viernes, 12 de febrero de 2010

LA SOPORTABLE GRAVEDAD DEL VACÍO



Sobre mi cabeza no hay más que vacío.

La inmensidad reposa en mi cráneo,
el pulso se acelera.

Cada respiración se acorta respecto a la anterior.
El suelo desaparece,
mis pies son absorbidos por la nada.

El cielo me aspira,
mis órganos se desplazan hacia arriba.
Mi izquierda desaparece,
la derecha se esconde.

Los tonos se aclaran
como en una vieja cinta de Súper ocho
que nunca ha sido restaurada.

Los bultos que representaban personas a mi alrededor,
ya no son ni sombras,
La luz se los ha llevado.

Estoy flotando en el aire,
y sin embargo,
me siento más pesado que nunca.

Todo es demasiado extenso para tener perspectiva.

Desearía estar en un féretro,
resguardado.


Sólo entre cuatro paredes,
lo suficientemente estrechas como para sentir que existo,
podría saberme seguro.

Quiero ser libre,
libre en un ataúd,
notando la presión de la madera en mi cuerpo,

Escucha el silencio.

A gritos te pide que acabes el trabajo,
que cambies el calor de tus abrazos
por la estabilidad de la tierra.

Que me cubras,
y me olvides,
que me entierres
para no poder volver a llenarme de ti.

Que una lápida de mármol sin grabados
se te escape y me selle,
me rejuvenezca,
te aleje.



lunes, 8 de febrero de 2010

EL ADJUNTO


Luis aquella mañana se sentía mucho más pesado que de costumbre, sin embargo, su rutina había sido la de siempre, incluyendo los acontecimientos de la noche anterior. Había cenado sopas de ajo, lejos quedaban ya los atracones desproporcionados de tiempos pasados que ni siquiera recordaba. Cuando hubo descubierto que la restricción era directamente proporcional a la ligereza del alma, no tuvo más remedio que aceptarla como amiga e incluirla en su lista de costumbres. Sus desayunos también eran pobres, y es que empezar una jornada laboral con el peso de una piedra en el estómago, no sólo bajaba el rendimiento, si no que aumentaba la angustia de saberse irresponsable. La austeridad alimenticia y sobre todo la social, habían ayudado con el paso de los años a una salud mental en la que el equilibrio sólo era posible si se alejaba de las distracciones, y por fin parecía haberlo logrado. Su trabajo había empezado a dar los frutos que siempre surgen de todo sacrificio, y este último le había permitido salvarse de una vida vacía y sin aliciente alguno. ¿Cómo hubiera conseguido, si no, la promoción al puesto de Adjunto en tan poco tiempo?

Frente al espejo, Luis no detectaba diferencia alguna respecto al recuerdo de su reflejo de la mañana anterior. Ahondaba en la memoria y tampoco era capaz de dar con ninguna si comapraba la presente imagen a la de todas las mañanas de las que lograba acordarse.

En su aspecto parecía haberse parado el reloj del tiempo. Tez blanca, y es que la luz del sol era un lujo del que disfrutaba más bien poco, perfectamente afeitado, la experiencia diaria lo llevaba directamente a la perfección, y de aspecto general impoluto. Traje, camisa y corbata de tonos oscuros, generalmente su recurrente negro, para no tener que preocuparse a diario por el color que iba con cada uno de los días que lo mecían. Y de todas formas, puesto que su estado de ánimo nunca fluctuaba, el monocroma de su indumentaria expresaba fielmente la sobriedad de su humor inamovible.

Pero esa mañana y por primera vez desde que había traspasado el portón de la madurez, una contrariedad lo desorientaba. Algo se escapaba a su control, y lo que era peor, se consideraba incapaz de darle una explicación plausible al hecho de que la carga que aumentaba por segundos empezaba a impedir su libertad de movimientos.

Un Adjunto de vida ordenada y sin sobresaltos debía corresponder a su entorno en la forma exacta en que éste se había acostumbrado a percibirlo, sin improvisaciones ni sorpresas. No podía irrumpir en su rutina con un peso insoportable que no sabía ni de dónde venía, ni el motivo que hacía que aumentase imparable. Nadie entendería tal diferencia, por sutil que fuese, y francamente empezaba a creerse incapaz de poder ocultar el malestar que ya se extendía por todo el cuerpo.

Su imagen lo miraba compasivo. A través del espejo seguía sin observar ningún detalle externo que justificase su estado actual. Aunque poniendo mucha antención empezó a darse cuenta de que el color de sus mejillas enrojecía ligeramente. Tal vez de tanto mirar a su imagen, ésta por falta de costumbre se estuviese sonrojando, aunque eso no explicaba el creciente malestar que cada vez más
lo abatía. Preocupado aunque paciente, siguió a la expectativa de percibir el más mínimo cambio que le ayudase a comprender, sin apartar la vista de sus propios ojos observándole.

Unas gotas de sudor deslizándose por su frente lo sorprendieron de repente. Sorpresa. Un sentimiento que tenía guardado bajo llave y que parecía haber resurgido espontáneamente sin ni siquiera pedir permiso. Cuando Luis intentó quitárselas, fue consciente de un nuevo efecto del peso, mientras su imagen lo obedecía burlona; su brazo se negaba a moverse como si alguien tirase desde abajo con una soga atada a las muñecas. ¿Por qué el espejo le estaba mintiendo? y ¿Qué era esa extraña carga que impedía que pudiese alzar los brazos?

Con ambas manos como pegadas a sus muslos, siguió con la vista fija en ese otro Luis que obedecía a sus pensamientos restregándoselo por la cara, que ahora enrojecía en conjunto, como difuminando el pigmento más oscuro de sus mejillas. Su diabólica imagen se movía liviana pero mostraba fiel los cambios que su cuerpo estaba experimentando, en eso parecía no engañarle. Ese otro Luis se sacudía las gotas de sudor, se frotaba las manos y daba los saltos que mentalmente ordenaba el verdadero. Pero su aspecto empeoraba por segundos. Las venas de mejillas, nariz y sienes empezaron a hincharse arrebatándole a su cutis de porcelana el lacado blanco para mancharlo con tonos oscuros que se acercaban cada vez más al azul corporativo de la empresa en la que trabajaba.

* * * * *

El sentimiento de peso con el que había amanecido, había empezado a trepar desde el estómago agarrándose a la columna, para balancearse en cada una de las vértebras como sobre un trapecio. Desde las cervicales, ya rozando la cima, prefiere quedarse. Se reparte por su cuello como en un abrazo de locura. Se lo acaricia y se posa en la nuez, o sobre ella, en el nudo que la cubre.

Sigue sin comprender el motivo, pero al menos da con el origen. Cuando ese otro Luis deja de obedecerle, y se percata de la asfixia inminente, sabe que es el fin. Su lengua sale hinchada de la boca, rompiendo el espejo.

