sábado, 3 de julio de 2010

TRÍADA SOLITARIA II: SOLSTICIO


    Málaga. Peñón del Cuervo. 24 de junio de 2001 9:00 a.m.


La playa está a rebosar de carpas semideshechas, bolsas de basura y de restos de comida entre las rocas que parecen sujetarlas. De cuerpos inertes que aún no han descubierto que el solsticio ya ha acabado, que el baño de luna ya se llevó el sudor de rabia y también el de cansancio. Mirando a la orilla aún se pueden percibir las sombras de los que unas horas antes saltaban las olas, volando por encima de las hogueras. Poniendo atención, incluso pueden llegar a escucharse las risas bañadas de salitre, como un eco traído por la marea que vuelve a subir de nuevo, en su húmedo eterno retorno.


Un ejército de limpiadores de uniforme se adentra en el peñón, dispersándose como siguiendo una coreografía aprendida de memoria, ensayada durante años, sin pasión en los gestos pero con gran pericia. En unas horas habrán recogido todo lo que escupe la arena, habrán borrado los cardenales doloridos de la playa, incluyendo los restos candentes de lo que fueron hogueras, y por los que se escuchan lamentos de dolor a través de las dunas.


En ese preciso instante, encima del peñón que le da nombre al rincón más mágico de Málaga, y que se asoma en el centro del “3” que parece dibujar la orilla, un muchacho de unos veinte años baraja la idea de tirarse de cabeza o bien seguir mirando las nubes. La marea aún está baja, pero sin resaca no corre el riesgo de estrellarse contra la gran roca si se tira adecuadamente. Se desnuda como en un ritual seguido cientos de veces, dejando la ropa perfectamente doblada en un hueco que siempre le hace las veces de ropero, y que impide que un golpe de viento se la lleve volando.


Inspira mirando al horizonte, deseaba tanto estar por fin solo. Expira acariciándose el pecho recién afeitado. Se le mezclan recuerdos difusos, experiencias nocturnas satisfactorias, ilusiones dudosas. Lamentos. Exceso. Vuelve a tomar aire de nuevo y se lanza como una gaviota en picado al mar. La confusión es arrastrada por el aire que rompe en la caída, por el torbellino que le absorbe hacia las caracolas. Las voces dejan de brillar, las sonrisas ya no se oyen, las caricias pasadas huyen. En el vacío los remordimientos siempre son demasiado lentos.


Cuando sus dedos rozan el agua, se da cuenta de que algo no va bien. A medida que se adentra, su cuerpo se va diluyendo como una pastilla efervescente. En a penas una fracción de segundo, el cuerpo aspirina de Aitor, que así se llama, ha desaparecido por completo, dejando tras de sí, tan solo un rastro de burbujas, que se mezcla con la espuma para acabar dispersándose en la orilla.




Girona. Judería. 23 de junio de 2009 8:00 p.m.


Josep, Pepu para los amigos, echa un último vistazo a su jardín del Carrer de la Força. Ha recogido las hojas secas y restos de glicina y buganvillas que ensuciaban el porche, y ahora se dispone a tomar un baño antes de que empiecen a llegar los primeros invitados.


Ya se ha convertido en una tradición. Hace unos diez años que celebra, según él, el solsticio de verano, organizando una fiesta por todo lo alto para su círculo más íntimo. Una verbena de Sant Joan en toda regla, aunque sobre santos, como judío de buena familia que es, nunca le haya gustado hablar. Josep, no ha llegado a asimilar el concepto de coherencia como le dicen sus hermanos todo el tiempo. También celebra las fiestas de su ciudad, coincidiendo con Sant Narcís, aunque cada año cambie de excusa mental para participar en ellas sin excesivos remordimientos. En cuanto a su círculo más íntimo, consiste en las familias del barrio que han de ser invitadas, otras no judías de Barcelona y Puigcerdà, y unas pocas personalidades del circuito cultural de Girona. Amigos, lo que se dice amigos, es otro concepto que como en el caso de coherencia y santidades se le escapa a menudo.


