jueves, 18 de marzo de 2010

recuerdo



Fuiste un amante generoso, de los que no abundan. A pesar de haber acabado antes que yo, dichosos nervios los míos, seguiste el reclamo de mis deseos obedeciendo a mis jadeos, recorriste con atino las pistas marcadas sobre mi piel como subrayando las frases tatuadas exigiendo caricias, tapaste con besos las grietas abiertas por mi ansiedad formando una masilla indestructible al mezclar tu saliva y mi sudor.


Fuiste un amante cuidadoso, de los que nunca había llegado a conocer. En la oscuridad de las sombras dónde la agresión reina, no me sedujiste a la fuerza, no me arrastraste a tu lascivia, no te impusiste sin permiso. Te acercaste sorteando los bultos en fila buscando contactos y me dedicaste una única mirada. Suplicante. Sincera. Que me robó una sonrisa, la que permitió que decidieses reír sobre mis labios.


Fuiste un amante silencioso, discreto, como el resto de apuntes en una lista de la compra sin fin, pero marcando tu presencia en negrita. Nuestros nombres nunca fueron pronunciados, nuestros cuerpos retorcidos al unísono de la melodía de tu experiencia se lo dijeron todo, los labios siempre estuvieron demasiado ocupados memorizando pliegues, curvas escondidas y sabores recién descubiertos como para poder pronunciar palabras. El silencio alimentó el placer, la discreción el misterio.


Fuiste un desconocido en un parque, como tantos otros, que desnudó los secretos de dos cuerpos disfrazando el reflejo de sus almas, que satisfizo el bienestar del recuerdo y consiguió mantener en vilo a la memoria. Caminaste como muchos sobre mi lujuria, sin embargo al haberlo hecho descalzo, las huellas de tus plantas desnudas aún se conservan intactas.


Ayer te vi en la parada del autobús 17. No había nadie más con nosotros. Me dedicaste una mirada educada y te sonreí. Esta vez tus labios no besaron los míos. Mi corazón latía intentando vocalizar lo suficiente como para evocar en ti un recuerdo, por lejano que fuese. Esta vez, parecías haber olvidado el lenguaje de mi cuerpo. Tú, que en tan solo una noche habías sido capaz de enseñarme idiomas nuevos. Al apartar tus ojos, se borró mi sonrisa. Llegó el 17, y al subirte en él te llevaste nuestro recuerdo dejándome en la resaca.


Fuiste un amante generoso, cuidadoso, silencioso y discreto. Fuiste un desconocido en un parque que me recordó lo que significaba volver a estar vivo, que despertó sentimientos que ya tenía olvidados y que marcó una senda sobre la que hoy aún me muevo. Sólo tuve que pagar el precio de ser ignorado, y a quien no tiene orgullo ni memoria resulta imposible arrebatarle nada.

3 comentarios:

Xim dijo...

Muy bueno, muy bien redactado como de costumbre, eso sí, esta vez la foto lo dice todo, esa postura es toda una invitación...mmmmmm......

Besotes donde quieras...

Xim

TUT dijo...

Toda una reflexión sobre los amores fugaces, buscando en otros al otro que ya no está, satisfaciendo el cuerpo pero no el alma. Reconociendo que hay otros mundos fuera quizás mejores que el añorado, pero aún imposible de ser sustitutos. Quizás el amante fugaz tambien estuviera en post de algo o alguien ¿ quien sabe ?, cada uno somos un mundo complejo y muchas veces indescifrable para nosotros mismos.
La frase esa de " a quien no tiene orgullo ni memoria resulta imposible arrebatarle nada ", esa sola frase ya vale el post.

La foto muy sugerente , ¿ a que hora sale el tren para el norte....?, ja,ja,,

Un besazo...donde quieras

عمَر dijo...

Qué rapidez de reacción...
Lo escribí ayer en Hendaya, erotizado por el viento del sur, que ahora sopla por estos lares...
Me alegro de que os guste.
Los besos los usaré para taparme un poco, que al oscurecer el viento refresca.
Os envío nuevos y primaverales, que ya florecerán en breve...