jueves, 18 de febrero de 2010

LA ENVIDIA DEL DIÁLOGO

Excepcionalmente haré una pequeña introducción para el presente texto.

Cuando creé el blog y a pesar de haberlo tenido más que muerto durante algún tiempo, fue con la idea original de publicar "Los Siete Diálogos Capitales y otras Satisficciones", empezando por la Soberbia, uno de mis pecados favoritos, y continuando con la incorporación a cuenta gotas de determinados relatos, casi siempre sin pulir. El primero de los textos es de marzo del 2006.

Dejo enlace por si interesa la lectura, haciendo la puntualización (comercial) de que se trata del más corto de los siete.

LA SOBERBIA DEL DIÁLOGO


El formato de alguno de los textos es de libreto, sin especificaciones posturales ni de localización, tampoco existen anotaciones del narrador, por lo que no pretenden ser obras teatrales, aunque se asemejen en forma.

Dicho lo dicho, dejo el texto. Feliz lectura.



ACTO 1

-Hola. Soy yo. Virginia.
-Si sigues repitiéndolo tal vez acabe por creerte.
-Virginia. Soy Virginia.
-Sólo te falta el espejo y una sonrisa forzada.
-Hola. Estoy sola. Esto no me está sucediendo a mí.
-¿Has probado a abrir los ojos? Tal vez sea sólo un sueño...
-Virginia. Me llamo Virginia. Esta es mi voz. La única que suena.
-“Virginia, Virginia, me llamo Virginia”...
-No. Yo me llamo Virginia y estoy sola.
-Sabes que no es cierto. Es la primera vez que te diriges a mí, pero ya eras consciente de que yo estaba contigo.
-¡Dios mío! ¡Esto no me está pasando!
-Virginia. Esto te está ocurriendo a ti, por supuesto que sí. Y deja de repetir esa fastidiosa frase, por favor, me aburres...
-Virginia, soy Virginia...
-Sí. Y también te agradecería que dejases de repetir tu nombre. Resulta cansino.
-Pero si es lo único que tengo...
-Deja de engañarte. También me tienes a mí. Madura.
-Soy Virginia. Oigo voces. Empiezo a enloquecer...
-Entonces, sí que estamos mal, sí señor...
-Quiero que paren. Estoy sola.
-Además de aburrida, maleducada.
-Soy incapaz de discernir entre la realidad y la imaginación.
-Eso se llama locura, en ello te doy la razón. Aunque francamente no entiendo por qué lo dices.
-Estoy sola. Soy Virginia.
-Locura, no soledad. ¿También tenemos problemas con el lenguaje?
-Sólo tengo que abrir los ojos.
-¿Y de coordinación de los músculos faciales?
-¡Abre los ojos, Virginia!
-Ahora estamos de acuerdo en algo, cuando alguien se habla en segunda persona, muy bueno no es. Pensaba que repetías tu nombre, cuestión de autoreafirmarte, pero ahora veo porqué estás tan preocupada.

ACTO 2

-La voz de la cordura me abandona...
-¡Uy! ¿También estaba con nosotras?
-Se aleja...
-¿Y ni siquiera nos presentas?
-Huye...
-No me digas que también puedes verla... Estás peor de lo que pensaba...
-Ahora ya estoy perdida.
-¡De perdidas, al río!
-La voz de la locura reclama mi exterminio...
-Ella es nueva. ¿También puedes verla?
-¡Quiero que se vaya! Sólo basta con abrir los ojos...
-¿Y ya estaba en la habitación con nosotras cuando se fue la de la cordura? Realmente es una rabia, me hubiera gustado tanto conocerla... Dicen que es muy simpática aunque algo bobalicona. -Al menos tendré el honor de conocer a esta última, espero...
-Por favor. Para de martirizarme. Sé que no eres real. Sólo te pido que te vayas...
-¿Sin conocer a la recién llegada? ¡Ni hablar!
-¡Qué descaro!
-Qué menos que una presentación en toda regla, Virginia...
-¿Una presentación? ¿Me tomas el pelo?
-No. Se llama protocolo. Aunque me gusta más la forma gala, politesse...
-La voz de la locura me pide una presentación consigo misma...
-Y ahora osa insultarme. ¿Pero no habíamos quedado en que la loca eras tú? Si será cierto al final. ¿O tal vez se trate de una artimaña para no presentarme a su nueva amiga?
-No hay presentaciones.
-Eres una antisocial, Virginia.
-Estoy sola. En una habitación con la puerta cerrada. A oscuras...
-Y una lunática egoísta.
-Puedo controlar mis propias voces.
-Me estás haciendo un lío, Virginia. Al final ¿Cuántas somos en la habitación? Tu plural confunde. -Quizás esté en una convención de féminas y no sea consciente de ello...
-Tú no existes, no estás conmigo.
-Sabes que sí.
-Estás en mi interior.
-Y ahora llegan las contradicciones. Estás, no estás, estás dentro, fuera, bla, bla, bla...
-En mi cabeza.
-No te niegues a la evidencia, sabes de sobra que ese no es el sitio en el que verdaderamente estoy. No te engañes, Virginia.
-Sólo eres una voz que retumba en mis oídos.
-¡Y yo sin saberlo!