Si Josep se pusiese a pensar en amistades, aunque como ser optimista que es, no corre el riesgo de una introspección destructiva de ese estilo, llegaría a la conclusión de que el único en quien realmente confía y ha confiado desde siempre, es su gato, el Señor Tanaka. Y puesto que cualquier relación ha de basarse en la confianza, podría deducirse que su único amigo es un gato negro, irreverente, egoísta, arrogante e independiente, cualidades que ambos comparten.


Josep enciende las luces del jardín y sube las escaleras que le llevan al cuarto de baño de arriba. Prende una barra de incienso mientras se llena la bañera con la cantidad de espuma perfecta a la que está acostumbrado; se desnuda, nunca frente al espejo, y comprueba la temperatura del agua. Se mete en la bañera y se aplica la mascarilla que ha comprado en la perfumería de Joan Maragall, multihidratante y con efecto regenerador, cierra los ojos y escucha como el Señor Tanaka abre la puerta entrecerrada del baño con un golpe de su pata, y es que nunca le han gustado los accesos cerrados. En pocos segundos se sube al borde de la bañera para saludar a su humano. Pepu, acaricia su lomo hasta llegar al rabo que ya apunta hacia el techo. El Señor Tanaka, sin embargo, está más interesado, como siempre, por la espuma.


Intenta atrapar entre sus almohadillas parte de ese extraño líquido y en un movimiento en falso, resbala y se cae dentro de la bañera. Pepu da un brinco, cubriéndose los genitales con una mano y los ojos con la otra, y cuando al fin los abre, el Señor Tanaka parece ya haberse escapado del agua templada. Siempre le ha impresionado la rapidez de los gatos. Esta vez, en cambio, el Señor Tanaka no ha tenido la suerte de poder escapar. Al primer contacto con el agua, ha sentido como una extraña fuerza lo absorbía desde el fondo del desagüe, y simplemente se ha dejado llevar. Entre la fiesta y la resaca del día siguiente, Josep tardará días en darse cuenta de la desaparición de su único amigo.



Lesaka. Bar Atxaspi. 24 de junio de 2005 6:00 a.m.


Javi está sentado en un taburete a la entrada del bar. Lo ha escogido porqué está al lado de una columna, y entre ésta y la barra, su equilibrio no corre el riesgo de desmoronarse. La dignidad, sin embargo, decidió hacerlo hace horas, tantas como las que lleva exactamente en la misma posición, aunque no sabría decir cuantas, de la misma forma en que tampoco sería capaz de hacer el recuento de las copas de whisky que lleva en su haber.


Como intruso en el pueblo extranjero y pequeño, al que ha llegado por casualidad escapando de lo que intenta olvidar a litros de alcohol, nadie se ha dirigido a él en toda la noche. Él no lo sabe, ni tampoco le importa, pero ha creado la certidumbre en todos aquellos que le rodean de que se trata de un Guardia Civil de paisano que simula estar borracho. De todas formas, a Javi nunca le ha gustado la gente. Prefiere fijarse en los pequeños detalles que le fascinan, como los juegos de luz que se forman a través del humo, o las curiosas figuras que dibujan los cubitos de hielo en su vaso ancho a medida que se van deshaciendo. También le gusta disfrutar de ese estado de semi inconsciencia en el que se encuentra y en el que todos los malos recuerdos parecen flotar por encima de él, junto al resto de personas que se encuentran a su lado y que parecen desenfocadas, como él mismo.


Javi apaga su último cigarro, hurga en sus bolsillos en busca de monedas sueltas y se dirige a la máquina de tabaco que se encuentra a unos pocos metros de él. Sus pies parecen anclados al suelo como si caminase por un barrizal, aún así, y con sumo esfuerzo, consigue llegar a su objetivo y sacar un paquete de Camel. Generalmente fuma Gauloises rojo pero sólo puede comprarlo en estancos. Aprovechando que la máquina está junto al lavabo, y después de recapacitar seriamente si el esfuerzo vale realmente la pena, decide hacer de tripas corazón y arrastrar sus pesados zapatos unos metros más. Al fin y al cabo, su vejiga está a punto de estallar, aunque su cerebro aún no se haya dado cuenta.


