lunes, 23 de noviembre de 2009

DUDA RAZONABLE



Siente como el vaivén mece su cuerpo. Relaja todos sus músculos para sentir esa agradable sensación, cada milímetro de grasa moviéndose al libre albedrío de las cálidas sacudidas. Por momentos, imagina que el sonido que le ronronea, como la lenta percusión de una nana, se acomoda al compás de sus latidos, y no al revés. Cada giro, cada curva, cada mínima variación de velocidad, acaricia su piel violentamente como intentando despertarle y le tambalea recordándole que no debe dormirse para no perderse ni un segundo de la aventura. Inspira al vuelo de la libre danza de su cuello y escucha el tintineo de alguno de los lugares por los que está pasando. Expira al ritmo de la misma coreografía y oye el silbido que esta vez viene de dentro, silbido de autoafirmación que señala a los que no les hayan visto desde lejos, que están pasando en ese mismo instante. Como tiene los ojos cerrados, porque la vista engaña, se conforma con las imágenes que se van formando en su cabeza, tan aleatorias como cada espasmo que le tambalea. Y aunque los abriese, tampoco serviría de gran ayuda, puesto que la señora del sombrero azul, la que ocupa el 4 A, se ha asegurado de que así sea. La oscuridad es tan densa encima de sus párpados, como debajo de ellos, y en ese segundo le parece un regalo que le permite soñar despierto, así que lo acepta educadamente, tal como ha hecho con los ofrecidos al tacto y al oído.

Puesto que la felicidad es un combustible caprichoso que nunca revela estar en reserva, se le termina sin previo aviso. Tendría que haberlo imaginado dada la intensidad de los últimos minutos, pero el cese es tan brusco que le sorprende de forma desagradable.

Esperando un presente para el gusto o el olfato, como gratamente ha acogido los del resto de sentidos, se da cuenta de que el secreto de la sorpresa, se encuentra en no mostrarse expectante. Tiene la lógica Teoría de que basta con esperar algo que se tendría que recibir altruistamente, para que no llegue nunca. El secreto de la sorpresa está en la ignorancia o el olvido. El destino le ha vuelto ha engañar. El olfato que tendría que ser su siguiente experiencia mística le saca de su trance con un olor que no esperaba, si no hubiese reclamado lo que ni si quiera le correspondía, seguramente lo habría recibido. No es creyente, ni conoce disciplinas metafísicas o filosóficas, pero su Pensamiento – Ley de la no Expectación, le parece una explicación más que razonable para ese tipo de ocasiones.

El perfume de la señora del sombrero, que ni tan sólo se ha quitado para dormir, va tomando dimensiones desafiantes hasta hacerse insoportable. La fritura se mezcla con el rancio de la transpiración, y juntos acompañan al dulce e intenso aroma de litros de mezcla floral. Abre los ojos y cree ver la traza del olor que va subiendo hasta penetrar por sus fosas nasales. Escucha con atención y el perfume le entra en los oídos haciéndose cada vez más potente. Siente como su tacto baboso se va impregnando de la cabeza a los pies y empieza a sentir náuseas. Nunca ha entendido la obstinación de algunas personas en forzar la definición de higiene para confundirla, o incluso hacerla sinónimo de cosmética. Ese burdo disfraz no consigue engañar nadie, y en su caso, le hace volver a la claustrofóbica realidad del minúsculo compartimiento en le que lleva metido, ya no sabe ni cuánto tiempo.

Se levanta de su litera sin encender la luz y abre la puerta cerrándola a su paso. Tabaco es la única representación que se forma en su mente para salir del incómodo estado de ánimo en que se halla. Respira intentando recuperar aire limpio, o en su caso con restos de humo que borren los restos que aún sigue teniendo del hedor de su compañera de habitación. A través de la ventana puede ver como la noche pasa desenfocada, con su mezcla de luces que parecen cometas desplazados en línea recta, y la vegetación negra que se confunde con las sombras. Siente un ligero mareo. De repente recuerda que nunca le ha gustado la inestabilidad del tren. Descalzo, sortea vagones hasta llegar al Bar con la esperanza de encontrarlo abierto y poder comprar tabaco.

