Hacía tiempo que no me la chupaban con tanto interés. El chaval tendría unos veinte años, rubio, lampiño, algo bajito, eso sí, pero el perfecto protagonista de una porno estudiantil, y es que a cuatro patas la altura importaba más bien poco. Mi atractivo no es desbordante. Tengo algo de barriga y las arrugas se me marcan dándome quince años más de los cumplidos, pero en zonas oscuras una buena polla y una botellita de popper lo son todo, y me aseguran la entrada al paraíso de los efebos imberbes de culitos afeitados. Así que no suelo tener demasiados problemas para encontrar plan siempre que me apetece. Llevaba una semana sin follar, más que a través de los grandes éxitos de Kamil Fox, por lo que estaba tan cachondo que a pesar de las horas intempestivas, decidí cambiar la pantalla del ordenador por la luna del coche y lanzarme a la calle. Venir a la zona del puerto siempre es una buena idea, por los aparcamientos suelen abundar los niñatos, chaperos en su mayoría, pero siempre hay alguno dispuesto a entregarse por un poco de limpiacabezales.
Incorporo la cabeza para esnifar un poco y acerco la del rubiales tapándole un orificio de la nariz y poniéndole la botella en el otro para que haga lo mismo. Me sonríe agradecido y continúa a sus labores. En el momento álgido del subidón, dónde un hombre no es más que él y su polla, flotando a través del placer como un condón usado en el inodoro, que por mucho que se tire de la cadena se resiste a bajar a las cloacas, va y suena el teléfono. Tiro mentalmente de la cadena unas cuantas veces hasta que acabo bajando a tierra.
- Corazones perdidos.
- ¿Comes?
- No, no, tú sigue, esto no va contigo.- le digo al rubio que hace un amago de parar.
- ¿Te pillo en un mal momento? Es que llevo una hora llamándote a la oficina y no hay forma de localizarte.
- Tranquila Robles. Puedo atenderte. ¿Qué quieres?
- ¿Te podrías pasar por comisaría? Es urgente.
- Me corro y tiro para allá.
- Eres un cerdo, Comes. “Tú sigue...”, Eres un puto cerdo...
- ¿Qué quieres? Cada uno es como es. A ti te ha tocado ser una bollera reprimida y se te aguanta.
- Vete a la mierda Comes. No tardes porqué es realmente importante. Estás metido en un lío de los grandes.
- ¿Y no me puedes dar un avance?
- ¿Mientras te la chupa un desconocido, y por teléfono? Ni de coña, es un tema serio... No tardes, por favor.
- Dame media hora y estoy ahí.
El rendimiento de mi Barbie Hermandad Universitaria había bajado considerablemente, imagino que el móvil había hecho que perdiese la concentración, y eso que la llamada no era para él. Para acelerar el proceso, ya que no tenía ni la más mínima intención de que saliese del coche hasta que me hubiese exprimido del todo, le di un poco más de popper y para no sufrir de envidia me metí también un par de tiritos. Desde las nubes, mi corrida fue tan intensa que pensé que podía quedarme pillado para siempre. Lo cierto era que tenía que bajar el ritmo con esa droga, tanta felicidad no podía ser buena. Aún me acuerdo de Jaime, el francés, cuando en los noventa estaba de moda meterse sin parar en las discotecas, el pobre se acabó creyendo cuervo y aún está en una de esas instituciones chungas. Aunque si lo pensaba fríamente, mejor dejarlo para otra vida, sí, porqué en ésta ya tenía el organismo tan lleno de mierda que una más o menos tampoco podía influir en exceso.
Arranco el coche, a penas el rubito y su boca bajan por la puerta del acompañante y meto el CD Never Mind the Bollocks, Here's the Sex Pistols. Buena banda sonora post-orgásmica. Me alejo del puerto y el móvil vuelve a sonar. Puta Robles.
- Corazones perdidos.
- Disculpe las horas pero es que estamos muy preocupados.- bajo la música y paro el coche en doble fila.
- No se preocupe. Por algo pongo el número de móvil en el anuncio. ¿En qué puedo ayudarle?- mi mejor sonrisa telefónica para un potencial cliente.
- Es nuestro hijo. Hace semanas que no nos habla, y un amigo de mi marido nos dijo que tal vez usted podría ayudarnos.