Se desbotona el pantalón, que le cae hasta debajo de las rodillas, e intenta, sin manos, apuntar al urinario sin demasiada suerte. Se piensa en el baño de un tren en marcha y se ríe. Empapado por su propio orín, y habiendo olvidado retirar sus calzoncillos, presiona el botón de la cisterna y el agua le salpica de cintura para arriba, lo único que aún conservaba seco. En ese momento, Javi abandona mentalmente el tren para pasar a sentirse sirena recién salida de alguno de los siete mares. Se contonea nadando a carcajadas y vuelve a pulsar el botón, metiendo esta vez la cabeza en el urinario para poder sentir la frescura del océano. Comienza a dar brazadas apartando vellos púbicos, coge oxígeno entre líquidos desinfectantes, y desaparece, dejando en el lavabo de un bar de Lesaka, sus pantalones empapados de noche. Cuando la camarera limpie el baño se limitará a cogerlos para tirarlos a la basura, sin poder relacionarlos con el extraño picoleto borracho que tan solo ha visto de cintura para arriba.



* * * * *



En un lago perdido entre las nubes, las paredes del cielo estancan el olvido. A su orilla la mayor secuoya jamás vista lo sostiene con sus raíces.


En su fondo, las cucharillas de postre se mezclan con los calcetines desemparejados y algún primer beso se escabulle entre amoríos de la infancia. Ejércitos perdedores de batallas no escritas bailan con las causas justas, la música de pasados éxitos de otoño suena en el escenario de un teatro derruido por un huracán lejano. Las musas de pintores desconocidos atraen con sus cantos a los amantes crueles, los barcos de ayuda humanitaria se perdieron buscando algún pequeño país africano. Los ministros de viejos gobiernos follan con las reinas consortes de huraños reinos. El amor se desplaza por los recuerdos, el dolor es un pez intermitente que rara vez visita el lago, como el odio, prefiere ausentarse. La educación bucea mientras el respeto la persigue, la integridad siempre las mira divertida. Amistades de instituto pasean junto a primos segundos, ante los improperios de vecinas de primeras mudanzas y abucheos de tenderos de pueblos vacacionales. Las esperanzas brillan alumbrando la inmensidad del olvido, también luminiscentes saltan la felicidad y el deseo.


Las raíces de la gran secuoya acunan a todos los habitantes del lago, alimentándose de los nuevos jugos que le llegan sin cese. Autobuses de jubilados visitan el paraje entre semana los días que no son de visita, como los sentimientos que vienen o van, todo alimenta al gran árbol. Libros de bolsillo y cartas escondidas sirven de lectura a los viajeros errantes. Otros deciden quedarse para siempre.


Desde que la secuoya recuerde, y su memoria es la única que se conserva, puesto que el olvido no le llega a la totalidad de las ramas, nadie más que la soledad ha alargado su permanencia en exceso, a pesar de que entre los olvidados, el tiempo carezca de importancia. El despecho hace visitas fugaces, la muerte alterna sus vacaciones, y la enfermedad se compró una casa en la orilla para aparecer en verano, pero la soledad siempre estuvo allí, se rumorea que llegó en algún momento, pero nadie podría precisarlo.


En la canoa solitaria, cada nueva llegada representa un acompañante más y para siempre. Algunos llegan sin querer, otros sin saberlo, la mayoría se han forzado a venir, comprando entradas a algún vendedor ambulante de chiringuito, a otros los empujaron. Todos navegan juntos hacia la libertad en un viaje infinito.



* * * * *



En los helechos que salen de las nubes negras llenas de lunas nuevas, los animales acampan. Es el reino de los gatos. Gobiernan con justicia. Tanto los que se escaparon, como los que se llevó la protectora. Perros abandonados en agosto conviven con los de amos que trabajan todo el día. Los peces procedentes de cisternas de ciudad conceden audiencias a las tortugas que corrieron la misma suerte. Los que fueron maltratados protegen con cautela a los sobre alimentados con barras de chocolate. Alguno maulla a su suerte, sin hacer caso del resto, otros cabalgan sobre las estrellas. Ninguno está obligado a quedarse, y a ninguno le interesa hacer lo contrario. El Señor Tanaka ya no se acuerda de su nombre, ni de lo que fue su vida anterior, ronronea si le acaricias, huye cuando le apetece.