Piensa en la absurda analogía de la Felicidad y el Combustible, y en el estúpido refrán de “La esperanza es lo único que se pierde”. Ni es feliz a causa del insomnio y las continuas pérdidas de equilibrio, ni tiene motivo alguno de mantenerse esperanzado, puesto que el bar lamentablemente está cerrado. La noche y el tren han conspirado en secreto con la suerte para impedirle el sueño y el placer de fumar. Sólo se le ocurre coger el dichoso combustible y prenderle fuego al vagón con la Esperanza dentro, sin olvidar a la puerca del 4 A a la que imagina ardiendo. Tantas llamas, lejos de reconfortarle, aumentan sus ganas de fumar. El último cigarrillo lo aspiró literalmente en el andén, antes de subirse al tren, y ni siquiera tuvo la posibilidad de acabarlo, ya que amablemente un revisor le invitó a apagarlo por estar prohibido su consumo en esa zona no autorizada. Lástima que ya no le quedase gasolina imaginaria para quemarlo junto a la gorda apestosa en el vagón bar. Ha dejado de pensar con lucidez, la ira le embarga.

Siempre ha tenido la Teoría de que la falta de nicotina, comprime las arterias del cuello, dificultando así el riego sanguíneo al cerebro. No ha seguido estudios de medicina ni de nada relacionado con la sanidad o el cuerpo humano, y tampoco ha sentido curiosidad por lo que a temas sanitarios se refiere, pero le parece una explicación más que razonable. Motivo por el cual, en el caso de haber hecho una hoguera con el nazi de la liga anti-tabaco de la Estación y la cerda que le había tocado como compañera de compartimiento, calculaba que no habría ido a la cárcel gracias a una alegación, en toda regla, de Enajenación Mental por falta de riego causada por la obligada carencia de nicotina en sangre. Tampoco había estudiado derecho, ni le habían interesado jamás los temas concernientes al Código Penal, pero era otra de sus especulaciones razonables. ¿Quién podía quitarle la satisfacción de creer en sus Teorías plenamente científicas? Después de todo, era a él a quien iban a juzgar por doble homicidio, así que tenía pleno derecho a ir planeando su defensa.

- Perdone. ¿Tiene hora?