A través de los añicos puede ver como la corbata aumenta de tamaño y se ciñe amorosa en un fuerte abrazo al cuello de su camisa, como una serpiente. El peso del nudo le impidie moverse. El saber que su verdugo está siendo su fiel compañera durante largos años, le entristece profundamente, aunque su último pensamiento es el que realmente le mantiene aún en vilo. ¿A quién nombrarían como nuevo Adjunto? Y apenas con el eco de la repetición mental de su nuevo título, y sin ni siquiera conocer las competencias del cargo, las dos lenguas de Luis, la del espejo y la otra, se reflejan con ironía, como lamiendo la corbata que las ha sacado de sus cuevas, al menos en esa despedida saborean el sonido de un último suspiro de alivio.


viernes, 22 de enero de 2010

PREGÚNTALE A LA ALI



PREGUNTALE A LA ALI
Debió de ser en el taxi. No lo tendría que haber cogido. ¿A quién se le ocurre? Sigo sin entender cómo una ciudad tan Ideal como París puede permitir que un piojoso inmigrante consiga la licencia para ejercer el taxi. En Barcelona son mucho más estrictos. Claro, como hablan catalán, visten de Custo y sólo salen por bares de diseño... Claro, si será por eso... Paris, capital mundial de la moda. ¿Por qué le darán menos importancia a la higiene? Aunque lo cierto es, que no sólo pasa en Francia. El año pasado cuando fuimos a Londres de rebajas con Toti, también nos quedamos alucinados al ver que el taxista llevaba un polo Lacoste pasado de moda, posiblemente falso y a juego, para más inri, con su turbante como si estuviéramos en el Libro de la Selva... Pero claro, London es mucho más vulgar. Ellos lo llaman toque “grunge”, pero en mi pueblo se acostumbra a utilizar la palabra “hortera” o incluso "guarro".. Aunque por lo menos los ingleses no son tan cerdos como los taxistas gabachos. En mi próximo viaje haré como la Ali, únicamente me sentaré encima de un fiejo foulard de Hermès. Dice que parte del precio se debe a que al tejer la seda usan repelentes bacterianos, estos indios son la leche, lástima que les dé por disfrazarse cuando se instalan en Europa. ¿Cómo pueden ser tan IN en cuestiones esenciales de moda y descuidar el aseo al mismo tiempo? Aunque ahora que lo pienso no tengo ningún pañuelo viejo de la temporada pasada. ¿Servirán igual unas bragas modelo exclusivo de Victoria Secret? No sé si estarán tejidas en Francia o en la India, pero bueno siempre se puede probar... Aunque si fuese tan simple como llevar ropa de marca, ahora que lo pienso, no estaría en la dramática situación en la que me encuentro. Porqué si la memoria no me falla, me parece recordar que el día “D” llevaba mi traje chaqueta de Thierry Mugler, y si la teoría de la Ali fuese cierta, nunca me habría pasado nada... ¿O llevaba la falda Armani? No, no. Definitivamente me había puesto el Mugler, porque me acuerdo que me puse el desodorante de pelo suyo en el pubis, cuestión de ir íntimamente conjuntada. Al principio me escoció un poco, eso sí, parece ser que está hecho para la cabeza, pero al saber que el equilibrio cósmico estaba en regla al llevar todo a juego, se me pasó enseguida la preocupación. Tal vez fuese culpa del cinturón, no tendría que haber escogido el Prada, pero los zapatos me quedan tan monos ¿Dónde estarán esos Manolos? Hace tiempo que no los veo... No. El Prada no pudo ser... ¿Y si...? Mierda, la lástima es que no recuerdo que bragas me puse. ¿Llevaba bragas? A ver, reina, haz memoria: Te levantaste la falda y te aplicaste el aerosol que casi te deja rasurada, pero ¿bajo qué bragas lo hiciste? Ni idea. Vamos a ver, ¿qué día de la semana era? Espero que no fuese miércoles, por qué claro, los miércoles toca no llevar. La Ali dice que de vez en cuando tiene que respirar el tema o se te cierran los chakras. Y ella de todos los temas estos New Age sabe un rato... ¡Qué estuvo en Woodstock y todo!

Y pensar que de joven fue hippie... ¿Quién iba a decirlo ahora? Aunque conociéndola seguro que era hippie, pero eso sí, limpia. Fijo que se duchaba a diario. Te puedes vestir como un adefesio pero ir aseada. La higiene es fundamental. Menos mal que acabó reformándose, eso sí, porqué si no, no sabría que habría sido de mi vida. Ella que me ha enseñado todo lo que sé sobre moda, aunque en cuestiones de gusto haya superado a mi maestra, por supuesto... Ella que me llevó por primera vez a un SPA, aún recuerdo la mascarilla de caviar, uno de esos grandes momentos que hay en la vida... La Ali, sin la que no habría podido inyectarme botox en los noventa. Mi primer lifting también fue todo un éxito gracias a sus contactos quirúrgicos, y pensar que creía que era una leyenda urbana lo de los hilos de oro de la Deneuve... ¡Ingenua de mí! No. Me niego a pensar que pueda estar equivocada en algo tan básico y crucial como la teoría de los pañuelos Hermès. Claro, es que si los tejen en los Campos Eliseos, han de tener magia propia. ¿No los hacían en la India? ¿O es la tela lo que viene de allí? En fin, poco importa, ya sólo el venderse en un sitio con tanto glamour ya aporta magia. Como las velas del Marché de Noël de Bruselas. Sin ese espíritu navideño con el que fueron concebidas, nunca me hubiesen sacado de la depresión del 95. Seguí todas las instrucciones de la Ali, encender las velas con luna llena, una barrita de incienso al día de las de Sándalo, hechas en Casablanca, habiéndome asegurado que no habían sido tocadas por manos sucias, y eso sí, mis dos prozacs diarios. ¡Qué mala época aquella! ¡Gracias a las velas, que si no! Aunque también pudo influir en algo el Prozac, sé que no fue mano de santo, porque al tomarlo a diario desde que Luismi me ofreció el primero a los 17 cuando engordé aquellos dos kilos horribles, tampoco sentí una gran diferencia al aumentar la dosis.


La Ali, mi gran amiga, mi hermana. Ella que ha estado en todos los grandes momentos de mi vida. ¿Cómo puedo dudar, ni que sea un momento, de ella? Si dice que no hay que sentarse nunca sin haber extendido antes un pañuelo sobre el asiento, será por algo... La Ali no es de las que hablan por hablar... Aún recuerdo que el año pasado en el viaje a New York que hicimos por semana santa, compartió conmigo su bufanda D&G para sentarnos en el avión. ¿También la habrían tejido las indias de Paris con sus saris de Hare Krishna? Supongo que sí, la verdad, porqué si no, no creo que hubiese corrido el riesgo, y tampoco nos pasó nada entonces. Por cierto, hace tiempo que no veo a ninguna de esas indias, ¿He visto alguna vez un Hare Krishna en directo? Bueno, la verdad es que ya no me acuerdo, pero que más da haberlo visto de verdad o en un documental, al fin y al cabo es lo mismo, ¿no?


Tengo que llamarla esta noche para preguntarle lo que piensa. Aunque ¡Qué vergüenza! ¡Qué poco glamour por mi parte! ¿La decepcionaré por no haber hecho caso de sus sabios consejos? Mejor me lo callo, porque hasta una amistad tan profunda como la nuestra, puede llegar a tener sus límites, y mucho me temo que lo mío los superen.


A Toti también paso de contárselo, porqué conociéndolo, me hará pasar por el primer grado. ¿O es el tercero? Tengo que volver a ver Ally McBeal para no cagarla en aspectos legales. Imagínate que suelto alguna incongruencia en un Cocktail... ¡Me da algo! Ya me imagino a Toti. Interrogatorio infernal, cachondeo infinito y conclusión sexual, muy en su línea... Todo lo limita al sexo, pero también es normal, claro, tratándose de un hombre... La Ali me dijo una vez que el lóbulo frontal izquierdo de los hombres se encoge cada vez que tienen una erección, por lo que parte de sus neuronas se desplaza al miembro a través de la médula espinal. Y aunque no haya ido a la facultad, me lo creo. Le dedica mucho tiempo a la lectura de revistas científicas, como Cosmopolitan o Saber Vivir. Además su primer novio estaba en tercero de medicina, digo yo que algo habría aprendido. Y de todas formas, sabiendo que me dirá que lo “he cogido follando”. Y eso que YO nunca follo, únicamente hago el amor. Aunque los acabe de conocer necesito estar profundamente enamorada, o les amo o me es imposible tocarles, es que soy muy sentimental, ya me lo dice la Ali... El caso, es que si me pongo a pensar en los argumentos de Toti, tampoco creo que fuese posible, ya que en el último mes sólo he estado con un chico, con Diego. Y un chico que usa de forma integral perfume de Issey Miyake (me alegra saber que no soy la única que se perfuma los genitales), crema hidratante Shisheido, se depila y sólo lleva slips Calvin Klein, por no hablar de que debería cobrar por derechos de imagen al no vestir más que de Adolfo Domínguez, no puede contagiar nada malo. Además es de Barcelona. No. Sería imposible. Queda absolutamente descartado como responsable del problema actual. Así que no merece la pena discutir con Toti, ya que nunca lo entendería. Aunque si se lo pudiese contar a la Ali... No. Deja. Sería una lástima perder a una hermana por un tema tan banal.