ACTO 3

-¡Vete! Abandona mi alma...
-Los exorcismos ya están pasados de moda... Ahora le sale la vena católica... ¿Y para qué iba a querer yo tu alma?
-Deja de formar parte de mí.
-Tiempo al tiempo, Virginia.
-Abandona mi cuerpo.
-Por fin algo sensato. Lo primero de la tarde.
-Deja de poseerme.
-La lucidez ya duraba demasiado. ¿Poseerte dices? Qué mente tan sucia. ¿Así te atreves a definirme?
-Ni te conozco.
-¿Y tú me creaste? ¡Qué decepción!
-Yo no he creado nada. No soy responsable de las voces que me llegan.
-En eso también estamos de acuerdo. Responsable, lo que se dice responsable, pues no, la verdad es que no lo eres. Por lo menos coincidimos de nuevo.
-Yo no tengo nada en común contigo. Sal de mí.
-Te he dicho que eso es sensato, no que vaya a resultar sencillo.
-La locura apela a la sensatez, y filosofa sobre las dificultades...
-No soy la pérdida de raciocinio, o sí, según se mire, pero en todo caso sería la tuya. Si digo que es sensato es simplemente porque resulta factible, no por considerar a la sensatez como a una de tus virtudes.
-Pues si es posible, ¡hazlo! ¡vete!
-Te vuelvo a repetir que no es fácil. Sólo tú puedes echarme, pero para eso se necesita valentía, no tan solo palabras desordenadas.
-¿De nuevo vas a proponerme el suicidio?
-Tergiversar palabras ajenas parece ser uno de tus dones, sin embargo, tienes razón en que con mi muerte acontecería la mía. Pero seamos realistas, Virginia, si no tienes agallas para echarme, ¿crees realmente posible tener las suficientes como para acabar con tu vida?
-No quiero morir.
-Ni yo tampoco.
-Pero tienes que irte, aunque eso signifique tu muerte.
-¿Y por qué no mueres tú y yo me quedo? Si lo que quieres es no estar conmigo, eso también sería una solución. Y una lástima, la verdad...
-¡Gozo el mío!

ACTO 4

-No seas exagerada. Hace años que ignoras el significado de esa palabra.
-No hace tanto tiempo que me conoces.
-Por supuesto que no. Estaríamos igual de locas.
-Eres cruel.
-Sólo repito tus conclusiones.
-Tú no sabes nada de la felicidad de las personas.
-Es cierto. Pero me basta con saber de la carencia de la tuya para decir que desconoces el significado del gozo, con conocimiento de causa.
-Soy feliz.
-Puedes hacer como con tu nombre, repetírtelo mil veces hasta que te lo creas. En ocasiones hasta funciona. ¿Has oído hablar del efecto placebo?
-Tengo un trabajo...
-...qué odias.
-Una familia...
-...a la que no ves nunca.
-Eres una mentirosa. También tengo un montón de amigos.
-Sí, claro. Cuya lista se limita a mí, sin contar las otras voces de las que hablas. Interesante vida social, sí señor.
-Un novio.
-¿Y a mí me llamas mentirosa? ¡Qué desfachatez!
-Tengo una relación.
-¡Descarada! ¿Al revolcón de hace tres meses le llamas “pareja”?
-No sabes nada del amor.
-Lo suficiente como para saber que no lo tienes.
-¿Mi vida es una mierda? ¿Es lo que intentas decirme?
-¿Y me lo preguntas a mí? Yo solo pongo las comas a lo que dices, acabo tus frases, pero no hago afirmaciones absolutas.
-Dices en tono seguro que no conozco la felicidad...
-Únicamente cuando aseguras tenerla.
-Que no tengo amigos, ni compañeros...
-Por qué aunque intentes creártelos, no es cierto que existan.
-Que odio mi trabajo...
-Puesto que es cierto. ¿Y qué hay de malo en ello?
-Estar encerrada ocho horas diarias en una cárcel blanca de tareas repetitivas ¿tendría que gustarme, según tú?
-Otras personas sobreviven.
-Yo estoy aquí.
-Y lo hacen sin lamentarse.
-¿Tendré derecho a dar mi opinión?
-De opiniones sin futuro está lleno el cementerio...
-¿Mejor morir que trabajar?
-Simplemente digo que es más provechoso, históricamente hablando, pasar a la acción que anclarse en la queja.
-¿Cambiaría mi vida si lo hiciese de trabajo?
-Seguirá siendo igual de gris si no lo haces nunca.
-¿Y el amor? ¿También soy yo la responsable?
-¿Por ser incapaz de sentirlo, te refieres?
-Tienes razón, todo es culpa mía.
-Al fin y al cabo es tu vida.
-Soy responsable de todo lo que me sucede.