- ¿Pero están seguros de que es por el corazón?
- Yo no entiendo mucho de estas cosas, verá. Me casé con mi marido y no he estado nunca con ningún otro hombre.
- Pues ya lo lamento, señora. No sabe lo que se pierde. De todas formas tendría que hablar con el chico, hacerle una serie de pruebas, rellenar unos informes antes de aceptar el caso...
- Como le decía no nos dirige la palabra y se niega a salir de casa, está encerrado en su cuarto. ¿Habría alguna posibilidad de que se pasase usted por casa a verlo?
- Si no hay otro remedio... Llámeme por la mañana y concertamos una cita si le parece...
- De verdad que es muy urgente. Y por supuesto, estamos dispuestos a gratificarle en consecuencia. ¿Podría venir ahora mismo?
Puta urgencia de los cojones. Robles, y ahora una ama de casa, seguramente malfollada. El caso es que me acabó convenciendo, y es que en el fondo soy un alma débil sobre todo cuando se me gratifica en consecuencia. Mi antigua compañera de la Policía Racional tendría que esperar. Como ya la conocía, le envié un mensaje de texto excusándome por tener un caso y apagué el móvil para que no me diese por culo. Ya la llamaría en cuanto hubiese calmado a la feliz familia desestructurada que estaba a punto de encontrar. Paro el coche en un callejón para hacerme una raya rápida, porqué imagino que lo de dormir, vistos los últimos acontecimientos, no podré disfrutarlo hasta dentro de muchas horas.
Así que a los cinco minutos de entrar al barrio, y como me ocurría siempre en las zonas residenciales, unos amables guardias de seguridad, a los que me habría follado sin reparos pero con uniformes, me acabaron indicando el camino tras convencerles de que no tenía ninguna intención de robar ni de secuestrar a ningún residente. Una vez en la puerta, reconocí fácilmente la casa, una mansión recargada de las cutres que aparecen en el canal Playboy, con esculturas apiladas como en un almacén, setos recortados con formas redondeadas, el escudo de la familia y una talla en piedra donde se leía “Gure Hametsa” (nuestro sueño en euskera con una h de más), tal y como me había indicado la Señora Ealmann en nuestra conversación.
En cuanto llamo al timbre, sale una ecuatoriana con uniforme y cofia a recibirme. Nuevos ricos, seguro. Me lleva a una sala de reuniones con una mesa gigantesca y me ofrece algo de beber mientras espero. Por supuesto le pido un whisky.
El plan de situación era el siguiente. El hijo, Fede, de diecisiete años, era estudiante de segundo de Bachillerato en un instituto privado de la zona. El año pasado, al parecer había estado flirteando y pajeándose con un compañero en el viaje de fin de curso, unos campamentos de disciplina militar organizados anualmente para los alumnos, cada vez en un sitio distinto, y sus padres, junto a la Dirección del Centro, le habían acabado llevando a una Clínica de Barcelona para curarle las taras y reeducarle. En cuanto al otro chico, le habían expulsado del Colegio. Imagino que la visión de un par de pollas ensambladas en una Institución Privada de su reputación habría causado un gran revuelo. Putos pijos, como si ellos no se hiciesen pajas pensando en cosas más aberrantes.
El curso lo había empezado bien, y tras el primer trimestre, el chico había cambiado radicalmente. Ni en el Colegio ni en casa sabían a qué podía ser debido. Había dejado de hablar con todo el mundo, y la última semana no había salido de su habitación. La preocupación de los padres principalmente residía en que Fede estaba a punto de perder el curso, e iba a tener que acabar repitiendo, lo de encontrar su corazón, no era más que un medio para llegar a tiempo al fin último, la selectividad en junio. Cretinos. Pero el que paga manda.
La investigación parecía sencilla. Tras examinar al chaval y asegurarme de que realmente tenía el pecho hueco, tenía que hacerme con todas las pruebas médicas de la clínica barcelonesa y pasarme al trabajo de campo, entre colegialas con coletas luciendo carpetas forradas con fotos de los descafeinados Jonas Brothers, y friquis inadaptados de gafas de pasta con una timidez superior al mayor tamaño de sus pollas. Una época que detestaba, y que parecía haber borrado de mi existencia no venerando jamás otra edad que la que todavía no había cumplido, sin pensar nunca en la patética insignia de que “otros tiempos siempre fueron mejores”.