De todas formas seguiré su consejo, o al menos trataré de adaptarlo. Sí. Me pondré Chanel nº5. Como lo hacen en los Campos Elíseos, igual que los pañuelos de Hermès y los cinturones de D&G, seguro que eso las mata. Aunque ahora que lo pienso, un perfume no se teje, pero seguro que al ser francés lleva el dichoso componente antibacteriano... Si sólo recordase como se llaman... Sé que Joaquín las atrapó en la mili, por sentarse dónde no debía, seguro. Pero tenían un nombre tan complicado... Si me acordase del jodido nombre podría buscarlo en la Wikipedia, aunque claro, de todas formas tendría que preguntarle a la Ali cómo se enciende el ordenador, dónde se encuentra el botón de la Wikipedia... ¡Buf! ¡Qué pereza! Seguro que me pregunta para qué lo quiero y podría llegar a sospechar algo. No. Mejor no me arriesgo. ¿Pero como se llamaban esos dichosos bichitos?

martes, 19 de enero de 2010

ARITMÉTICA DEL DESCONCIERTO


Fuimos un sistema de ecuaciones de dos incógnitas. Yo la ecuación más simple, y tú la más incomprensible. La “X” representaba el cariño que me tenías. La “Y” el mío hacia ti.

Al principio para calcular el amor y ver la desproporción entre “X” e “Y”, bastaba con el método de resolución más lento aunque menos rebuscado, el de IGUALACIÓN.
  • 2X + Y = 5 Mi ecuación.
  • 3X + Y = 7 La tuya.
Intentábamos aislar mi amor por ti (“Y”) en las dos ecuaciones e igualábamos ambos resultados. De forma que obteníamos la cuantía de tus sentimientos, a partir de lo que ya podíamos pasar a cuantificar los míos.
  • Y = 5 – 2X Mis sentimientos en mi ecuación.
  • Y = 7 – 3X Mi amor por ti en la tuya.
  • 5 – 2x = 7 – 3X Igualación de resultados.
  • - 2X + 3X = 7 – 5
  • X = 2 Cuantificación de tus sentimientos por mí.
  • Y = 5 – 2.2 Sustitución de tus sentimientos en mi ecuación.
  • Y = 1 Cuantificación de mis sentimientos por ti.
Los primeros años resulta el método de resolución más adecuado, en el que ambos resultados siempre son parecidos. En ocasiones un resultado es mayor que el otro, pero ambos se van turnando a medida que las ecuaciones evolucionan.

Llega la primera crisis y las ecuaciones se complican. La Igualación se convierte en un método adverso y entre tanta fracción y raíces cuadradas resulta casi imposible aislar uno de los dos sentimientos en cada una de las dos ecuaciones, por lo que decidimos pasar al de SUSTITUCIÓN.

Nos rompemos la cabeza para averiguar mi amor por ti, o sea “Y”, en la ecuación en la que resulte más sencillo, a menudo en la tuya, y sustituimos el resultado en la mía.


  • 3X + 2Y = 7 Soy yo.
  • 5X + Y = 2 Eres tú.
  • Y = 2 – 5X
En ti. Mis sentimientos representan dos unidades, menos cinco veces el cariño que tú me tienes. Por lo que pasamos a sustituir en mi propia ecuación.

3X + 2(2 – 5X) = 2
Soy yo
3X + 4 – 10X = 2
-7X = -2
X = 2/7

Al ver mi ecuación, el tema empieza a ser preocupante. Por simple definición, por un instante, todo lo que me compone es tu amor por mí (“X”), lo que me hace vulnerable. Es como si yo no existiese. Incluso todas las manipulaciones de mi destino se realizan para saber el amor que tú me tienes. Si bien es cierto que da un resultado positivo aunque sea inferior a uno, utilizamos dicho resultado para ponerme a mi mismo a prueba.


Y = 2 – 5X
Y = 2 – 5(2/7)
Y = 2 – 10/7
Y = 14/7 – 10/7
Y = 4/7

Si en ti sustituimos tu amor por mí, descubrimos que el que yo te tengo es del doble, aunque hablemos en séptimos y las fracciones hayan empezado a reducir lo nuestro.


En esta fase del amor pueden empezar a dar resultados negativos, en cuyo caso es mejor dejarlo. De seguir en el eje de abcisas a la derecha del cero, continuaremos los cálculos matemáticos siguiendo la evolución de nuestras propias ecuaciones, para poder ir aislando y resolviendo nuestros nuevos sistemas.

Con resultados por debajo de la unidad, en los que las probabilidades y porcentajes se van alejando estrepitosamente del cien por cien inicial, la sustitución empieza a ser un método sin sentido, puesto que ya resulta imposible en cualquiera de nuestras dos ecuaciones. Es entonces cuando llega el último en álgebra clásica, a nivel de secundaria. El método de REDUCCIÓN.

Mal augurio para una relación el llegar a este método de resolución, puesto que en éste, prima el transformar una de nuestras dos ecuaciones de manera forzada para poder seguir hacia delante, generalmente multiplicándola por un número negativo, para sumar ambas con el fin de eliminar uno de los dos sentimientos o incógnitas.

  • 2/5X – 3/2Y = -2/4 Soy yo.
  • 4/5X + 4/3Y = 5/7 Eres tú.
En este ejemplo vemos que una de las estrategias a seguir, sería la de multiplicarme por menos dos para poder reducir una de las dos incógnitas, en este caso la del amor que tú me tienes. Para poder cuantificar el amor que nos tenemos, he tenido que cambiar radicalmente para convertirme en algo que no deseo.

Yo multiplicado por -2: -4/5X + 3Y = 1


Una vez transformado, me convierto en la equidad que siempre he rechazado. Estoy formado por menos cuatro quintos de tus sentimientos hacia mí más el triple de los que yo experimento. Llega la hora de reducirnos.


  • -4/5X + 3Y = 1 Mi nuevo “YO”
  • 4/5X + 4/3Y = 5/7 El “TÚ” que sigue siendo el de siempre.
  • 0X+ 13/3Y = 12/7 El resultado de nuestra suma

Sumamos nuestras ecuaciones tras mi transformación y vemos que lo nuestro se reduce a una fracción de mis sentimientos por ti, y que los tuyos han desaparecido.

Seguimos resolviendo.
  • 0X+ 13/3Y = 12/7
  • Y = 12/7 : 13/13 = 36/91
  • Y = 36/91
Sustituimos mis sentimientos cuantificados en mi nuevo “YO”.

-4/5X + 3(36/91) = 1
-4/5X + 108/91 =1
-4/5X =-17/91
X = 17/91 : 4/5
X = 85/364

Aunque por poco Y > X Mis sentimientos siguen superando a los que tú sientes por mí. La única diferencia es que para poder haber llegado a la misma conclusión de antes, he tenido que transformarme.


