
- Un gin-tonic estaría bien.
- Ya sabes que no hay alcohol.
- Pues una naranjada, entonces.
- Perfecto. No te muevas de aquí, que vuelvo enseguida.
- Eres muy amable. ¿Cómo me has dicho que te llamabas?
- Marta. Soy Marta.
- Encantado de conocerte, de verdad. Te esperaré aquí. Oye, Marta...
ACTO 2
- Hola. ¿Has venido sola?
- Aquí nadie ha venido solo. He estado escuchando tu conversación con Marta. Muy interesante.
- Vaya, muchas gracias.
- Pensaba que te molestaría que te estuviese escuchando.
- No, para nada. No sabía que os conocieseis, eso es todo.
- Ya, claro...
- Lo digo en serio. ¿Y tú que opinas de lo que estábamos diciendo?
- Soy mucho más pragmática que Marta. Me ha gustado lo que has dicho de que no es necesario buscar motivos más elevados.
- Gracias, de nuevo.
- Cuando se quiere hacerlo, se hace y punto. Y a quién no le guste que no mire. Después de todo somos dueños de nuestros propios cuerpos. ¿no? ¿A quién darle cuentas de nuestras decisiones?
- ¿A Dios?
- No me hagas reír. Como si le importase lo que nos sucede...
- Y eso en el caso de que exista...
- Habla más bajo que pueden escucharte.
- ¿Pero quién va a escucharme?
- Yo he seguido toda tu charla ¿te acuerdas? Oye, te voy a dejar, que llega Marta. Ha sido un placer.
- Espera, ¿cómo te llamas?
- ¿Perdona?
- ¿Que cómo te llamas?
- No, si ya te había oído, lo que ocurre es que no daba crédito. Soy Noelia, por supuesto.
- Noelia. Bonito nombre, como mi ex...
- Sí, claro. Exactamente igual que ella.
- ¿Por qué te ríes? Perdona, no te vayas. Noelia...
ACTO III
- Ven, si no quieres que te vea...
- ¿Dónde? ¿Debajo de la mesa?
- Tú mismo. Además es el único sitio dónde se puede fumar.
- ¿Y por qué iba a tener que esconderme de Marta? Parece muy simpática...
- Claro, todos los comienzos son maravillosos. Y además ella no fuma. ¿Te apetece una calada?
- Muchas gracias. Cuanto tiempo...
- Si quieres puedes terminártelo, la verdad es que ya no me apetecía.
- ¿Y por qué seguías fumando?
- Fumo siempre cuando reflexiono.
- ¿Y ya has acabado?
- Eso parece.
- Gracias de nuevo, estoy teniendo una tarde de locos y me sabe a gloria.
- Nunca mejor dicho. En lo que te equivocas es en la hora, todavía son las nueve.
- No te entiendo...
- Bueno, da igual. De todas formas siempre me dicen que nunca digo nada interesante. Todo el tiempo.
- ¿Puedo hacerte una pregunta?
- Sobre darle cuentas a Dios.
- ¿Perdona?
- Sólo contestaba a la pregunta que querías hacerme. Estaba reflexionando sobre el hecho de darle cuantas a Dios de las decisiones que tomamos. Y lo cierto es que no me parece realmente relevante que exista.
- Pero es que si no existe, ya no vale la pena ni planteárselo.
- Eso en el caso de que deba plantearse. Yo creo que a los únicos a los que hay que dar cuentas de una decisión de esa embergadura es a aquellos que se quedan. No entiendo que haya de introducir variables metafísicas.
- ¿Me estás diciendo que en función de toda esa gente, es decir de toda la humanidad excluyéndose a sí mismo, te plantearías realmente el hecho de hacerlo o no.
- No seas simplista que no te pega nada. Te digo que para hacerlo basta con desearlo. Porque como Noelia, pienso que somos dueños de nosotros mismos. Pero que de necesitar dar cuentas a alguien, o justificarse, habría que hacerlo con aquellos que se quedan, y me refiero a los más cercanos.
- ¿Por qué tal vez consideres que ellos serían los únicos capaces de hacerte desistir?
- ¿Desistir? Por supuesto que no. Partimos de la base de que la decisión es inamovible, o al menos así me lo he imaginado desde el principio. En todo caso les permitiría comprender. En cierta manera nuestra justificación les haría libres de culpa.
-¿Y por qué iban a tener que sentirse responsables?
- Muy tuyo. Eso es normal que no lo entiendas. El egoísmo te ciega...
- Pero si no nos conocemos de nada...
- Perdona pero voy a tener que dejarte, y no es porque empieces a aburrirme, que también, si no porqué se me hace tarde... Ah, y soy Enrique, antes de que me hagas a mí también la misma estúpida pregunta.