Me voy a casa con varios informes rellenos, documentación facilitada por los padres, y los primeros pasos a seguir ya ordenados en mi cabeza. Y antes de tomar una ducha consulto el correo. Tres urgentes de la agente Robles, que ni abriré hasta el día siguiente y varias suscripciones a páginas porno y webcams en vivo que también tendrán que esperar. Me quito la camiseta de Sociedad Alcohólica, que procede de un intercambio en unas fiestas que ni recuerdo, y los pantalones vaqueros con los bajos carcomidos. Me pongo una de porno de cowboys. Es curioso como el jefe del fuerte se folla a uno de sus oficiales mientras retuerce las pinzas de madera que pellizcan sus pezones. No estoy seguro de que existiesen las pinzas de ropa en esa época, pero habrá que ceder una cierta licencia poética al director, a demás de probarlo, siempre se abren horizontes con este tipo de cine. Me corro mientras tres vaqueros empiezan a magrearse dentro de una cuadra. Me pongo una rayita post-esfuerzo y me dirijo a la ducha pensando en como podré conseguir información de la Clínica de desmariconización.
A través de un ex-cliente colgado al que su hermano también le había llevado a la misma clínica, contacté con una enfermera que se oponía a los tratamientos medievales de ese tipo, y me acabó facilitando por mail todos los informes referentes al paciente Federico Ealmann.
En los datos recibidos no había ninguno relevante que pudiese ayudarme. Los médicos describían con detalle las diferentes atrocidades que realizaban allí con los pacientes. Los psicológicos lo perfilaban como un joven dócil e influenciable y por lo tanto colaborativo y dispuesto al cambio. Los informes de alta daban a entender que Federico Ealmann había superado su periodo de reeducación con éxito, y que podía ser reinsertado a la sociedad con plena normalidad, con la firma unánime de todo el équipo que lo había tratado y que sellaba un diagnóstico irrefutable. Putos zumbados.
En la Ciudad Condal, no se había quedado a pesar de que por poco se lo arrebatan a ostias. Y en las primeras pruebas de ingreso a su instituto, los electrocardiogramas daban unos resultados normales junto al resto de pruebas médicas realizadas. Así que de momento no había de dónde rascar.
Me esperaba una larga mañana, así que me metí un par de rayas más y me fui a inspeccionar los alrededores del Instituto para ver si encontraba alguna pista.
Los marcadores me decían que su corazón no se encontraba en las inmediaciones, así que ya sólo quedaba mi encanto personal. Hoy por lo menos iba decente, una camiseta de tirantes sin churretes y una cazadora adidas de las viejas, que es tan estrecha que no me la puedo abrochar por culpa de la barriga. Estoy afeitado. Soy un hombre decente, adulto y responsable.
Conozco al jefe de estudios, el Señor Morell, un hombre estricto pero agradable, que me facilita el expediente académico de Fede. Todo empieza a flojear en el mes de noviembre, pero no se cierra en banda hasta después de navidades.
Me entrevisto con todos sus compañeros de clase. Un desfile de clones de animadora y de melenudos con el flequillo hacia un lado de los fabricados en serie, con los pantalones por debajo del culo y los calzoncillos de tela de cuadros marcando glúteos. Todos lo definen como a alguien introvertido y muy reservado. Nadie resalta el incidente de los Campamentos del año anterior, así que la escuela supo maquinar lo suficiente como para acallar el suceso y que no llegase a los alumnos. Un plan retorcido pero interesante, como el pezón en la pinza del oficial que confunde sus gritos de dolor y de placer.