Una vez llegados a este punto, lo mejor es abandonar las Matemáticas y darse a campos más subjetivos y menos complejos como el Arte o la Literatura. Ciencias no exactas que excluyen el cálculo para cuantificar el alma. Porque de continuar, habría de utilizar cálculos de álgebra avanzada o empezar a resolver el sistema, a menudo con otra ecuación más como mínimo. Caso en el que aumenta el número de incógnitas proporcionalmente al de ecuaciones, y tenemos que empezar con el uso de Determinantes para el método de Kramer o las famosas matrices de Gauss a triangular según las apetencias del aplicado estudiante. Tampoco son métodos exageradamente complejos, aunque empiezan a resultar inconvenientes e innecesarios.

Para mentes simples y continuando con el sistema de REDUCCIÓN, se suele acabar dando una Indeterminación que nos imposibilita averiguar la cuantía de ambos sentimientos, y cuyos resultados acaban siendo infinitos por no cuantificables.

Cuando ocurre lo descrito, es a menudo por haber vuelto al punto de partida. Es decir, tu ecuación y la mía han retomado la misma distribución del principio de nuestra historia, pero con una ligera diferencia. Una de las dos ecuaciones ha perdido su forma para adoptar la justa y exacta del cónyuge contrario. En nuestro caso, me volvió a tocar a mí.

  • 3X + Y = 7 Mi nuevo “YO”.
  • 3X + Y = 7 El “TÚ” del principio.
Si aplicamos el método de reducción, lo más simple sigue siendo multiplicarme por menos uno. Tanta transformación seguida empieza a descentrarme y para reconocerme, sólo un cargamento de ansiolíticos, antidepresivos y horas de terapia son capaces de hacer que retome el equilibrio.

  • -3X - Y = -7 Mi nuevo “YO”, de nuevo transformado.
  • 3X + Y = 7 El “TÚ” de siempre.

Llega el momento de la suma de nuestras ecuaciones, que son exactamente iguales pero con el signo cambiado, y evidentemente, la mía es la negativa.


-3X - Y = -7
3X + Y = 7
0X + 0Y = 0

Y he aquí la Indeterminación resultante. La suma de nuestras almas demuestra que nuestros sentimientos son nulos y que no conducen a ningún sitio. Nuestro sistema de dos ecuaciones con dos incógnitas ha acabado resultando COMPATIBLE INDETERMINADO. Infinitas soluciones y todas enfocadas al Caos. Gauss y Kramer rehuyen. Se han agotado los métodos de resolución. Tú sigues siendo la misma ecuación de siempre. Yo tardaré años en reconocerme, pero talvez lo consiga.

Las Matemáticas me abren un mundo de posibilidades para transformarme racionalmente, de forma individual y voluntaria. Puedo intentar convertirme en una Progresión Geométrica o Aritmética. Representarme gráficamente mientras siga sintiendo algo por ti. O seguir buscando ecuaciones hasta conseguir sistemas compatibles que perduren en el tiempo.

Yo sin embargo preferí perderme entre los números complejos. Esconderme tras el número imaginario i, que no representa más que una incongruencia matemática para intentar darle un valor a algo que en realidad no existe, como es la raíz cuadrada de un número negativo.

Las incógnitas han desaparecido. Salto del álgebra al cálculo para zambullirme en infinitas transformaciones individuales, y todas ellas me llevan a i. A la igualdad i= √(-1). A una igualdad sin sentido, que no es más que una excusa para poder seguir calculando. Sigo sin existir. Pero los números imaginarios me reconfortan. Talvez algún día vuelvan a acercarme a ti. Mientras tanto, sigo resolviendo operaciones sin fin, y no pienso soltar el papel ni el lápiz.

martes, 12 de enero de 2010

DE COMPRAS


Paseas por las tiendas de ultramarinos, invades las grandes superficies, matas el tiempo en colmados, vagabundeas por los supermercados.

Antaño te aferrabas a las marcas, después lo hiciste a las recomendaciones de calidad de las revistas para consumidores, ahora sueñas con productos biológicos o procedentes de cosechas ecológicas, en las que no se utilicen niños, con etiquetas verdes, azules y amarillas.

Silencias a la ansiedad a golpe de talonario, a la tristeza con el contenido suelto de tus bolsillos, a la soledad con tus tarjetas de crédito de innumerables entidades bancarias, a tu rabia con billetes arrugados, aunque acaben de salir del cajero.

Atenúas las críticas reivindicando tu libertad, excusando las que te afectan con el escudo de la verdad absoluta que supone para ti la compra perfecta.


El lunes tomas el cortado de las once en la cafetería de las multisalas del Eroski, el martes recorres las zapaterías del Centro Carrefour de al lado de tu casa, los miércoles al tener la tarde libre aprovechas para tus compras semanales, los jueves tocan escaparates sin rumbo, el viernes recorres jugueterías para los hijos que no tienes y para los ahijados que nunca te han propuesto. Los fines de semana hay que coger el coche para conocer algún Centro Comercial Nuevo y pasar el día entero.

Hace tiempo que no usas bolsas de plástico y que sigues el cuadrante de reciclaje que pusiste en la nevera con un imán en forma de paella. Pero tiras las colillas al suelo y los condones por el retrete. Organizas tus deshechos por bolsas de colores, y tu vida por comercios en los que dispongan de aparcamiento gratuito.

Me enamoré de tu imperfección, de tus contradicciones, de tu mediocridad.

Te grité desde mi estante y conseguí que me compraras. A pesar de no llevar distintivo de la Unión Europea, poseer pensamientos y costumbres que dañan el medioambiente, y proceder de cultivos en los que se usan elementos químicos para fumigar en las noches de insomnio.

Te llamé desde mi escondite entre latas de conserva, y aunque mi envoltorio pareciese de una procesadora de Europa del este o incluso de algún país asiático, y mis colores no clamasen al cielo New Age por el que deambulas de puntillas, llegaste a mí. Apartaste una lata de sardinas, otra de mejillones en escabeche, y encima de la de berberechos te esperaba sonriente.

Consumidor de productos de lujo, sibarita de un mercado inexistente. Reclamas la originalidad y el naturalismo y acabas coleccionando una copia, un vulgar sucedáneo procesado, una burda imitación congelada fuera de la zona de frío.

Después de tantos años en el cajón que nunca abres de la despensa que a penas visitas, me pregunto si me adquiriste como a las típicas colecciones de septiembre de relojes coloniales, vírgenes de sobremesa o lavativas de todos los países del mundo, que se empiezan y no se siguen nunca. Me pregunto si tu intención era que estuviese encerrado solo, como es el caso, o bien tenías pensado en algún momento, reclutar unos cuantos fraudes más para que me hiciesen compañía.

Después de tantos años yo te sigo queriendo, pero ya no me molesto en seguir chillando, puesto que pasas la mayor parte de tu tiempo de compras y mis lamentos caerían al vacío. Sé que te sigo gustando, por eso me conservas, o tal vez te hayas olvidado de que me compraste, de que te encaprichaste un miércoles de un bien de los que nunca usas, y me almacenaste como a uno de tus artículos de lujo, aunque sigas sin abrirme ni en las ocasiones especiales. Aunque también conserves determinada basura, me niego a verme como la víctima rescatada de un Síndrome de Diógenes, tendrás tus propios motivos para que siga contigo.

Después de tantos años, me conformo con imaginarte desde mi cajón cerrado, a través de mi envase desgastado que alberga un contenido que caducó hace tiempo.

Después de tantos años, sigo con la duda de si lo que realmente te convenía era un sucedáneo en oferta, aunque me alegre de seguir siendo tuyo.

Después de tantos años todo sigue como al principio, tú de compras, yo en mi lugar de la fila esperándote, sin rencores, con alegría, paciente, expectante… Y todavía se sigue escuchando que el Amor no es para siempre. Tonterías.

jueves, 7 de enero de 2010

COLLAGE


Otoño, hastío.

Armarios sin perchas, ropa sin propietario.
Almuerzos de ayuno, dietas compuestas por bulimia compulsiva.
Castillos vacíos, aldeas despobladas, bosques de dunas, reinos republicanos, novias vestidas de negro.

