lunes, 6 de marzo de 2006

LA SOBERBIA DEL DIÁLOGO
















- He perdido la Fe.
- ¿Perdone?
- Únicamente "soliloquiaba".
- ¿Únicamente qué?
- Déjelo estar. Hablaba solo.
- ¡Ah! Es Usted uno de esos…
- ¿Uno de esos qué?
- ¿Locos?
- Debo de serlo… También habré perdido el juicio…
- ¿También? ¿Qué otra cosa ha perdido?
- La Fe.
- ¡Uf! Demasiado profundo para estas horas de la mañana.
- Ya son las tres de la tarde.
- Pues eso. Demasiado profundo.
- No crea. No me refiero a ese tipo de Fe. De esa nunca he tenido.
- ¿De Cual?
- De la Religiosa.
- ¿Y qué otra Fe existe entonces?
- La verdadera. La Esperanza.
- Y si ha perdido la Esperanza. ¿Qué es lo que hace aquí? Perdone que me entrometa, pero a fin de cuentas es Usted el que ha empezado todo esto.
- No sé. Estoy harto de que me digan “Ya le llamaremos”, supongo.
- Esta vez es diferente. Créame. Ya tendría que saberlo.
- ¿Diferente en qué? He rellenado tres psicotécnicos, otros tantos formularios…
- Se olvida el test de inteligencia.
- Gracias. Y la primera entrevista.
- Razón de más para no perderla.
- Si no la hubiera perdido, no estaría aquí.
- Vuelve a ponerse demasiado filosófico ¿Su último trabajo tenía algo que ver con la Poesía o la Política?
- No. Era Abogado.
- Ahora lo entiendo todo.
- Ahora entiende ¿el qué?
- Pues que esté aquí. Siendo Abogado no podía haber acabado en ningún otro lugar.
- ¿Y Usted?
- Yo tampoco. Por supuesto.
- No. Me refiero que a qué se dedicaba antes.
- ¡Ah, eso! Sacerdote de una pequeña aldea.
- ¿Disculpe?
- Cura de pueblo.
- No, si le había entendido.
- ¿Entonces?
- Pues que me parece increíble que me tache Usted de excesivamente profundo.
- ¿Y de que se sorprende?
- De que un hombre de Fe como Usted se extrañe de que yo me plantee cuestiones existenciales.
- Pues eso. Lo que decía antes, que aún no se ha enterado de nada. ¿Qué cree que hago aquí si no?
- ¿Buscar empleo?
- En fin. Lo dicho… No volveré a repetirme en lo que respecta a su capacidad de comprensión pero le avanzaré que ya lo hemos encontrado ambos.
- Si aún nos falta la última entrevista…
- Nos lo hemos ganado a pulso. Debería saberlo, como Abogado que ha sido. Defendería a mafiosos y directivos inmobiliarios, supongo…
- No. Trabajaba para una ONG.
- Tendría que haberlo supuesto. Soberbia.
- No le entiendo.
- ¿Por qué si no piensa que la única salida que nos queda es la Venta Telefónica? Es la única respuesta posible a nuestras ofensas.
- ¿Relaciona el Pecado con el Mercado Laboral y se permite tacharme de profundo?
- Soberbio, redundante y susceptible.
- En serio, me tiene usted desconcertado.
- Es el estado más común para la sala en que nos encontramos.
- Y me continúa perdiendo.
- Tranquilo. Acabará comprendiendo. Somos almas perdidas por la Soberbia. Por eso estamos aquí. Y por ello se niega a abrir los ojos.
- Razón por la que el único trabajo al que tenemos acceso es al de Teleoperador… Es usted recurrente.
- ¿Dónde si no íbamos a acabar un Abogado con ganas de arreglar el Mundo y el Guía espiritual de una Comunidad? Sinceramente, ¿sigue creyendo que nos correspondía a nosotros esa tarea?
- ¿Y es un Pastor de la Iglesia quién me reprocha algo así? ¿Carece acaso de humanidad?
- Muy Señor Mío, sepa que la humanidad no es lo que necesitamos a partir de ahora. Ni para la espera que aún nos queda, ni para el “trabajo” que habrá tras ella. Vaya asumiendo que esa humanidad, como Usted la llama, se traduce en Soberbia, y es lo que nos ha traído al Telemarketing.
- Habla como si el destino existiese. ¿Y si hubiésemos contestado a otro anuncio?
- Vuelve Usted a engañarse. Querer salvar al mundo tiene su castigo.
- Pensaba más bien en una recompensa.
- Debido a su Soberbia. ¿Quién debía recompensarnos y por qué motivo según Usted?