Sumido en la estrategia perfecta a llevar delante de un Jurado –¿Había realmente jurados, o sólo se veía en televisión y novelas policíacas?- No se había percatado de la presencia de alguien más en ese vagón desierto. ¡Y menuda presencia! En pijama, por cierto, descosido por los costados, y zapatillas de andar por casa. La miró de arriba abajo haciéndole pasar un examen exhaustivo. Estaba extremadamente delgada, primero pensó a causa de la Anorexia, suposición que descartó decantándose por las drogas. ¡Qué lástima! Tenía unas ojeras que le llegaban a la comisura de los labios. Bajo la luz hepatítica que hay en todos los trenes que no tienen tabaco, le pasó por la cabeza una tercera suposición. Se trataba de la muerte que venía a buscarlo para llevarlo al infierno reconfortante y de humeante nicotina. Incluso alargó la mano, y justo antes de coger la de la desconocida para acompañarle a las plácidas llamas, reaccionó a tiempo y volvió cronológicamente a la segunda de las impresiones: la de la toxicómana desamparada. Nunca había entendido como podía haber tantas almas perdidas en el mundo como para aferrarse a un camino tan en picado como el de la heroína. Es cierto que no podía ver sus brazos, pero presentía los cayos de los pinchazos a través de la roída tela del pijama. Había escuchado que muchos yonkis se pinchaban debajo de la lengua, o en las ingles, y con ese pensamiento le llegó la revelación que clarificaba todo. Aquellos con familia, trabajo o alguien que pudiese percibir los estigmas de la adicción, habían encontrado en el ocultamiento, la solución perfecta. Estiró la lengua tocándose los dientes superiores para imaginar cual sería el mejor sitio para clavar la aguja, un escalofrío le recorrió todo el cuerpo, causándole una ligera rampa en la pierna que le hizo pensar que la drogadicta le acababa de clavar una jeringuilla en la segunda alternativa para yonkis con seres allegados. El caso era que se esa pobre desvalida se drogaba al uso convencional, estaba claro que no le importaba a nadie, y por supuesto, no tenía nada que perder por muy visibles que fuesen las cicatrices de sus brazos. Seguro que no trabajaba y a ciencia cierta se había subido al tren sin pagar, posiblemente aprovechando el despiste del revisor mientras le obligaba a él, una persona decente, a apagar su preciado cigarro. ¿Cómo se ganaría la vida? Esa pregunta le carcomía. Sin lugar a dudas no lo hacía pidiendo, descartó de inmediato la idea de que alguien pudiese darle unas monedas a un engendro de ese calibre. Esa mirada fija le pareció reveladora, por el matiz amenazador y de seducción. Era una ladrona, una yonki ladrona y prostituta. No conocía afortunadamente el mundo de la droga y, por supuesto, en su círculo nadie las había probado nunca. Tampoco había estudiado Sociología o Psicología, sin embargo, alguna vez había escuchado que a alguien le habían contado historias de ese tipo aparecidas en algún Documental. Lo que justificaba su Ley Toxicomanías y Comportamiento Humano. Gente que por una dosis es capaz de cualquier cosa. Le pareció de una forma inquietante, una teoría más que razonable. De hecho, él mismo había matado a dos personas bajo los efectos de la carencia de nicotina. Por lo que vio claro, no que se trataba de la muerte que venía a buscarle ni de una anoréxica insomne, si no de una yonki ladrona y prostituta dispuesta a sangrarle la vida por una simple dosis, realidad que le resultaba mucho menos poética que la primera de las hipótesis, y desde luego menos humana que la segunda de ellas.

- ¿Qué si tiene hora, caballero?

Le dio la impresión de que le estaba gritando. Tanta violencia era incapaz de soportarla a esas horas, sobre todo teniendo en cuenta la falta de horas de sueño y el hecho de no tener cigarrillo alguno en el que desahogar la angustia e inseguridad que le invadían. De repente, pensó en lo violento de las personas, en las guerras continuas y agresiones sin descanso. La falta de Amor y Comunicación eran las explicaciones más generalizadas, aunque él siempre había tenido otra teoría, menos sensiblera y mucho más consistente. Si bien es cierto, que no había estudiado Historia ni Economía y que tampoco eran materias que le importasen en absoluto, eso no impedía que pudiese tener una Opinión al respecto. Al fin y al cabo, vivía en un país libre, o así lo creía. Las Adicciones eran la causa de todos los problemas, eso sí, descartando la del tabaco, ya que estaba científicamente demostrado el aumento del riego sanguíneo y la mejora cualitativa de las neuronas bajo sus efectos. Para él las Adicciones no tenían nada que ver con los productos que eran de imprescindible consumo, como la bebida, la comida, el sexo o el tabaco, necesidades fisiológicas, si no las puramente enfermizas, como el alcohol, -Aunque una copa de vino al día había escuchado que era buena para la circulación- las drogas, el juego y cosas por el estilo. El caso era que a pesar de la Globalización, y aquí empezaba la base de su raciocinio, en la Tierra no había alcohol ni drogas suficientes como para abastecer a todo el planeta, de forma que su repartición no era equitativa y mucho menos, justa. Los afortunados, consumían más de la cuenta, descartando todos los muertos por sobredosis que perecían por la Ley de Selección Natural, y el resto tenía que conformarse con el síndrome de abstinencia. De forma que tanto el exceso como el defecto, conducía a la humanidad a una ola de violencia que parecía no tener límite, y de la que en ese preciso instante estaba siendo una víctima inocente.

- ¿Habla español? ¿Do you speak spanish?