Rosales que germinan en mi estómago y que al florecer paren larvas y liendres.
Raíces que trepan por las fosas nasales anclándose en mi garganta austera.
Almorranas en los ojos. Orzuelos en la campanilla.


Desesperanza enlatada.

Libertad al vacío.
Visión nocturna y GPS.

Perdición y Muerte.


Ronroneo de dolor.

Aullido en la espera.

Música del olvido.



Paradoja.
Paradoja.


Final Feliz,

regresión imposible.

Rebobino y saltan los plomos.



Eres mi nana fúnebre,

mi cuna con espinas,

mi biberón de arsénico,
mi pezón dinamitado.
Me pariste entre mierda,
ahora en ella me ahogo.



Caminos que se cruzan en el desconcierto.

Jaulas de sentimientos precocinados.



Desencuentros despiadados.

Despedidas desesperadas.

Corrupción del silencio.

Sutileza del odio.

Cambio.

La Nada.


Respiro sin oxígeno,

hago el amor sin genitales,

amo sin alma,
te abrazo con mis muñones,
sonrío con mis labios cosidos.



Cartones en las ventanas.
Zarzas tejidas cubriendo las camas.

Orín de gato como perfume hogareño.

Anillas de granadas por alianzas.
Cardos secos en los jarrones.



Observo la belleza desde las cuencas vacías de mis ojos apagados.

Cargo mi fusil con rencor y no soy capaz más que de dispararme a mí mismo.

Ven, siente, calla, vive, alimenta mi envidia.

Sufro, luego existo.
Amo,
Después perezco.


Viaja conmigo,

en el infierno dan bonos de vacaciones.


Tengo una lápida en primera línea de playa,

con vistas al mar,

a dos metros bajo tierra.

Nunca me gustaron los nichos.

Es más fácil escapar de ellos.



Mis pulmones te reclaman,
pero ya no queda aire en tu mundo.
Cuando respiro en tu vacío,
mi interior se reseca.
Encoge.

Se deshidrata.

Se arruga.

Desaparece.

ACEPTACIÓN



En los estantes vacíos de mi soledad
ya no podrá acampar un autor favorito,
ni un ejemplar inédito,
ni una vieja edición descatalogada…


Ya no queda espacio para libros.


La tristeza quemó la biblioteca,
y las cenizas de los recuerdos
ahora lo ocupan todo.


Corro las cortinas
para despistar a la memoria,
pero el mohín las sortea sin dificultad alguna
y se estampa en mis mejillas,
secando las lágrimas que riegan tu muerte,


Literatura.

RESIGNACIÓN



Verte, oírte, hablarte,

Aspiraciones divinas.

Tocarte e incluso besarte,

Esperanzas anodinas.


Saciar mi sed de deseo

A tus brazos enlazado,

Mirar tu cuerpo ateneo,

A tu mirar aferrado.


Beber de ti, extasiado

Cuál escapar del infierno.

Parasitarte amarrado,

Como alcanzando tu cielo.


Nacer a tu piel planchado,

Cuál la razón al ateo.

Seguir tu efluvio encantado

Como a la muerte va el reo.


Tenerte, hasta poseerte,

Mi fijación enfermiza.

Amarte y después perderte,

Una horca que se iza.


Ser tus sudores, salvado,

En el frío que en ti leo.

Salir a tu aliento anclado,

Por el hielo que en mí veo.


Pasear por tu inconsciente

Por no tener lo que siento,

Perder la mano, paciente

Aunque la gano y te miento.


Hambre aparcada en tu vado,

Sancionado por ti muero.

Pierdo lo que es esperado,

Menos posible que un sueño.


Creer, soñarte sin verme,

Perdición no consentida.

Olvidarte, no perderme,

Salvación no conseguida.


Morir al querer, atado

A un errado sentimiento.

Vivir mi amor consumado

En un intangible viento.


Ir en tu busca engañado,

Por la mentira que creo.

Caer en tu pozo ahogado,

Nadándote me mareo.


Siendo en tu pecho encerrado,

Rezo con Dios a careo.

Viéndome a ti encadenado,

Miento a mi torpe deseo.


Resignarme a tu ausencia,

Solución, sin estampida.

Quererte sin acordarme

De tu memoria cosida.

martes, 5 de enero de 2010

LAS TRES MENTIRAS MÁGICAS


Año 666 del Calendario Pasionario. La República Independiente del Cañam está de luto. La mujer del Presidente, con gran influencia política (muchos aseguran que la mayoría de decisiones era ella quien las tomaba) acaba de fallecer. El parlamento está dividido. Por una parte los partidarios de festejar el nacimiento de la criatura que dio a luz antes de morir. Por la otra, los radicales pro-corónicos, proclives a sacrificar a la recién nacida y reinstaurar la monarquía. La tensión aumenta por momentos. El grupo parlamentario Cañámico organiza asambleas secretas para restablecer el orden en la República y proteger a la pequeña de posibles atentados monárquicos. La decisión de sacar a China de Cañam de territorio hostil es unánime y se revela inminente. Un Comité de Sabios es nombrado por el Presidente para hacerse cargo de la embarazosa situación, y acaba delegando en el Camarada Porro de Cañam para encargarse de la Secreta Misión.

El Plan consiste en llevar a China hasta la frontera con el Reino Dictatorial de Existo, para pasarla en relevo a la Resistencia Republicana del Pensamiento, resquicio libertario de lo que en tiempos mejores había sido una República amiga. El Camarada Pienso, líder de la Resistencia, tomaría las decisiones oportunas para atravesar el Reino con ella y establecer un plan de evasión. Todo quedaba a la espera de lo que el nuevo jefe de la Misión determinase.

Ante los continuos ataques directos contra la Familia de Gobierno, por parte de la Organización Radical Corónica de Cañam, el Presidente acaba cediendo a las peticiones de la ORCO, declarando Estado De Sitio y convocando Elecciones Generales. El fin de la República parece acercarse. China de Cañam, conducida por el más fiel de los ministros cañámicos, puede ser salvada, en caso del retorno del Monarca, cabeza de ORCO al poder.

Porro siente la carga de su Destino, pero sobre todo el presagio del fin de las Libertades Republicanas. El golpe de Estado no tardaría en llegar. Primero fue la República Poligámica de Mhaoú y poco después le tocó el turno a la que reclamaba sus pasos. La Monarquía Totalitaria, parecía marcar la nueva era. Los calendarios empezaban a ponerse a cero, a favor de Reyes y sucesión por vía sanguínea, como si se tratase de una extraña enfermedad hereditaria. La nueva Peste llevaba Corona, ostentaba riquezas, se olvidaba del pueblo, y no paraba de extenderse, lo que hacía la epidemia aún más agresiva. Los romanos sólo habían aportado un toque refinado al resto de monarquías. No parecían obsoletos en materias de dogmas religiosos, pero eso los hacía aún más crueles. Lejos quedaban ya los tiempos de la Federación de Repúblicas Socialistas y la nueva tendencia privaba las libertades individuales sin reparo alguno.

* * *

Entre divagaciones existenciales interrumpidas por el placer de su pipa de Cañámo, o por el deber de las necesidades alimenticias de la pequeña, el primer día de viaje le resultó liviano, y las inquietudes por la inestabilidad política de su querida Tierra, se iban suavizando gracias a las caladas del precioso tesoro de los Campos Cañámicos. Aunque sobre todo, por su férrea voluntad de no entorpecer la Misión con episodios de nostálgica sensiblería. Tres días a pie, y al cuarto consiguió en trueque un camello, a cambio de una considerable parte de su reserva de hierba. Semana y media duraron las tribulaciones del Camarada Porro en solitario, y al llegar a la frontera, hizo como convenido. Dirigirse a la torre Este y sentarse en el suelo a fumar de su pipa con la niña en su regazo.

