lunes, 6 de marzo de 2006

VICTORIA CASTELLANOS

He descubierto que soy la verdadera Victoria Castellanos. Una auténtica malvada de las que ya no quedan. Mezcla de Angela ChanNing y Alexis Colby, pero a la española, con ese toque cañí a jamón serrano y queso manchego, con un pecho de cada sabor, como en la película de Bigas Luna. Soy la villana televisiva que desearía tener dentro Maria Teresa Campos, con más clase, menos kilos, sin ese matiz provinciano y una maldad y falta de pudor, que aún no han encontrado sus límites.

Me meto en la mente de los españoles, invado sus casas, cuando me apetece penetro sus cuerpos, anulo sus almas y me permito el lujo de hacerlo a diario. Por la mañana soy la arpía que se ha acostado con el famoso torero casado, por la tarde la lengua bífida que escupe los trapos sucios de la afamada folclórica, y por la noche aireo los míos propios sin dejar títere con cabeza. Soy el espectro de la discordancia de Gran Hermano, la caja maldita de Jesús Vázquez, la noticia más apocalíptica de los informativos, la pregunta con trampa en el programa de Carlos Sobera. Vomito desinformación, hipnotizo con mi encanto, anulo los cerebros con una sola mirada. Victoria Castellanos nunca ha tenido tanto poder. Espero con ansia la popularización de la Televisión Digital Terrestre, la bajada de precios de la que llega por satélite, el triunfo de los canales vía ADSL y el cableado de todas las calles de España, para aumentar mis posibilidades y seguir matando. Poco importa el motivo, el caso es ser mala, malísima. Las razones ni las recuerdo ni importan. Por eso mi venganza es la peor que ha conocido la Historia de la Televisión. Crónicas Marcianas lo intentó antes que yo, pero en una sola cadena, con un único presentador, y sin una maldad vacía como la mía. Lo sé porqué fui yo quien mató a Sardá, y como las confesiones a Jessica Fletcher en los últimos minutos de “Se ha escrito un Crimen”, sólo fue capaz de decirme que su programa era la respuesta a la muerte de la madre de Bambi, las desgracias de Heidi, los infortunios de Marco, la dramática vida de Candy Candy… Desafortunada venganza por basarse en la sensiblería, nadie que se crea que por haber sufrido lo suficiente en su infancia con la Televisión tiene derecho a transmitir su rabia a los telespectadores, puede llegar demasiado lejos. La caída del falso Mesías ya estaba anunciada.

El verdadero Mal, ni justifica nada ni tiene origen alguno. Han podido matar a mi amante, robarme al hijo, hacerme la ablación del clítoris, cortarme los pechos como a Santa Águeda, o haberme hecho objeto de las más crueles torturas y violaciones, sin embargo, yo ya era mala, no me lo hicieron ser las circunstancias, es más, todo ello sólo consiguió llevarme al éxtasis. Porqué una verdadera Maligna, nace. Los años sólo han permitido que la experiencia haya perfeccionado mis artimañas. La existencia en aumento de nuevos canales me ha dado más fuerza. La insistencia del españolito medio en adoptar la caja tonta como un miembro más de la familia, sólo me ha proporcionado más víctimas.

Soy más grande que nunca, más mala que nadie, más poderosa cuantos más ojos me miran. Me basta un único gesto para matar, un simple movimiento del dedo, una débil fuerza de voluntad que diga: ¿Qué? ¿Ponemos la tele a ver qué echan?

Dios ha muerto, y tras su muerte, mi triunfo ha sido más rápido, menos tardío. Todo era cuestión de ser paciente. El secreto de toda que aspire a ser Dañina. Soy lo primero que la gente enciende cuando llega a casa, al sentarse a la mesa, lo último que ve antes de acostarse. Y a caso cuando se propone que forme parte de sus reuniones alguien dice: ¿Y si esta noche hablamos, sin televisión, como antes?

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