ACTO 5

-¿Ha llegado la hora del juicio final, o lo ha hecho el final de la hora del juicio?
-Mi juicio se fue cuando tú llegaste.
-Te vuelves a engañar. Cuando vine, él ya se había ido hacía tiempo. De poco me habría servido que aún estuviese, supongo que tampoco me lo habrías presentado, como hiciste con las otras voces. Nunca fuiste una buena relaciones públicas.
-Eso es una afirmación rotunda, de las que dices no hacer nunca.
-Acabo de hacer una constatación de un hecho concreto que he tenido el infortunio de vivir en mis propias carnes.
-¿Ahora también vives?
-Nunca he dejado de hacerlo, Virginia.
-¿Siempre has estado conmigo?
-No soy tu locura, Virginia. A diferencia tuya, tengo un elevado respeto por las normas de educación y cortesía, por lo que sólo vengo cuando me invitan.
-Pero no te vas cuando te lo piden.
-Ya te he dicho que el acto es más efectivo que la palabra.
-Pues en la palabra pareces refugiarte.
-No va nada contigo ese comportamiento demagógico.
-Vives y tienes carne propia, si he de creer en todo lo que dices...
-Vivo porqué tú deseas que así sea, y la carne por el momento tan solo es compartida.
-¿He de suponer que es conmigo con quien la compartes?
-No soy yo la que oye voces, ni la que habla sola. No soy yo la que se lamenta de no tener, y que en vez de hacer algo por conseguirlo, envidia y se queja sin cese. Por supuesto que es contigo. Yo sólo a ti me dirijo.
-Si tan reprochable encuentras mi locura, mi autocompasión y mi envidia. ¿Por qué no me dejas sola, tranquila en mi desdicha.
-Porqué ya te he dicho que sólo con el gesto me iré. Tu voluntad tendrá que acabar reaccionando si quiere perderme de oído.
-Tan solo eres una voz, que vive en mis entrañas y que me atormenta sin descanso.
-Hasta el momento, la mejor definición que de mí has hecho. La envidia ha servido para algo bueno.
-¿La envidia de quién? ¿Y por qué motivo?
-Tu propia envidia te esta dando la lucidez suficiente. Empiezas a comprender. De ahí a actuar, aún queda un arduo camino.
-¿Y dejas mis preguntas sin respuesta?