La noche avanzaba, y horas antes del alba, una mujer de belleza insuperable se le acercó. Arrodillándose a su derecha, se presentó como el Camarada Pienso, la solución a su espera, convino en deslizar su mano a través de la túnica del expectante Porro y en presionar con delicadeza su arma vital hasta endurecerlo lo suficiente como para podérselo llevar a la boca. El regalo que le estaban haciendo a China de Cañan con su unión, no tenía precio. Tradicionalmente, no se podía presenciar escena parecida, hasta al menos tener seis años, a no ser que la criatura tuviese la suerte antes, de ser testigo de un eclipse lunar, circunstancia que no estaba sucediendo, en cuyo caso se adelantaba su educación permitiendo su presencia. El Camarada Pienso acababa de fomentar la unión de Repúblicas, no sólo formando parte de la comitiva de evacuación de China de Cañan, si no sellando la confianza política con el Acto del Placer Absoluto, tras lo que Porro correspondió grato, situándose entre sus piernas cambiando la pipa por labios más cálidos

Tras el Hecho, Porro tuvo la agradable sorpresa, segunda del amanecer, de no tener que deshacer el camino andado en soledad. La misión lo incluía en más que pasar el relevo. El objetivo más próximo consistía esta vez, en hacerse con un nuevo camello y seguir las tribulaciones hasta la última de las resistencias republicanas, en el Reino de Casto. Pero antes, y siguiendo las Tradiciones intimistas de la Tierra en la que se encontraban, tenían que meditar durante un día entero, bajo los efectos del Verdadero Pensamiento, polvo prensado de hongo vespertino. Tenía la peculiaridad de crecer las noches de luna llena cada vez que llovía. Su escasez aumentaba su fuerza y las raras tribus nómadas que lo utilizaban para sus ritos, la apreciaban como el mayor de los tesoros. El sentimiento universal del ser humano y la respuesta a la cuestión existencial, eran revelados tras su ingestión. Sus efectos, extrapolados a la palabra, siempre parecían pobres, insulsos. Costumbre, que a las Tierras del Norte habían bautizado con el don del Pensamiento, nombre que se adquiría tras probar el más mínimo pedazo de la Seta de la Vida.

Tras el paso de una luna al albedrío del Polvo de la Sabiduría, echáronse al camino las tres piedras de la revolución, ahora, con un miembro más de la Comitiva, una camella dócil embargada a un pastor entre fronteras. Dos uñas del preciado bien del territorio recientemente abandonado, y un beso bastaron para hacerse con la nueva compañera de andanzas, portadora de nuevas aventuras y cansancios.

Dos semanas de viaje, catorce noches casi todas ellas en vela, otros tantos soles sorteando sofocos. Camino sin aliento, respiro de un paso que da paso al siguiente. Pausas escasamente elegidas para engañar al sueño, o jugar con el hambre. Rastro de humo de pipas de la ciudad de salida, en permanente movimiento, en compañía o sucesor de destellos de la reserva de Pienso.

La fatiga y los restos psicotrópicos del largo peregrinaje se vieron por fin recompensados, tras entrar en la primera aldea de las inmediaciones del Reino de Casto. Encontrar la pista del Grupo Subversivo que les iba a guiar en la nueva etapa hacia el final del Exilio, no parecía demasiado difícil. Se respiraba hostilidad hacia el Imperio. El Pueblo estaba dispuesto a contribuir, en lo que le fuese posible, al infortunio del Poder reinante. Con esa predisposición, no les costó en absoluto dar con el paradero del eslabón republicano. Los integrantes de la Resistencia ya habían organizado el siguiente y último capítulo. Delegaban, en representación del Colectivo, En Birra el Grande, luchador de fama extendida por los cuatro vientos, tan grande en bravura como en honor, perfecto amante, de miembro igualable a sus otras cualidades, inigualable contertuliano. El más bello de los ébanos de los confines Poligámicos y del mundo entero.

Tres días de descanso y acoplamientos sin pausa, para celebrar la Unión de Repúblicas multiterritoriales, esta vez con muchos más integrantes. Los cuidados expertos de Birra deleitaron las exigencias más ocultas de ambos. Juegos eróticos, intercambio de fluidos, y para reconstituirse, el Jugo Poligámico: Néctar de avena fermentado. Reparador del cuerpo y recreativo del alma. Birra el Grande, en todo, prometía un animado final a sus andanzas gracias a su conducta epicureana. Trataba por igual el hondo deseo de Pienso y las ardientes pulsiones de Porro. China de Cañam no podía haber sido más afortunada. Era testigo silencioso de la única verdad de la vida, lo que le daba origen y sentido. Nunca tres cuerpos estuvieron en tan perfecta armonía. El maestro de ébano, bebía el Jugo Poligámico de los pechos de pienso, absorvía el humo de hierba cañámica de los labios de Porro, y lamía el polvo del Pensamiento de las nalgas de ambos. Bacanal para los cinco sentidos que les prepararía para el ansiado final de la aventura.

Para el tercer camello bastó con embaucar a un encantador de serpientes que solicitó los servicios eróticos de los Tres Republicanos. También tuvo derecho a un pellizco de cada una de las joyas de las tres tierras, lo que le dejaría en un estado tan encantado como los bellos animales con los que se ganaba el pan.

Atravesarían desiertos de inmensidad, la Misión tenía su fin en tierras romanas, territorio desolado por el desánimo de otro régimen totalitario, que poco difería con las monarquías de las que procedían. Incontables lunas en vela, trueques para la supervivencia en el peregrinaje, dejando a su paso un sinfín de oleadas orgiásticas, experiencias psicotrópicas y la nueva creación de una leyenda naciente en la que Porro, Pienso y Birra predicaban el mensaje utópico de paz en el que la República se alzaría de nuevo en el mundo liberando a los pueblos de los regimenes que en la actualidad los oprimían.

Estabilidad política acompañada por el espíritu lúdico que los conducía al exilio de la pequeña, venerada a su paso, aldea tras aldea, en las que ya se le esperaba con generosa acogida. Coincidían las tribulaciones con el paso del Cometa de Nabor, cada vez más cercano a la Tierra, estudiado con esmero por todos los eruditos y celebrado con emoción por los lugareños. Ambos acontecimientos cada vez más próximos al final de sus andaduras, originaban fiestas profanas que intensificaban su frecuencia.

La energía del evento astronómico, la ilusión por la Utopía Republicana y el festejo cada vez más arduo en consumo de joyas de las tres tierras de origen, causaban un estado de éxtasis general y un aumento de la pelota de heroicidades y milagros de los cuatro tripulantes. Parecía asignárseles poderes sobrenaturales, y a su paso crecían visionarios beatos que olvidaban, muy a pesar de los causantes de semejante desgracia, el objetivo político de la misión que los albergaba, trasformándolo en un camino místico que insultaba las agnósticas mentes de cualquier persona con un mínimo de inteligencia.

Con resignación, a monta de sus tres camellos amigos, Porro, Pienso y Birra huían de su propio destino de convertirse en leyenda, y empezaron a esconderse en las últimas y escasas lunas que les restaban para el final del camino. Ajenos a las habladurías y falsos ángeles que parecían reproducirse a su paso, y anunciando el mismo como lo esperado en diversas escrituras,optaron por dejar de repartir estupefacientes, sin ello significar la restricción del consumo propio, lo único que les daba la fuerza de soportar el misticismo que les envolvía, y que les hacía cada vez más insufrible la existencia.

El rastro de la República, finalmente se adentró en Belén. Tierra de revolucionarios comprometidos que ya habían sellado su compromiso libertario de acoger a la pequeña, protegiéndola de atentados monárquicos y de fanáticos religiosos de las tierras de oriente de las que procedían.