- Enrique, como...
- Enrique. El mismo que viste y calza. ¿Quién iba a ser si no? Nos hemos acostado pocas veces, pero a juzgar por el sitio en el que me encuentro, imagino que para ti fue importante. Me alegro, la verdad. Para mí fue muy agradable, sí señor, como esta charla... Muy buena, sí, muy buena... Me voy, llámame...
- ¿Pero a dónde? Enrique...
ACTO IV
- No se lo tengas en cuenta, ya lo conoces.
- ¿Y tú quién eres?
- Soy Julia, tu mujer.
- Empiezo a no entender nada.
- Que majo el Enrique éste. Nos ha dejado el tabaco y todo. ¿Quieres uno?
- Sí, por favor. Aunque me empieza a doler un poco la cabeza con tanta confusión...
- Es normal, eres un blandengue. ¿Tienes fuego?
- Creo que esta dentro del paquete.
- ¡Uy que despiste! Gracias. Perdona que me meta dónde no me llaman, cariño, pero cada vez estás peor. Como Enrique considero que los seres queridos tienen relevancia, pero no sólo para que nos oigan, como él dice, si no para que también puedan expresar su opinión libremente.
- ¿Y si te convencen de lo contrario?
- Si son capaces de convencerte, es porqué no lo tenías demasiado claro. Y por que la decisión más reflexionada sólo era fruto de un impulso, o de la pereza...
- Pero la pereza puede ser evectivamente uno de los motivos...
-¿Para no seguir viviendo? ¿Pero tú te estás escuchando?
- ¿Y si simplemente es eso? ¿que no te apetece seguir y eso es todo? ¿Por qué iba a tener que forzarme?
- Eso se llama depresión.
- No si soy feliz. Simplemente se trata de no desear continuar, sin más...
- Puede ser rabia o dolor aunque no los sepas...
- Julia, que te vas por los Cerros de Úbeda... Si no hay dolor, ni sufrimiento, ni emoción, la desidia, la pereza o lo que sea se instalan y pueden justificar tranquilamente que uno quiera acabar con todo.
- Yo sigo convencida de que tiene que haber algo más. Si se deja de sentir ese motor que nos empuja a seguir día a día, no, no puede ser únicamente a causa de la pereza. Perdona que discrepe, pero para mí tiene que existir alguna otra razón de peso, aunque esté escondida y no te des cuenta de que existe...
- ¿Por qué? Te levantas un día y dejas un trabajo o de fumar, acabas una relación o un libro, ves a alguien por última vez... No sé, podría seguir hasta el fin de los tiempos recitando ejemplos. ¿Por qué no iba a querer simplemente acabar con todo por pereza? ¿Por qué iba tener que haber algo más? ¿Por qué si uno ya se ha cansado simplemente de ese eterno y aburrido retorno debería estar obligado a padecerlo sin cese? No lo entiendo la verdad...
- Pero, ¿En serio que no hay nada que te impulse a seguir viviendo.
- No se trata de eso, Julia, de verdad... Estás tú. Supongo, si me aseguras que estamos casados. Imagino que también tengo amigos, familia, aficiones... Pero al final siempre es lo mismo. Una rueda que te arrastra a la desidia. Y efectivamente, si busco, encontraría no una, si no millones de razones para seguir aquí...
- Aquí no. Supongo que quieres decir "vivo"
- Eso, millones de razones para seguir vivo, sin embargo, basta con que una sola tenga más peso que todas ellas juntas.
- Es horrible lo que dices. Eso significa que te hacemos infeliz aquellos que te rodeamos.
- No tergiverses mis palabras, Julia. Eso quiere decir que aunque mi gente, si me permites que os llame así, me hagáis esto más soportable, es el espectáculo lo que me ha acabado aburriendo, es ese mismo espectáculo el que me hace infeliz...
- Podemos hablar de otras cosas mientras ponen la película, o jugar a algo en el teatro...
- Y el tedio seguiría siendo el mismo.
- Cariño, la conversación es muy profunda pero te voy a tener que dejar porque en diez minutos tengo hora en la peluquería. Mmmmh. ¡Mira quién viene por ahí! Es Pablo. No me extraña que te hayas enamorado de él, está tremendo. Te dejo, mi amor, hasta luego.
ACTO V
- ¿Aburriendo al personal, como de costumbre?
- Yo, yo...
- Tranquilo, he estado hablando con Noelia. Ya me ha dicho que querías suicidarte. Iba a preguntarte que por qué, pero la verdad es que me da un poco lo mismo, la verdad... ¿Y estás seguro?
- Sí, claro. Si no, no se lo habría dicho a toda esta gente.