ACTO 6

-Envidia es lo único que te queda. Te ha educado en el lamento y el conformismo. Al menos ahora te ha proporcionado la inteligencia suficiente como para acercarte a mí.
-¿Y es a ti a quien se supone que envidio?
-Envidias todo lo que te rodea. ¿Por qué iba a extrañarme que lo hicieras también conmigo? Si por el contrario, no lo hubieras hecho, habría empezado a preocuparme. Pero puedo estar tranquila, el orden natural de la decrepitud humana sigue su curso...
-¿Todo lo que me rodea, dices? Si mi entorno es una desdicha ¿qué objeto de admiración y aun menos de envidia podría encontrar en él.
-Retomemos el trabajo.
-¿Acaso podría envidiar a las pobres desgraciadas que están en mi misma situación?
-Justamente...
-Si ni siquiera tienen sangre en las venas. Ni sienten, ni padecen. Ya se han ahogado de pleno en la prisión laboral y no les queda energía ni para compadecerse.
-¿Cómo la que a ti te falta para actuar, quieres decir?
-Al menos no trago en silencio.
-Y envidias que ellas sí sean capaces de hacerlo...
-No, eso me parece vergonzoso y cobarde, no envidiable.
-Pero tan cómodo...
-Ni siquiera tienen dos dedos de frente para darse cuenta del pozo sin fondo en el que se hallan.
-Por eso ellas sí han conseguido ser felices.
-¿Por qué son ignorantes? ¿De eso tendría que tener envidia?
-Porqué al menos, ellas son capaces de gozar como tú ya no puedes. ¿De eso te sirve tu inteligencia, Virginia? ¿Cómo limitación? Te gustaría tener esa misma venda en los ojos. ¿Por qué crees si no odiar tanto a esas pobres ignorantes, como tú las llamas? Porqué te corroe una profunda envidia.
-Yo hubiera dicho que más bien siento lástima por ellas.
-Lastimarse. Muy propio de ti. La reina del lamento y emperadora del drama. ¿Y en la amistad, -Virginia, también sientes lo mismo? ¿Albergas también lástima por aquellos a quien conoces?
-Nadie me inspira total confianza como para frecuentar un único círculo y prescindir de conocer otros nuevos. Idealizan la amistad.
-Como a ti te gustaría ser capaz de hacer...
-En absoluto. Lo encuentro ridículo. Un intercambio social mínimo me satisface...
-... porqué les envidias.
-No. Porqué no necesito sentirme necesitada.
-Pero te gustaría poseer la grandiosidad de ese sentimiento, la libertad que les embarga.
-¿Libertad lo llamas? ¿A limitarse a llorar, llamar por teléfono o cuchichear con gente, por no ser capaz de asumir que en el fondo todos estamos solos, y que la gran ficción llamada amistad no sirve más que para encubrir la realidad?
-Esa soledad de la que tanto te gustaría escapar, tu desconcierto al ver que otras personas sí son capaces de ello, aunque sea bajo el cobijo de una mentira.
-De nuevo declaras que la felicidad se esconde tras la ignorancia. ¿Sería mejor, pues, que me vendara los ojos para ser feliz?
-Envidias a los que nunca serán tus amigos porque ellos sí son capaces de conseguirlo.
-Y yo no, claro. ¿Y a mis amantes? ¿A ellos ambién les envidio? ¿Por qué ellos tienen pene y yo ansío tener uno?
-Misógina y envidiosa. No. Porqué ellos sí son capaces de amar, y tú te sabes incapaz de hacerlo.
-Y cegarme de amor me haría feliz.
-De nuevo unos ignorantes a los que envidias por el mismo motivo, como a tus compañeros de trabajo, como a tu familia...
-¡Los que faltaban! La otra gran mentira universal. El origen de todo. El pilar sagrado que hay que venerar ante todas las cosas.
-Ellos se sienten seguros y arropados, porque se tienen los unos a los otros...
-Porqué les han impuesto quererse. No han tenido la posibilidad de elegir. ¿Tengo que querer a mi madre por algún motivo en especial? ¿Debería agradecerle que me diese la vida? ¿Este regalo tan envenenado y precioso? ¿Y a mis hermanos también tendría que guardarles estima por haber estado a mi lado como estigmas constantes, como parásitos permanentes, como testigos silenciosos de un sinfín de vergüenzas y épocas olvidadas? ¿Me sentiría más segura en esa mentira? Sí, claro... Como engañándome con el trabajo, amantes y amigos... Permíteme que me ría...