La que podría haber sido una excelente Presidenta y salvar al mundo, tuvo que acabar conformándose con el más neutro de los anonimatos, lo que permitió que en ello no le fuese la vida.

China de Cañam, creció con salud. Sufrió el infortunio de ser mujer, el agravio de tener sangre subversiva en tiempos de obligada sumisión, y la desgracia del raciocinio de una mente agnóstica en momentos de adoraciones diversas. Y a pesar de la ventaja que le confirió su anonimato, siendo consciente que de no haberlo tenido podría haber empeorado su existencia y transformado el curso de la historia, su equilibrio mental fue envidiable, como remarcan los escritos del Libro Rojo.

No fue la salvación a los tiempos adversos, pero el espíritu permaneció, durante siglos. No en forma de fantasma institucional, reflejo imperialista de la verdadera Libertad de Culto que tendría que haber representado. No como una carga dogmática expuesta en una cruz de pecado, sombra religiosa de lo que debería haber sido el inicio de una cultura aconfesional. Y tampoco como el hijo de un Dios inexistente, preludio de una sociedad machista, cuando podría haber liberado a la mujer de su triste explotación a lo largo de la Historia.

China de Cañam, pasó sin pena ni gloria, arrastrando a la ilegalidad o inmoralidad lo que tendría que haber sido objeto de Culto: el trueque sexual, todo tipo de juegos eróticos, la igualdad entre sexos y razas, y los tres bienes que ayudaron a la creación de una leyenda tergiversada.

El Poder Del Mal
Te adoramos, Satán.

LIBRO ROJO
Cap.6 Vers.6 Let.6

jueves, 24 de diciembre de 2009

LA MUERTE DE DON DIONISIO (Feliz Navidad)


Castidad cierra los ojos para poder avistar las medusas brillantes en el mar oscuro que tanto le gustan. Son muchos años de práctica, y al final ha conseguido perfilar sus cuerpos translúcidos, sus sinuosos tentáculos y sobre todo, la perfecta armonía de sus movimientos de buceo. Desde niña, siempre fue consciente de que los puntos que aparecen en la nada al cerrar los ojos boca arriba en la playa, eran mucho más que simples estrellas en el espacio interior, ahora se han convertido en sus mejores amigas.

Cristina intenta programar los latidos de su corazón al ritmo de las olas. Consiste en sincronizar sus respiraciones con el sonido del mar, y en una dosis de paciencia de la que sólo ella es capaz.

Condolencia se transforma a ratos en estatua de sal, a otros en Venus de mármol. Deja que el viento acartone su piel al salir del agua y la sigue mojando hasta que la capa de sal es tan espesa que marca estrías en su torso. Se reboza en la arena y fantasea con ser la escultura estrella de un famoso museo de cualquier capital europea.


El sol se hace más intenso, el solsticio de verano le ha dado más fuerza que nunca. Reprimido por la noche más larga del año, ahora luce rebelde como recuperando las horas perdidas. No pretende ser cruel, pero sabe que lo que tiene que transmitir no va a ser agradable para ninguna del las tres hermanas.


En el pueblo las plañideras se agrupan junto a la puerta de Don Dionisio para pedir trabajo a su viuda. Las virtudes que pide le puesto las dominan desde hace años, el atuendo para la entrevista se ha acabado convirtiendo en una segunda piel para cada una de las aspirantes. El sueldo será ajustado, pero no llega para todas, con lo que la competición de llantos será decisiva. Cada lágrima mal derramada puede ser eliminatoria.


Una gaviota sobrevuela “El Peñón del Cuervo”. El Sol la ha llamado, y sin orden alguna, se limita a gritar desolada, más como lamento que como queja o agresión, esperando instrucciones. Fosforescente, como sólo las enviadas pueden serlo, aguarda el rayo que la guíe.


El Ayuntamiento es un hervidero de desconsuelo. Por los pasillos corretean los funcionarios sin alma y los becarios perdidos. Por las ventanas entra el sonido de la amargura y el desconcierto que se vive en la Plaza Mayor. Alcalde, padre, empresario, proxeneta, director espiritual, modelo a seguir, objetivo inalcanzable, amante invisible, personaje venerado y amado, respetado por la mayoría, ignorado u odiado tan sólo por unos pocos y descarriados aspirantes a anarquistas, carne del pueblo, vino de las colinas, cordero de las playas de la aldea, nunca visto en público y sin embargo mitificado. La Leyenda de Don Dionisio acababa de llegar a su fin. Nadie quería creerlo ni escribir el final de una Historia que de una forma u otra había acabado marcando la vida de todos los lugareños.

* * *

Castidad cierra los párpados con fuerza porque le ha parecido ver una medusa gigante y quiere asegurarse. Al hacerlo, desaparece. Abre los ojos y sonríe al darse cuenta de que ha confundido a la madre medusa con una vulgar gaviota. Se acerca a la orilla y deja que la espuma le haga cosquillas en los dedos de los pies. El calor aprieta. El sol parece susurrarle a través del viento que ha llegado la hora de sumergirse, de tomar un baño con sus adoradas amigas, de convertirse en una de ellas. Perfecta fisiología, que hace inmune al calor, y también al dolor. Perfecta simetría de inigualable belleza. Una belleza transparente, un brillo que sólo ella puede vislumbrar, como en su padre.


En el Café Central, los Patriarcas sortean el futuro e intentan olvidar la incertidumbre a golpes de dominó. Todos se sienten vacíos, desnudos, imberbes, sin ninguno de los privilegios que como Patriarcas se habían ido ganando a base de duros y sacrificados años. Cada ficha doble amplía las posibilidades de juego que les depara el futuro. Sumergidos en la rutina lúdica, tal vez sólo sean capaces de colocar una simple ficha de más. Inmersos en el olvido, siguen chasqueando, una tras otra, las fichas encima de la mesa.

El corazón de Cristina late al unísono de las ondas que se van alisando en la orilla. Ella aún no lo sabe. Son muchos los ruidos que la desconcentran. El viento sopla con demasiada fuerza. El sonido de la arena, crujiendo en su espalda a cada movimiento, es cada vez más elevado. Los aleteos de una gaviota, que presiente cada vez más cerca, los siente como si fuera ella misma quien estuviese volando. Aspira, y el crujir de sus omóplatos contra una duna se confunde con un largo planeo de la gaviota. De repente, es ella quien vuela, con alas invisibles y sonoras, como las reprimendas de su padre. Poco a poco se va alejando de sus gritos, de su represión, de esa falsa devoción generalizada que ella nunca ha sentido, y a medida que se aleja, se va sintiendo más libre y liviana. Piensa que sus propios aleteos son dirigidos por los latidos del corazón que está intentando controlar desde hace horas. Sin embargo, el perfecto ritmo de vuelo por quien en realidad está siendo marcado es por las olas.

La Parroquia está vacía, el Patio de los Naranjos desierto, la sacristía parece haber sido saqueada, las dos únicas imágenes de la Iglesia; un cristo crucificado y su madre, la Dolorosa, llorando a los pies de la cruz; se han quedado inertes, sin vida. Ya no hay lágrimas ni sangre. Por fin ha cesado el dolor que llevaban milenios padeciendo.

Una estatua de sal y piedra puede correr distintas suertes a la orilla del mar. Puede ser arrastrada y deshecha por el paso de los años y de las olas, o puede ser golpeada y destruida en un solo instante por el azar de una piedra impulsada por el viento o el mar, o por el choque de un pájaro en el lugar preciso, en el centro de gravedad de la escultura. Al fin y al cabo, la resistencia de la sal y la arena mezcladas, no está destinada a ser eterna. Condolencia imagina que una corriente fortuita del viento desvía el vuelo de la gaviota, que tiene a pocos metros de su cabeza, obligándola a abalanzarse en pleno centro de su cráneo y desparramando sus minúsculos pedazos por la orilla. De esta forma, Condolencia, está sintiendo por primera vez el desamparo de lo voluble y de lo efímero de su existencia, fantaseando sobre las diferentes formas de acabar con ella. Intenta recordar los argumentos de su adorable padre, amante y mapa, sobre la importancia de dejar huella en esta vida a base de buenas obras y contención, devoción y misericordia, con el fin de hacer que ésta sea eterna. Pero la inmortalidad se confunde con sus fantasías, y el calor abrasador le hace sentir en un instante un terrible presagio, noticia que no se atrevería ni a soñar dormida.