- ¿Es un Religioso quién me hace esa pregunta?
- ¿Qué le da derecho a pensar que su manera moral de obrar era la correcta? ¿Creía que era bueno el altruismo? ¿Qué le haría ganar el Cielo? Pues a esto nos ha traído. ¿Aún no se ha dado cuenta?
- ¿De que no para de contradecirse? ¿De que un momento mantiene que el destino no existe y al siguiente clama al Cielo? Muy Señor Mío, me permito la licencia de citarle…
- Disculpe la interrupción, pero no me cite, mas bien cítese a Usted mismo. A todos los juicios que ha dirigido en nombre de la Justicia, tal como yo he hecho con la Divina por otra parte. Cite las mentiras que le han llevado a pensar que su camino y tan sólo el suyo era el correcto, que el resto del mundo estaba equivocado a falta de ser solidario. Cite todas esas pancartas morales de las que a estas alturas sigue presumiendo. Al menos eso le hará recordar que su Soberbia lo ha conducido a esta habitación en que nos encontramos, preludio de una condena de llamadas sin descanso, de jerarquías telefónicas y ventas sin respiro. Este trabajo, Amigo Mío, es lo único que tiene, tendrá y tendremos, por qué al final, éramos nosotros los equivocados. La Palabra de Dios y de la Justicia no eran más que susurros del Diablo, por llamarle de alguna manera. Nuestra certeza nos ha conducido al Infierno. ¿Dónde piensa si no que nos encontramos?
- ¿Así es la muerte entonces?
- Desengáñese. Tras la muerte no hay nada. Ese fue el primero de mis Pecados. Transmitir esa idea como Sagrada, segura, única y verdadera. Obligar a asumirla como propia al ajeno. Igual que Usted. No estamos muertos. Estamos en el Infierno. O mejor dicho, a sus puertas. Cuando ese despacho se abra, podremos por fin conocer la Condena Eterna.
- ¿Tergiversa el Sentido de la muerte o intenta hacerme creer que somos inmortales?
- La vida eterna que siempre he predicado se ha presentado por sorpresa. Como tendrá tiempo de ver, los caminos del telemarketing son inescrutables.
- ¿Esperamos entonces un nuevo empleo o las llamas del Infierno?
- Créame, Abogado, cuando la puerta de enfrente nos reclame, ya no habrá ninguna diferencia entre ambos.
- ¿Por qué nadie me dijo que la Muerte sería así?
- Simple y llanamente por no haber cuestionado a la persona adecuada.
- ¿Y todo lo que me queda por vivir? ¿Mis seres queridos? ¿Mi despedida?
- Empiece a pensar en futuro, el resto ya no importa. ¿Y quién sabe si en la Plataforma a la que nos dirigen no se encontrará con alguno de ellos…?
- Me insulta con esa insinuación. Con un deseo tan perverso.
- Y aunque lo hiciese mil veces ¿Cree que eso cambiaría algo? Además, piense que fue esa misma certeza la que lo condujo hasta aquí. ¿Cree prudente seguir manifestándola?
- ¿Acaso podría eso empeorar el presente?
- Podría hacerlo con el Futuro. Si algo he aprendido en esta espera es que nada hay seguro.
- Sin embargo manifiesta plena convicción.
- La Resignación del Condenado. Recuerde que la Soberbia también me acompaña.
- Usted me cansa, Caballero.
- La Puerta se separa. Parece que ha llegado su turno.
- Adiós. Buenas Tardes.
- Dios no es quien espera en ese despacho, mas el peso de los cascos y el cansancio de las cuerdas vocales.
- Empiezo a sospechar que si bien en vida fue ministro del Señor, en esta sala lo está siendo del Diablo.
- Que el Telemarketing lo bendiga y la paciencia lo acompañe. Mi espera aún no ha llegado a su fin.
- ¿Mi compasión debería volcarse en Usted?
- Aprenderá en las llamadas a prescindir de esa Soberbia. Apresúrese. ¿No querrá perder ese puesto vacante? Muy Buenas Noches.

1 comentario:

Anónimo dijo...

En este texto te reconozco más... ¿Cuando cojones te vas a lanzar a pulir e intentar publicar algo?