No siento, ni respiro, ni veo. Mi olfato aún no ha nacido. En posición fetal mi útero es la arena y el salitre mi cordón umbilical.
Me alimento del yodo sin saberlo. Mientras tanto, todo está oscuro y el cielo a punto de parir.
Con los párpados cerrados empiezo a percibir una acuarela teñida de naranja. Mi garganta está seca y noto un nido de abejas en mis pulmones. La madre y reina no quiere abandonarme, pero la brisa de la mañana la acaba convenciendo.
Un graznido de gaviota suena lejano y anuncia el sufrimiento de las nubes más siniestras que desean conservar su oscuridad. El ave se acerca y su quejido rompe el horizonte separando el mar del cielo que han estado toda la noche fundidos en un abrazo.
Las rocas lloran, la orilla rompe aguas.
El naranja se hace más intenso en mis pupilas selladas, y a través de sus cortinas la luz se mezcla de malvas, rosas y de tímidos azules.
Mis oídos sangran y por fin soy capaz de disfrutar del grito de las gaviotas, del lamento de una noche arrepentida.
La sangre se desliza por mis hombros reanimando mis músculos, erizando el vello de mis brazos, granulando la piel de mi espalda para que se confunda con la arena que ya empieza a sacudirme con sus contracciones.
Un murciélago que se escapa deshilacha con sus patas la seda que borda mis párpados. Huye. Mi vista me regala una sangría de imágenes desenfocadas, una mezcla desordenada de colores cálidos como lanzados al aire directamente de sus botes de pintura.
El enjambre que me parasita acaba cediendo ante la insistencia del aire y lo vomito destaponando mis fosas nasales. Ya pueden unirse a su reina. Me dejan vacío por dentro, y al fin respiro. Mi pecho se contrae, mi vientre es un concierto de espasmos. Ya soy capaz de oler la acuarela que hasta ese momento únicamente veía.
El sonido de las olas violetas, me deja ver el olor a sal. Ya puedo escuchar la arena mojada.
La mañana ha dado a luz. No tiene sexo, ni voz, ni peso. Estiro mis piernas. Desperezo los brazos que nunca había movido. Mi piel se desprende de las escamas nocturnas de sal y de lodo.
El mar de rojo sangre se cree separatista, y poco a poco reivindica su reinado desprendiéndose del sol que ha estado protegiendo durante toda la noche. Lo empuja hacia arriba para que logre alcanzar el lugar que le corresponde, para que se despegue de su húmedo colchón.
Las caracolas cantan en la espuma blanca. Las piedras de la orilla cobran vida y susurran entre ellas. El mar escupe los despojos del parto mientras el techo busca su azul acariciando contento al sol que vuelve a estar en su sitio.
Siento. Respiro y veo. El olor de la mañana me despierta. La caricia de la arena me da los buenos días. El mar me salpica saludando amable. Acabo de nacer. Sonrío estirado en la playa. Mi cuerpo me vuelve a pertenecer, aunque solo sea momentáneo. Cuando el mar me reclame volveré a entregarme, sin condiciones. Sin prisas.

4 comentarios:
Me pasé tres años viviendo junto al mar, y cuando digo junto al mar me refiero a abrir la puerta y tenerlo a dos metros de distancia, así que he captado toda la plenitud del parto que describes, guardo en mi memoria, noches, amaneceres, tormentas, susurros del lloriqueo de las rocas que me arrullaban de noche con su fantasmal nana, el gemir agonizante de las gaviotas, y ese particular aroma inconfundible...¿Ves? me has despertado un montón de recuerdos...
Besotes azul marino
Xim
Yo vivo muy cerca del mar, aunque no a pié de casa como Xim, siempre he estado junto a él y ha sido espectador de casi todo lo de mi vida y a él, como amigo , conté aquellas cosas dificiles de contar a nadie, por lo que de alguna forma me siento partícipe de algunas de las cosas que narras.
¿ Saps una cosa ? de vegades, quan llegeixo els teus textos, m'entren ganes de trencar el meus i llençar-los, després penso que cadascun te la seva limitació i que per a mi és solament una forma d'expresar el que sentu i el que visc i tinc prou en que se m'entengui, pero ¡ que vols que et digui¡ pèro la veritat es que no deixo de tenir-te enveja sana.
Un petonás saladet.
El viejo y el mar... Nací queriendo envejecer como él, para poder llegar a tenerle un amor tan infinito a algo que llevo hasta en el nombre...
Cada vez que me ha tocado vivir lejos, y ha sido en tan solo dos ocasiones, me ha faltado como si se hubiese tratado de un miembro... Hasta podía oler el salitre en calles de ciudades con la costa a cientos de kilómetros...
Xim, me alegro mucho de que te haya despertado el sentimiento marino, me encanta lo que comentas de las gaviotas, acaba formando parte de la memoria de siempre, de esos primeros recuerdos... Tengo infinidad de relatos con sabor a mar... Me pasa lo mismo que con los gatos, se me aparecen en fantasías y sueños y no me puedo despegar de ellos... Todos tenemos nuestras cruces, fetiches y adicciones... Y es normal que si las escribimos, pintamos, cantamos o esculpimos, acaben siendo versiones diferentes de los mismos fantasmas. Ese eterno retorno que tanto nos gusta a ambos, y que también aparece en el arte, la creación o como quieras llamarlo...
Abrazos de marea alta.
Tut, està escrit des del cor, com cadascun dels teus textes. L'estil no és pulcre i sempre és millorable... L'important és fer-se entendre, saber transmetre, i sobre tot saber-s'ho treure de dins... Si la més curta de les meves frases poguès fer que callessis alguna de les teves, no m'ho podria perdonar mai, així que ni ho pensis... Petons de brisa.
Eyyyy...yo conozco esa playa!
Voy siempre que puedo a despertarme...
Hay tantas aguas rotas en todas las playas donde me duermo..
Un beso
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