La mercería está cerrada por defunción, según anuncia un cartel en la entrada garabateado a mano. El panadero ni se ha molestado en poner cartel alguno, invadido por la pereza de acercarse a algún vecino que supiese escribir, pero tampoco ha abierto sus puertas. Tal como la Señora María ha hecho con las suyas, por lo que el colmado también está cerrado. El Comercio se halla desatendido, pero como las necesidades de los aldeanos también se encuentran en un extraño letargo, el equilibrio del lugar sigue existiendo. Aunque ninguno de sus habitantes se atreva de momento a creerlo.

* * *

Las corrientes de agua fría trepan por las piernas de Castidad, las de agua caliente acarician sus pezones. Sólo sus muslos están protegidos por las algas que se van aferrando cada vez más fuerte exprimiendo su entrepierna, en la que empieza a mezclarse agua de todas las temperaturas. Al mirar hacia abajo, no puede ver el placer. Sus piernas parecen haber desaparecido, a partir del ombligo, largas algas de textura suave que parecen salir de su propia cintura, luchan contra las olas con movimientos coreográficos. Castidad tampoco puede ver la luz en ella que desprenden las medusas, pero intuye que las convulsiones, estremecimientos y el éxtasis que está experimentando, y que jamás podría llegar a reconocer como un simple orgasmo, son espejismos del brillo que lleva buscando hace tiempo. Sus pechos endurecidos por el frío y el placer parecen apuntar hacia el fondo del mar. Si su padre supiese lo que está sintiendo… Educada en la obediencia y el autocontrol, nunca hubiese aprobado la expansión e inmoralidad de ese momento. Su calor se va calmando a medida que el pecado avanza. Las voces represoras siguen sonando en su interior, pero le parece que utilizan el pasado y subjuntivo, no el desagradable imperativo al que está tan acostumbrada.

En la casa de la viuda de Don Dionisio no hay nadie. Las plañideras no entienden nada, sus lágrimas ya sólo son de confusión. Únicamente una de ellas empieza a reírse asegurando haberlo entendido todo. La oveja descarriada arranca sus negras vestiduras en una constante carcajada, ante la sorprendida mirada de sus compañeras. Ella ya no se siente perdida. Desprenderse del negro muerte la libera, reírse la llena de inmensa sabiduría. Desnuda, ya no recuerda haber conocido a Don Dionisio. Intenta recordar, y siente la convicción de que nunca ha existido. Junto a la puerta de la cocina, el resto e las plañideras llora al féretro inexistente. Ya no hay motivo para seguir llorando. La muerte de Don Dionisio ya es tan solo una burda excusa. Miran a su compañera y no entienden porque sintiéndose más desnudas que ella no logran desprenderse del peso del luto.

El corazón de Cristina hierve como el Sol y late con el Mar. No lo sabe aún, pero ahora es su propio corazón quien controla el ritmo de las olas y la intensidad del día. Absorta en su vuelo, el odio la hace libre. La muerte de su padre, que para ella nunca ha existido, y de la que por fin es consciente, le ha dado las alas que siempre había deseado, y que sin saberlo siempre había llevado en la espalda.

Una gaviota entra por una de las ventanas laterales del Ayuntamiento. Con sus gritos pretende despertar a la mayoría, pero ésta, está sumida en un oscuro desconcierto que le impide oír sonidos a los que no está acostumbrada y escuchar noticias que no le gustan. Don Dionisio ha muerto, y aunque la gaviota se desgañite para hacerles entender que en realidad nunca ha existido, no todos están dispuestos a prestarle su atención. Y los que sí lo estarían, ya han abandonado hace rato el pueblo.


Condolencia aguanta la respiración. Únicamente una estatua de pacotilla seguiría respirando. La belleza de la inmovilidad haría feliz a su padre, confesor y amigo. Roza la perfección moral a la que siempre ha aspirado. Cuando el oxígeno deja de llegar a las puntas de sus dedos, fija su mirada en sus uñas. Está a punto de convertirse en figura de mármol.


La partida de dominó se alarga más de la cuenta en el Café Central. Por un extraño motivo, las fichas no se acaban nunca. Los Patriarcas ya no se sienten perdidos, aunque lo estén más que nunca en una partida que promete alargarse hasta el fin de los tiempos. Ninguno de ellos escucha ni ve a la gaviota que lleva varios minutos rompiendo tazas de café y coñas de coñac en el interior del bar, ni lo hará jamás. Son demasiados años de sordera y ceguera, si se curasen sus afecciones sólo podría ser debido a un acto de brujería. Y nada más lejos de lo deseado.


Castidad avanza hacia el fondo siguiendo el rumbo que marcan sus pezones. Cuando sumerge la cabeza, el cambio de temperatura es casi tan agradable como el roce de los tentáculos en su clítoris. Como su padre jamás aprobaría semejante actitud, es consciente de que no puede volver a sacar la cabeza del agua. Lo último que pretende es decepcionarlo, aunque ya no esté vivo, tal como le parece escuchar entre los cuchicheos de las algas marinas. Castidad siente un brillo en sus pulmones, sonríe mientras avanza hacia el horizonte acuático.


La madera que sujeta las muñecas del Cristo crucificado se desvanecen transformándose en plumas. La redención se la ha dado el renegar de su padre y del dolor. La figura de la virgen se rompe en mil pedazos. Ya no tiene por quién llorar, y la duda sobre su propia virginidad ha desaparecido. No se siente orgullosa de representar el misterio de una Iglesia que ya está vacía. No tiene porque seguir mintiéndose a ella misma.

Cristina sobrevuela el pueblo, a su izquierda una gaviota, a su derecha una figura cerámica y medio en cueros alada que reconoce como la figura de la Iglesia de su padre.


El Panadero ha desaparecido, nadie sabe nada de los Sánchez que atendían la mercería. La Señora María ya no está en el Colmado, ni en la Iglesia, ni en el cementerio cambiando las flores de su difunto esposo. De hecho ninguna de sus tumbas tiene ya ramos adornándolas. Todas se encuentran con la tierra removida, vacías, y ya nadie llora a sus muertos.


Condolencia lo ha conseguido, en sus venas se ha paralizado toda su sangre, el oxígeno no circula, su mirada vacía es de Satisfacción.

* * *

Las calles del Pueblo están vacías. Los pocos que quedan no salen de sus casas. Las rejas de su prisión eran tan altas que ni con la muerte del Alcalde podrán sentirse libres.

Castidad, muerta, está más bella que nunca. Por fin se ha convertido en una medusa brillante. Se dio cuenta al cerrar los ojos y verse rodeada por esos maravillosos seres. No sabe que no habría decepcionado a su padre también muerto, y también ignora que no volverá a verlo. Las medusas la quieren para ellas solas.

Cristina, libre, sigue volando. Se despide de sus nuevos amigos que seguirán intentando salvar las almas de los pocos creyentes que quedan. Su misión nunca fue esa. Ahora que ha conseguido sincronizar sus latidos con las olas del mar, piensa disfrutarlo en un vuelo infinito sobre los interminables acantilados.

Condolencia se despedaza como la figura de la virgen y se une a su hermana marina. Tampoco será nunca consciente de que su padre nunca se sintió ni se sentiría orgulloso de ella.