Consigo ver después de clase a cada uno de sus profesores y únicamente me motivan el de Literatura y la de Gimnasia, a la que acabo destapando como a la sorprendida descubridora de los dos amantes furtivos, y consiguiente delatadora oficial de los hechos ante el resto de profesorado. Es fría en sus descripciones, no expresa la más mínima emoción mientras habla, se rige por unas normas y cualquier consecuencia de las mismas le parece lógica, no le plantea ni la más mínima duda. Es imposible que se trate de mi ladrona, porqué para qué iba a querer robar uno, si no podía estar motivada por el que a ella misma le faltaba. Y es que entre seres sin corazón nos reconocemos casi en el acto, quizás por el hecho de que en nuestras conversaciones no existen las interferencias de los latidos, o por el hecho de que los huecos del pecho se atraigan delatándonos al vuelo. Definitivamente no podía relegarla más que a potencial clienta en un futuro remoto en el que mi expansión comercial incluyese a bolleras profesoras de gimnasia, o incluso a reprimidas Policías Racionales. Así, tal vez dejaría de recibir las llamadas de Robles, que no me atrevía ni a contar mentalmente mientras permanecía con el móvil apagado.
Las notas de Fede en Literatura eran brillantes. La mariquita estirada y cincuentona que además era su tutora, me detestó desde el principio, eso por no haberme visto desnudo. Estaba convencido de que él sí tenía corazón pero de que se le habría podrido hacía tiempo, en alguno de sus últimos liftings. Había sido, sin embargo la única persona del claustro que votó a favor de no tomar represalias tras el incidente del viaje de fin de curso, como las que acabarían llevando a ingresar a Fede a la Clínica Nazi y al otro chaval a ser expulsado de la escuela. Aunque eso no le diese puntos, por no ser más que una reivindicación egoísta. ¿De verdad podía haber alguien en ese Instituto que se pensase que era hetero? Me costaba creerlo, y mucho, pero los caminos de los pijos son inescrutables.
Me dijo que el primer suspenso de su reciente trayectoria había sido justamente en su asignatura, lo que yo ya había verificado en su expediente, en el examen dedicado a los Poetas Malditos. Absenta y hachís, libertad y sufrimiento. Palabras y más palabras. Y estaba convencido que podía haber estado experimentando con las drogas, lo que yo ya había descartado al disponer de los resultados de las Revisiones Médicas Trimestrales, con un negativo decepcionante en tóxicos. En septiembre y enero con igual suerte, habiendo una única diferencia, la que más me interesaba, y es que en el último, ya se detecta la primera ausencia de pulso.
Le pregunto por su autor favorito y sin dudar me dice que Rimbaud fue el primero en fascinarle, lo que le extrañaba en exceso, sobre todo teniendo en cuenta que en el examen de noviembre, no había contestado a ninguna de las preguntas referentes al poeta.
Putos niñatos, y es que con esos profesores y los padres que le tocaban a cada uno, era imposible no salir retrasado. Me alegraba de pertenecer a una generación anterior, sin padres y autodidacta.
Con varias carpetas con toda la información recogida de Fede y la cabeza hirviendo, me dirijo a mi piso para ordenar las ideas que me superan.
Me sirvo un whisky y me preparo una clencha. Me apetecería escuchar algo de música, pero se me han jodido los altavoces, así que me pongo otro ratito la de vaqueros, el mejor cine porno mudo, para disfrutar de la orgía final con los indígenas. Arcos, fusiles, flechas, gorros de ala ancha y botas de montar, todo muy tópico, pero con pollas de infarto y culos apetecibles. Toros mecánicos en los que los indios se enculan con los papiros de los tratados de paz firmados, mientras los caballos corren libres por el fuerte, entre mamadas y bukkakes que los oficiales se regalan alrededor de hogueras. Un paraíso que ni en Bailando con Lobos, ya le habría molado al Costner, seguro. Me corro con los títulos de crédito, y entre los claros de mi esperma brilla una luz intensa. Sólo hay una posibilidad, y únicamente podía estar escrita en las bronceadas vergas que me habían acabado mostrando la solución.
Se me ha acabado la coca. Necesito estar despierto y recuerdo que en la cocina aún me queda una caja con bombetas de speed. Me tomo un par y llamo a la familia Ealmann para preguntarles por la cartera con las cosas de Fede. Me comentan que la acostumbra a dejar en el gimnasio para no cargarla hasta casa. Cuando me dice que se encuentra a dos manzanas del instituto, entiendo porqué no ha saltado mi detector de corazones con las características del de Fede, y me cago mil veces en la profesora de Gimnasia, por no haberme dado esa información, menuda zorra. Tampoco podía saber que necesitaban otro puto gimnasio además del de la escuela, no hay nada como tener pasta. Me dirijo a las instalaciones deportivas a toda ostia mientras escucho Anarchy in the UK, para qué cambiar el disco, si el tema es de puta madre. Rompo la cadena de la verja de la entrada, con unas tenazas de podador que llevo siempre en el coche, menuda mierda de seguridad que tienen los del Centro, y me adentro para corroborar mis sospechas.