- Toda esta gente somos los que nos quedamos, así que un poquito de respeto, por favor.
- Disculpa, es que sigo sin saber demasiado lo que estoy haciendo aquí.
- Entonces es que la decisión no es del todo firme, si no ya lo sabrías. ¿Ya has estado en el piso de abajo o has subido directamente al de amantes?
- No te entiendo. No sé ni cómo he llegado...
- Pensando demasiado, por supuesto. ¿Qué motivo has marcado en el formulario? ¡Por qué al menos habrás estado en secretaría!
- Mira, no lo sé. No recuerdo nada. Estoy cansado. Supongo que pondría eso cansancio, o pereza...
- ¡Perezoso! Siempre te ha podido la pereza. Eres un puto vago, pero esto es nuevo... ¿Pegarte un tiro por algo que unas horas de sueño y unas buenas vacaciones, con su sexo y sus drogas, podría solucionarse, la verdad es que me sorprendes...
- No sé hacer funcionar un arma...
- Eso que más da, ¿sobre dosis, cuchilla y bañera, mar, acantilado? eso es lo de menos...
- Marta dice que soy frívolo.
- Te centras demasiado en ti.
- Sí, también me han llamado egoísta hoy.
- Frivolizas por que en esta vida de mierda no puede hacerse otra cosa. ¿Quién que esté en su sano juicio no lo haría? Yo frivolizo, y todo el tiempo. Tengo los mismos motivos que tú para colgarme de una lámpara y sin embargo aquí sigo.
- ¿Y por qué no lo haces de una vez?
- Imagino que por pereza.
.

5 comentarios:
Buenas tardes guapetón, WOW!!! he salido finalista en un concurso de relatos, ahora sólo necesito recibir muchos comentarios y seré el GANADOR, qué ilusión me hace!!! me siento como Ernesto de Hannover delante de una botella de Whisky!!!! así que ya lo sabes, pásate por mi blog y ahí está el enlace que te llevará a la pagina oficial donde se acumularán los votos, gracias muXas, el relato iba sobre el calzado femenino y que un tío haya sido finalista es algo que me honra mucho, espero tu voto...beXotes...Xim
Ps. Luego me leo tu nueva obra, ahora estoy bombardeando a la gente para que me voten...
Omar...¡¡es magnífico lo que escribiste!!
Más de una vez pienso que estamos vivos por pereza, porque tendríamos que habernos cansado de todo...de eso que vos mencionás y que Nietzsche pensó brillantemente: El eterno retorno.
Todo vuelve a suceder, todo se empecina en sacarnos cualquier pizca de asombro y el suicidio es una buena manera de elegir no pergeniar ninguna obra montada en un escenario mundial, ni convertirnos en meros espectadores.
Vuelvo a decirte que es una entrada brillante y una impecable razón para dejar de respirar de una vez por todas.
TQM
buenas xim... ya está hecho!! no sé pq extraño motivo, me ha dicho q no me aceptaba la clave y finalmente me ha publicado dos comentarios... a ver si ha registrado tb dos votos... besos, ahora te dejo comentario en el post...
hola cleo,
ando bastante loco últimamente y con muy poquito tiempo para pasar a limpio escritos y navegar con vuestras historias por la red, y es una lástima... lo cierto es q te he leído un par de veces, y ni te he dejado comentario ni nada, perdón, perdón, perdón... besitos de excusa ante todo...
lo cierto es q siempre me ha fascinado su idea del eterno retorno... la pereza, sin embargo es una de mis cruces personales a combatir a diario... por lo q combinadas, me parecía q el suicidio era un buen sitio en el que desembocar... en esta serie de "diálogos capitales" (están publicados tb los de la envidia y la soberbia) el escenario siempre es un poco en "teatro del absurdo" y las reflexiones frivolizan siempre tanto la vida como la muerte... escritos algo personales y desordenados, pensamientos crípticos... por lo q me alegro especialmente q te haya llegado... besitos agradecidos
Me encanta ver que cultivas el absurdo. A ratos, sobre todo al principio, me preguntaba si estaba leyendo a Becket o a Ionesco. Al final has elegido hacer menos críptico el texto para ganar en comprensión y lo entiendo, pero te invito a que en la próxima ocasión que te pongas a escribir seas más "osado" y nos lo pongas un poco más difícil en la resolución. En cualquier caso, ha sido un placer
La pereza tambien es uno de mis pecados capitales, mi eterna inclinación al " dolce far niente " con la que mantengo una lucha diaria salvo raras ocasiones en las que me rindo y dejo que pase el tiempo mientras yo navego colgado por el eter.
Un besazo Omar.
Publicar un comentario