Su Teoría Adicciones – Causa/Efecto – Violencia sabía que no había sido estudiada en profundidad, aun así, le parecía más que razonable, y es más, para él era la única válida. Sentía la misma certeza que con la de la Relación directamente proporcional del aumento de nicotina con el del riego sanguíneo al cerebro, así como con la posibilidad de llevarla a Juicio alegando Enajenación mental, la misma que con su aportación a la sociología sobre el comportamiento del grupo marginal “drogadictos”. Exactamente la misma certeza de que iba a morir a manos de una yonki, ladrona y prostituta con el mono, porqué la vida no es justa, y sobre todo porqué no le quedaba ya más combustible a mano. Ya que puestos a poner a arder a la vecina que no había conocido un baño en su vida y al fascista del operario de la Estación, la que tenía en frente habría sido sin duda alguna, la menor de las tres pérdidas. Y de todas formas la diferencia entre doble y triple homicidio era mínima, puesto que se habría considerado involuntario por no haber habido premeditación.

Pero no le quedaba más gasolina, de hecho nunca había tenido la suficiente. Así que cuando vio que la chica se llevaba la mano al bolsillo del pijama desgastado, sólo fue consciente de que un nudo en el estómago empezaba a crecer en tamaño y temperatura, sintió como palidecía y comprendió que la última calada que había dado al cigarro antes de subir al tren, ya había sido completamente absorbida por su organismo, y que ya se le habrían cerrado todas las arterias que suben la sangre al cerebro. Y lo prefirió así. Al menos no sufriría dolor físico mientras la desalmada sin futuro le sacase los órganos, en el vagón vacío, con el bisturí que estaba sacándose del bolsillo, para venderlos en el Mercado Negro.

Y como a cámara lenta y sin oponer resistencia alguna ante la Ley de la Gravedad, cayó en un movimiento seco haciendo coincidir el ruido de la caída con el chasquido del mechero que encendía, en ese momento, el cigarro de la sorprendida joven por el extraño y silencioso tipo que acababa de desvanecerse delante de ella. Ignorando que junto a él también se habían desvanecido todas sus razonables teorías.

Se arrodilló junto a él y empezó a abofetearle con ternura para intentar reanimarle mientras daba sus primeras caladas al último cigarro de su cajetilla. ¿Por qué diablos se habría desmayado? El sueño le impedía pensar con claridad. ¿Sería narcoléptico a demás de mudo? ¿Habría sufrido el bajón de algún calmante? En todo caso parecía que el corazón le seguía latiendo. Le pareció que podía ser un violador y el desmayo una simple estrategia para acorralarla sin que le diese tiempo a salir corriendo. Sí, tenía cara de violador, respiraba como un obseso sexual. El vagón estaba desierto, el pasillo que daba paso al siguiente, vacío. El miedo le recorrió el cuerpo y se arrepintió de haberse acercado a ese hombre a pedirle la hora. Una mujer que viajaba sola tenía que tomar ciertas precauciones. No tendría que haber salido a fumar, éste podía ser su último cigarro. Paralizada, siguió arrodillada caminando hacia atrás sin perder al hombre de vista, a fin de cuentas podía aprovechar cualquier mínimo despiste para asaltarla. Los asesinos en serie proliferaban cada vez más ¿O serían los medios de comunicación los que cada vez le daban más bombo?...

9 comentarios:

عمَر dijo...

Extenso, sólo para lectores sin demasiada prisa, lo siento...

Stultifer dijo...

Vinimos dando una vuelta y encontramos tu blog. Decidimos otorgarte, tras un minucioso estudio, el prestigioso galardón al MEJOR BLOG DEL DÍA correspondiente al martes 24 de noviembre de 2009 en No sin mi cámara por los contenidos y matices. Visitanos y comenta con nosotros. Saludos cordiales.
Vamos, que nos ha gustado mucho y hemos querido acercarnos a ti.
Puedes colgar el Premio voluntariamente en tu blog.
Ya formas parte de la Orden del Stultifer de Oro.
Y si tienes una escalera, o fotografías una, mándanosla a edusiete@gmail.com y la publicamos inventándonos una historia.

Xim dijo...