Accedo al edificio por una puerta de incendios semi-abierta y me dirijo a los vestuarios. Con la ayuda de mi mechero linterna busco la taquilla con su nombre, F. EALMANN, y saco su cartera, que como la de todos los adolescentes, pesa una tonelada.
Echo un vistazo entre calzoncillos sucios y bolígrafos destapados y sueltos, y saco las libretas y los libros de texto hasta que doy con lo que busco. La Antología Poética de Rimbaud, su autor favorito. No necesito volver a sacar el detector, me limito a abrir el libro de bolsillo por la página en la que tiene puesto el marcador. Y en medio de un poema, lo advierto latiendo ahogado. Leo la página, al parecer de una carta a un antiguo profesor, un tal Izambard. Y cuando la acabo me quedo pensando en la afirmación que aparece de que “yo es otro”, curiosa, al fin y al cabo quién podía llegar a afirmar ser él mismo. No me parece tan descabellado que su corazón haya decidido quedarse entre esas palabras.
Las luces se encienden de repente, mientras oigo los chasquidos de los seguros de unas cuantas armas que me están apuntando.
- Maldito hijo puta.- dice Robles realmente cabreada.- Llevo todo el día buscándote como una cabrona. Ni se te ocurra abrir la boca. Tienes a medio departamento movilizado en tu busca. Mis agentes te han seguido hasta aquí. Está bien, bajen las armas, no hay ningún peligro.
- ¿Pero cómo te atreves...?
- Calla, gilipollas. Que no estoy haciendo otra cosa que ayudarte. Escucha y cierra esa maldita boca por una puta vez. Llevamos semanas siguiéndole la pista a un supuesto asesino en serie. Y hasta ahora la única conexión que teníamos era contigo, ya que varias de las víctimas han sido clientes tuyos.
- Joder, Robles. Parece grande, sí. Pero de todas formas tengo que acabar este asunto. Acabo de resolver un caso y tengo que transmitírselo al cliente. Bueno, a sus padres. Te dije que te llamaría.
- De eso quería hablarte precisamente. Hoy que justamente decides pasar de mi culo, aún diciéndote que quería verte para salvar el tuyo, ha avanzado a marchas forzadas la investigación que llevábamos a cabo.
- ¿De qué coño me estás hablando?
- Cierra esa sucia boca. Para empezar te diré que tu último cliente, un tal Sr. Ortiz está en cuidados intensivos tras haberle robado el corazón. No creo que lo supere como no encuentre pronto un donante.
- No me jodas...
- ¿Cuántas veces te tengo que decir que te calles, joder? Y ha habido un nuevo intento de asesinato esta misma noche al niñato al que le tienes que entregar ese paquete.- dice señalando el corazón que ahora late entre mis manos.- Así que acaba de pasar al programa de protección de testigos.- ¿Y ahora no hablas, cabrón? ¿No tienes nada recurrente con lo que interrumpirme?
Intentos de asesinato, robo de corazones, asesinos en serie, programa de protección de testigos. Joder. ¿Pero de qué coño iba todo esto? Yo que me había hecho detective de un campo tranquilo en el que pudiese trabajar a mi aire. Sin prisas, sin tiroteos. Mierda, ya no recordaba cuantas noches llevaba sin dormir, y lo peor de todo era que empezaba a subirme el speed y entre eso y el desorden mental del exceso de datos, no podía concentrarme. Lo primero era lo primero, tenía que entregarle a Fede su corazón, también le llevaría el libro, Robles tenía que darme toda la información referente a su caso, y por último pasaría por casa a cambiarme. No, primero pasaría por casa. Sí, sólo algo de porno podía tranquilizarme en ese momento, y Robles conociéndome me entendería, aunque tuviese que escoltarme hasta el ordenador.
trío de corazones
trío de corazones I: Mario Comes. Investigador

7 comentarios:
Esta novela de suspense cuyo protagonista es el inspector Mario Comes, me tiene muy intrigado, ¿ será capaz de descubrir al ladrón de corzones ?...en el siguiente capítulo lo sabremos ¿ o no ?.