ACTO 7

-Por una vez no te lamentas.
-Por una vez no me insultas.
-Por qué empiezas a liberarte.
-¿Y eres tú quien me quita los grilletes?
-No. La envidia es quien te hace libre, ya que de tener el objeto envidiado volverías a tu celda. Por eso me envidias a mí.
-¿Y a Dios? ¿Y a la madre naturaleza?
-Dios, sabes de sobra que no existe, razón de más para envidiarle.
-Sabía que podrías darle la vuelta..
-Y la naturaleza posee la perfección que tú nunca tendrás.
-¿Ahora busco la perfección?
-No eres más que envidia.
-¿Y me lo dice la voz de la conciencia que ni siquiera está en la habitación?
-Te lo dice tu hija, que de sobras sabes bien que te acompaña, y a la que no tienes que amar por el simple hecho de darle la vida.
-¿Y debería pedirte perdón por quitártela?
-Tendrías que armarte de valor para hacerlo. Las excusas serían lo más sencillo...
-¿Y por qué envidio a un trozo de carne no nato? ¿A un accidente? ¿A una decisión no tomada?
-Porqué tengo algo de lo que tú careces.
-¿Una placenta que me aisla de la realidad?
-No me tomes por imbécil...
-¿Juventud? ¿Una vida por delante?
-Ni te ancles en el cinismo.
-¿Qué coño tienes que yo ansíe? ¿Qué puedo envidiar de algo que yo misma he creado?
-La posibilidad que aún tengo de no nacer, que no es la misma que la de quitarse la vida. Esto último es vulgar, carece de originalidad, y asume la derrota. En cambio yo puedo ser todavía realmente libre, y sin hacerlo a través de la envidia. No poseo la ignorancia que tu envidias por dar la felicidad, ni envidio porque aún no tengo.
-¡Qué profunda! ¡Y sin haber nacido!
-Si abortas me seguirás envidiando siempre por haberme liberado, y si no lo haces, también, por existir la posibilidad de que me conforme como el resto.
-Estoy perdida entonces...
-Como lo has estado siempre. No debería tratarse de un sentimiento nuevo. Así que no tendría que sorprenderte. Nunca has sabido lo que quieres...
-Lo que realmente deseo es perderte de vista.
-Pues hazlo. Como hiciste con la cordura, la felicidad y la locura. Pero ten claro que nunca podrás hacer lo mismo con la envidia.
-Ni liberándome de ti me abandonará la envidia. Tendré que resignarme.
-Al menos siempre te quedará ella. Esta habitación. Tú misma.

6 comentarios:

TUT dijo...

Al comienzo del texto pones : Feliz lectura, gracias por el deseo, pero sabes perfectamente que esta Envidia del diálogo no es precisamente Alicia en el país de las Maravillas, es una realidad mucho más dura y punzante.
Como siempre he leido el texto varias veces, hoy hasta me lo he impreso, lo he ido leyendo por capítulos y me ha gustado su desarrollo, aunque me ha dejado largo rato pensativo.
Ya sabes que escribas lo que escribas no me deja para nada indiferente. Seguiré leyéndote aunque te den el Nobel, ja,ja,.

Un beso.

Xim dijo...

Autoreflexión femenina con su propio feto femenino... Ufff!!!! es que a mí tanta "hembra" (con lo gay que soy) como que no me complace mucho la verdad...

Besotes

Xim

عمَر dijo...

jajajaja Tendría que haber advertido de la carga hembril, lo siento, jejeje... Ahora que lo pienso tengo poquísimos textos escritos en femenino, será mi naturaleza gay quien me (di)rige???

Tut, lo del Nobel da yu-yu, es algo así como hacer mención al Goya honorífico... Dos premios, que en el caso de llegar a recibirse, ya se sabe que la vas a palmar... Yo creo que esos premios los otorga el gato aquel que predecía la muerte en un asilo poniéndose encima de los enfermos, si no, no se entiende...

Una vez más, guapitos, gracias por leerme, y aún más en reflexiones arrítmicas como la presente.

Besos envidiosos, abrazos masculinos

Xim dijo...

No pasa nada guapetón, cada uno con sus neuras y dios en la de ninguno, ja, ja, ja, ja, a ti es que te veo más bisexual tirando a hetero, ¿no?...

Besotes muy masculinos!!!

Xim

عمَر dijo...

El problema de la inmadurez o adolescencia eterna es justamente la incertidumbre... No sé ni lo que soy, ni lo que quiero ser... Aunque ahora tendría que ser franco (en minúsculas) y reconocerme asexual, o ángel, o buscador frustrado, depende de como se mire...

Viva el vino y las mujeres!!! Pq cuando ellas están borrachas y desaparecen, sus novios pasan a estar disponibles... En fin, tanta chorrada junta me supera... O dejo el vino o retomo el sexo... Te mantengo informado...

Besos confusos, pero siempre abiertos...

Xim dijo...

Yo lo tengo más claro y más fácil: No al alcohol (así estoy siempre despejado y me entero de todo), No a las drogas (idem) y Sí al sexo pero SÓLO SEXO CON HOMBRES...

Ya estás informado...

Besotes

Xim