* * * * *



La gente sin forma, rema, no recordando mas que el movimiento exacto para poder seguir la ruta marcada por la necesidad. El azar y la tortura se cayeron por la borda. Lo bueno del olvido es poder seguir remando sin rumbo sin que Aitor o Javi se ofendan, después de todo, ellos hace tiempo que están patronando la canoa y tampoco recuerdan hacia dónde se dirigen.


CERRANDO CICLOS:
TRÍADA SOLITARIA I : TERRAL
TRÍADA SOLITARIA III: HAIZE-HEGOA

6 comentarios:

Xim dijo...

EXQUISITO!!! EXCELENTE!!! EXTRAORDINARIO!!!

Me has hecho disfrutar de la lectura este domingo matinal, qué suerte tuve al cruzarme contigo!!!

Plas!!! Plas!!! Plas!!!

Xim emocionado...

BeXotes

Justo dijo...

Ellos tienen la fortaleza de afrontar ¿el Destino? o quizá de atreverse a dibujar ellos mismos unas líneas, intuyendo que la corriente que describes en el epílogo será igual para todos...

He dicho ellos, pero en el segundo capítulo es el Señor Tanaka a quien me refiero... qué buen gatazo negro, los conozco bien y los adoro.

Ha sido un placer sumergirme en estas pinceladas tan sutiles, tan llenas de reverberaciones, de sonidos, de silencios, tan vivas hacia la muerte, que no es nada.

TUT dijo...

Omar, amigo: Me ha costado varios días poder leer integramente tu post, tu nunca escribes algo que pueda leerse de pasada y yo necesito, casi siempre, leerte varias veces, empaparme de tus palabras, de los dibujos que dejas en el aire, de tus silencios y de tus gritos.
En tu recopìlación van apareciendo distintas imágenes, momentos, sensaciones de tiempos diversos pero que ha quedado de alguna forma grabados en tu memoria.
Ese muchacho ignora, lánzandose al mar en ese solsticio de verano, que el mar también está sediento de fiesta y quiere poseerlo como tributo humano en esa noche mágica.
El Sr. Tanaka, como buen felino, es curioso e independiente ¿ como se iba aresistir investigar la vaporosa y perfumada espuma de la bañera? y si es necesario la seguirá desagüe abajo, él es muy consciente que todos los gatos tienes siete vidas, total, una más o una menos.
Me ha impactado especialmente la imagen del borracho nadando en el urinario entre vellos púbicos y líquidos desinfectantes, buceando en el oceano de su locura.
La soledad de la secuoya milenaria que ve pasar
por su tronco, por sus raices generación tras generación de seres humanos o no, aliméntándose de sus despojos, sin poder decidir sobre su existencia, condenada a vivir sin fecha de caducidad.

Como siempre, me dejas " pasmao "

عمَر dijo...

muchas gracias, de verdad, por vuestros generosos comentarios.

paso por momentos bastante crípticos, en los que el orden mental sigue reglas lógicas, en ocasiones incomprensibles, así que me alegro muchísimo de que os haya llegado en esencia.

el lago está inspirado en uno que hay por aquí cerca, el de domiko, presidido por una maravillosa secuoya, y en el que los peces te comen las pieles muertas al sumergir los pies en sus aguas.

en cuanto a los protagonistas: aitor existe, o más bien lo hizo. en lo alto del peñón del cuervo de málaga hay una placa que lo recuerda. lo único real es la fecha del deceso y la edad. evidentemente el resto es ficcionado, con el mayor de los respetos. el nombre del gato negro (una de mis fijaciones desde siempre, justo) proviene de un personaje de "kafka en la orilla" que se comunica con los gatos, en especial con los negros. el bar atxaspi lo tengo debajo de casa, y la distribución descrita es real, no así el personaje. una de las camareras del mismo es maitetxu, a la q le dedico un personaje q enfrasca malos sentimientos en el relato "historia de yo".

pequeñas pinceladas sobre las formas. en cuanto a los contenidos siguen volando con el resto de mis fetiches.

gracias una vez más y besos de solsticio.

TUT dijo...

He pasado por tu casa y en lo nuevo que has colgado no he visto forma de dejar un comentario.
" Si buscas la melancolía en las noches de insomnio, busca entre tus sueños, allí estoy, te espero con alegría "

Un besazo.

cleopatra dijo...

¡Maravilloso! Qué placer es leerte.

Un beso enorme