Omar, eres la leche, te atreves con todo.
Un besazo.
Ah¡ y gracias por los consejos sobre mi blog, pero amigo, se mis limitaciones y que lo mío es otra cosa, pero me lo paso bien contando viajes o historietas sin ninguna pretensión literaria, si a alguien le gusta estupendo y ya está. Algunos servís para esto, pero la mayoría no ni lo pretendemos.
Me tienes enganchado a la historia!
el señor comes me produce rechazo y atracción a partes iguales :/
enhorabuena!
espero la tercera
Todo un personaje, Ahora acabo de terminar de leer a Welsh y tu texto me lo recuerda.
Y encima la trama es adictiva. Siempre me resultó difícil escribir al estilo "cani", ya sabes, expresiones de la calle, conversaciones soeces tipo tarantino, así que me tiene fascinado también lo bien que lo haces.
Espero el cierre del trio.
Un saludo.
jejeje cierro saga, así q cerraré historia... el ejercicio mental era por una parte jugar con el pulp, novela negra barata y por entregas, y por otra darle vida a un personaje con el q no me identificase demasiado, (y al q no me tiraría) lo q ocurre es q incluso a esos se acaba uno enganchando... así q sí pienso resolver al menos las dos tramas abiertas... pero ya sabes q en ninguno de mis cuentos hay jamás finales muy cerrados... me alegro mucho de q sigas intrigado, tut... XD por cierto, lo q te he ido poniendo en el blog es pq así lo siento, y efectivamente sí q veo calidad en tus crónicas... yo tpco me atrevo a lanzarme al campo editorial, así q te comprendo... besos grandes...
mi jesuso, q alegría leerte por aquí... no sabes cuanto me alegro de q te cueste decidirte entre el rechazo y la atracción... a mí me pasa lo mismo mientras lo imagino... gracias por tus palabras, pichita... a lo mejor te saco del coma y todo!! XD
joder Argax, me encantan welsh, easton ellis, y sobre todo bukowski, el jefe de todo esto.. soy fan de cola y el último q leí, el de éxtasis, me gustó pero sobre el tema y tb en relatos me quedo con el gabacho de "relatos bajo los efectos del éxtasis" de beigbeder... el realismo sucio es siempre una buena herramienta, y la decadencia uno de mis fetiches... lo q siempre preocupa en este tipo de diálogos es q al final resulten creíbles... y la putada es q siempre después de leerlos se ven mejorables. yo personalmente me olvido de la literatura, al fin y al cabo, las palabrotas acostumbran a repetirse en una misma conversación y las faltas de estilo son necesarias... pero en fin, no hago otra cosa q experimentar... me alegro mucho de q te guste, y agradezco tus palabras. un abrazo
¡Muy bueno! Sumamente atrapante...sabés cómo hacerlo y eso es lo que maravilla.
Ladrón de corazones...eso es lo que es bello: Tratar de entregar los que laten, a sus dueños.
Vos y Comes, son antológicos querido amigo.
Te beso y te felicito.
Adoro a Comes desde el principio porque presiento mucho de ti en el personaje, je, je, je, je... los que tenemos madera de escritor a veces nos confundimos con los personajes en las historias, y otras, nos creemos ellos en la vida real, ¿no te pasa?... a mí sí por supuesto...
beXotes y FelicidadeX again & again
X
gracias por tus palabras, cleo... intento darle un toque poético con lo de los corazones, pq entre tanta suciedad siempre hay algo bueno, además de que me parece un equilibrio divertido... me alegro mucho de q te guste... besitos otoñales
jejeje, q voy a contarte xim... en cierta manera comes tiene todos mis defectos pero con mayores habilidades... sí, al principio es fácil dominarlos, la putada es que solitos cobran vida... es increíble la de tacos y bromas sexuales que me salían mientras estaba inmerso en la historia... llevando a comes a la vida real, para q tomase un poco el aire...
te enganchas con todos y todos tienen un pedazo de ti... supongo q son las partes con las que no coincidimos de nuestros personajes las q nos poseen en nuestra vida real. o al menos es una poética forma de verlo...
me gusta q te guste comes.
besos y sonrisas
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