Bueno, después de la sesión de rehabilitación de esta tarde me senté y leí detenidamente tu micronovela, lo resumiré en una sola frase:

"HACÍA MUCHO TIEMPO QUE NO DISFRUTABA TANTO DE LEER UNA HISTORIA COMO ÉSTA".

Y si lo he escrito en mayúsculas ha sido para señalar mi emoción y devoción... Eres un genio de los relatos Omarcito corazón!!!!

Besotes de los Grandes.

Ps. Por algo aposté por ti desde un principio, sé que no me equivocaba...

Xim

Xim dijo...

Ooops!!! se me olvidó decir que también me gustó el dibujo/acuarela, te salen preciosos, si es que estás hecho un artistazo!!!

Besotes again and again...

Xim

عمَر dijo...

Muchas gracias Stultifer, prometo fotografiar una escalera. Este domingo hemos quedado en un convento para una serie de acciones culturales, performances, sesión de fotos, etc... Y tengo localizada una que creo puede interesarte... Málaga me ha albergado durante 5 años, y es la ciudad en la que nació el blog, un experimento tras un taller literario, así que el premio se acoge con cariño.

Xim, qué decirte... Siempre tan generoso conmigo. Sin pereza lectora, con una sensibilidad extraordinaria para captar el fondo de lo que se desea transmitir, tan visual apreciando fotos y bocetos como ensimismado en mis textos en ocasiones laberínticos... Es una gozada que me leas, y un premio que me disfrutes.

Me muevo en el relato porque me siento más cómodo, seguramente sea mi medio de transporte favorito, aunque prefiero no prescindir del resto... ¿Una máxima? Seguir disfrutando de lo que escribo... Me ruborizo con los cumplidos, pero creo que el compartir es indispensable dentro del proceso creativo, y si se aprecia pues Narciso se pone contento, aunque me sigue sorprendiendo, la verdad.
Los besos no te los devuelvo, prefiero quedármelos, en contrapartida te envío otros más fríos, en temperatura, pero sólo para que lleguen intactos a la isla.

Xim dijo...

Besos fríos aceptados porque me acuerdo bien de aquel título de la película de Fassbinder titulada "El amor es más frío que la muerte", pedazo frase joder!!!! Yo también creo que los relatos son lo tuyo, te juro y repito por mis muelas que he disfrutado como nunca, sin palabras aquel pobre hombre lo dijo todo!!!
Muy bueno de verdad, sobre todo las descripciones del mudo analizando las posibilidades de aquella mujer...
Todo un ejercicio de virtuosísmo lírico que te ensalza entre los mejores blogueros que suelo leer, sí señor, así se escribe...

Besotes cálidos y húmedos desde el Mediterráneo!!!

Xim

TUT dijo...

Omar: Lo tuyo siempre hay que leerlo lentamente, saborearlo, comprenderlo, pero esto tan largo me obliga a imprimirlo, para leerlo tranquilamente y luego ya te diré lo que me ha parecido. No es ninguna crítica, al contrario, me gusta que te extiendas.

Un besazo.

Argax dijo...

Uno, no te disculpes por la extensión de tus textos. Bien es cierto que este médio no cuadra mucho con la calma y el sosiego. Pero los que apreciamos la literatura siempre encontramos esos ratos para dedicar a las historias que nada tienen que ver con los fogonazos que suelen habitar estos sitios.

Dos, muy buen texto, el rítmo a mi me parece impecable. Me hizo pensar en eso de no ver la viga en el ojo propio.

Lo disfruté, obviamente con un cigarrillo en la mano, que me duró toda la lectura...

TUT dijo...

Tengo una duda razonable, ¿ se puede saber que coño haces no dedicándote de lleno a escribir ?.
Me has hecho sentir la nausea de la pestilente mujer del sombrero, de la imperiosa necesidad de fumar ( aunque lo dejé hace tiempo ), de querer pegarle fuego al vagón con todos sus ocupantes. He visto a la anoréxica-drogadista dándole de hostias en el suelo y como se retira muerta de miedo ante el hipotético asesino ens serie.
Un besazo mi amigo escribidor.